Real Sociedad

Zurutuza, el último giro de la llave

David Zurutuza firma un autógrafo en un balón en el entrenamiento que la Real efectuó en Mutriku./Lobo Altuna
David Zurutuza firma un autógrafo en un balón en el entrenamiento que la Real efectuó en Mutriku. / Lobo Altuna

Tras una década de éxitos deportivos, económicos y sociales, la Real Sociedad está inmersa en una complicada transición que pilota Roberto Olabe | El club busca la fórmula para volver a tener éxitos tras los cambios de entrenador, director deportivo, estilos de juego y salidas en bloque de varias de sus figuras

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Cuando apenas se cumple un año de las salidas de Eusebio y Loren, la transición sigue abierta. Y no hay señales de un cierre a la vista. La Real Sociedad continúa inmersa en una operación de cambio de enormes proporciones y gran dificultad, un momento sensible en el que una decisión potencialmente menor, como la continuidad o no de David Zurutuza, de 32 años, puede convertirse en el gesto que mejor atrape el signo de los tiempos. Por la personalidad del protagonista, libre de ataduras, y por su trayectoria: es el jugador con más recorrido de la plantilla y el único héroe del ascenso. Un adiós del pelirrojo sería el último giro de la llave que pone fin a un ciclo, feliz, que ha atravesado toda la segunda década del siglo XXI.

Todos los expertos en el universo Zuru coinciden en que decidirá en función de lo que sienta, aunque no hay acuerdo sobre qué puede significar esto. Si depende de que sea titular, de que vea que el equipo pueda ganar o de si le apetece descubrir otros mundos. Aunque su fútbol no va a mejor y parece detectársele una ligera querencia a buscar espacios más cómodos, no cabe duda de que una Real sin Zurutuza necesitaría explorar nuevos caminos.

Porque nunca ha sido el líder del equipo, pero sí su toque expresionista, el jugador que todas las figuras han querido siempre cerca porque disolvía la tensión de cualquier batalla, por agónica que fuera, con una media sonrisa. Capaz de dejar caer que no recordaba contra quién era el próximo partido, aunque fuera el Barcelona de Messi, los compañeros no sabían si creerle o no pero estaban seguros que se podía salir a jugar contra cualquiera con un tipo así en el equipo.

Zurutuza probablemente nunca ha sido una de las tres primeras figuras de la plantilla, pero su ascendencia ha sido grande. Como si ese punto de ligereza revoltosa le hubiera mantenido apartado de las luchas de poder que siempre se dan en la alta competición. Hoy es el símbolo de la estabilidad en la Real, con el mismo rango que Aperribay. Los dos empezaron esto y siguen.

Más exigencia

Todo lo demás es nuevo, hasta el estadio. El sentimiento de que este es un momento de transición está justificado. Todos los mejores jugadores del equipo han abandonado el club en fechas recientes. Griezmann, Vela, Prieto, Iñigo Martínez, Agirretxe. Illarramendi se fue y volvió. Nadie se recupera de una sacudida así con facilidad. En este tiempo, ha cambiado también la percepción que sobre sí mismo tiene el club.

Es más exigente. La institución persigue, nada menos, completar una transición hacia la tercera Real de éxito del nuevo milenio, tras las de Denoueix y Montanier (esta extendida hasta Eusebio, con todos sus matices). Y en esa tarea, Aperribay se ha puesto en manos de Olabe.

Del ascenso, quedan el pelirrojo y Aperribay, el resto es nuevo, incluido el estadio

Tras Garitano, Olabe volvió a los cuarteles de invierno con Imanol, que salvó la temporada

Como se esperaba, el director de fútbol entró al choque. Cambió de entrenador, de director deportivo y de estilos de juego. Al prescindir el mismo día de Eusebio y Loren eliminó todas las barreras de contención antes de su despacho y quedó expuesto, algo que nunca rechazó, ni en su anterior época ni ahora. El fichaje de Asier Garitano no cuajó. No podía hacerlo si la confianza en los tres lados del triángulo, entrenador, director de fútbol, presidente, no era total. No lo fue. Si Olabe no tuvo las manos libres al cien para cerrar el cuerpo técnico que había imaginado, Garitano tampoco vio que sus peticiones de mercado se vieran satisfechas sin condiciones. La ruptura era cuestión de tiempo, y todo sin que la grada moviera un dedo por reclamarla. En un entorno altamente competitivo como la Primera División, Olabe decidió volver a los cuarteles de invierno para protegerse con Imanol, que salvó la temporada.

Relevo iniciado

Pero llegados a este punto se necesita algo más. El club aspira a construir un proyecto nuevo. El frenazo en las aspiraciones deportivas a corto plazo sufrido las últimas semanas, con la temporada ya casi vencida cuando aún es marzo, provoca que la grada reclame a los despachos de Zubieta y Anoeta que se empiece a pensar en clave de próxima temporada. Pero el nuevo proyecto no empieza ahora. Quizá, el acto fundacional se produjo hace unos meses, aunque aquel día pareció más un episodio continuista que una ruptura. Fue cuando Xabi Prieto entregó el brazalete a Illarramendi y el dorsal 10 a Oyarzabal. Gesto de reafirmación del orgullo realista por la importancia de los protagonistas y también expresión de las dificultades que presenta la transición: dos internacionales para cubrir el vacío del viejo capitán.

Prieto cede la capitanía a Illarramendi, el 13 de mayo pasado.
Prieto cede la capitanía a Illarramendi, el 13 de mayo pasado. / RS

Dadas las circunstancias del último año y medio, cambios de entrenadores y director deportivo, estilos de juego de ida y vuelta, salida de figuras en bloque... la situación deportiva de la Real resulta lógica. Incluso da pie al optimismo, ya que con todo eso el equipo ha peleado durante varios meses por meterse en la disputa europea. Y parece confirmar su salto en el escalafón de la Liga: en los años con dificultades ahora se mantiene en la primera mitad de la tabla.

Un año es un tiempo escaso para medir un proyecto de las dimensiones de la transición que acomete la Real, pero el fútbol es un sector peculiar. No hay medio plazo porque cada primavera se produce un examen implacable e inaplazable, que hay que aprobar. Olabe es perfectamente consciente de cómo funciona esa espada de Damocles.

Por eso, a la espera de la decisión de Zurutuza sobre si prolongar su magisterio o colgar la toga, el director de fútbol sabe que todo su proyecto se sustentará sobre los hombros de Illarramendi y Oyarzabal, los dos referentes naturales. También Januzaj tendría condiciones de líder si tuviera voluntad de ejercerlas en una carrera larga en la Real. Tiene el brillo para hacerlo, puede jugar mejor y goza de la adhesión de la grada. No cabe esperar, en cambio, que Willian José se convierta en un líder carismático. Sí que sea un goleador aplastante.

Más profundidad

Si algo ha demostrado la temporada es que la Real Sociedad ha construido un once titular importante, pero le ha faltado profundidad en el banquillo. La segunda vuelta, que siempre es cruel, ha hecho su trabajo una vez más. Cuando faltan los titulares, el nivel se resiente. Corregir eso, sin embargo, resultará muy caro.

De forma casi imperceptible, la posición económica de la Real Sociedad en la Liga ha empezado a sufrir. Acomodada en una sensación de gran fortaleza basada en la aprobación entusiasta de presupuesto tras presupuesto, los hechos están avisando de que ese poderío es relativo. Los ingresos por derechos de televisión son gigantes, pero la compra y venta de jugadores se ha convertido en un ejercicio estructural, con las oportunidades y riesgos que conlleva. La Real ha tenido que ir vendiendo jugadores a los grandes equipos de forma casi sistemática, el último Odriozola, y aunque resiste a sus competidores en esa liga de clásicos por Europa que considera la suya, no tiene su misma capacidad para formar plantillas completas. Los suplentes del Sevilla y del Valencia son de mayor rango y, en consecuencia, más caros.

La nueva etapa arrancó cuando Prieto cedió el brazalete a Illarramendi y el 10 a Oyarzabal

Pese a la aparente gran fortaleza económica, ese poderío es relativo frente a sus rivales

Contra eso, la mejor respuesta es la de siempre en la Real: Zubieta. Una ventaja competitiva de valor gigantesco, como se ha visto esta temporada con ocho debutantes. Unos triunfaran y otros no, pero todos juegan bien. No le conviene a la Real apartarse de ese camino, y no hay indicios de que Olabe piense en nada por el estilo. Necesitará, eso sí, acertar con las incorporaciones.

La Real ya ha fichado a Sagnan, una operación con buen perfil. Theo y Sandro desfilarán tras cesiones que no dejarán más huella que unas líneas en el cuaderno del gerente. Moreno ha comprado casa en Miami. Hay mucho trabajo por hacer. No se suponen tensiones entre Imanol y Olabe en verano por este asunto.

Las decisiones que tomen los futbolistas de la actual plantilla permitirán adivinar mejor el color del futuro. Los profesionales tienen ojo clínico para detectar problemas y oportunidades. Si muchos se quedan, habrá motivos para el optimismo. Si empieza el desfile, es que no lo ven muy claro. Se analizará cada movimiento al microscopio. En esa clase de juicios, los jugadores suelen ser muy precisos. Llorente, Willian, Januzaj… y por supuesto Zurutuza, cuya decisión será estudiada como si fueran las tablas de la ley.