Lo que el viento se llevó

Jon Trueba
JON TRUEBA

Cómo es el fútbol. Qué gratificante es cuando se gana (más si es en el Bernabéu). Y más todavía con un penalti a favor y con un penalti en contra no pitado, algo inaudito por aquellos pagos, acostumbrados como están temporada tras temporada a decisiones parciales, a arbitrajes favorables, de ahí el maremoto mediático que han montado los medios matritenses contra el VAR (de qué se podrán quejar el Madrid y el Barça).

Cómo es el fútbol, decía. Y es que la Real llegaba al Bernabéu después de cuatro derrotas seguidas. Tras la destitución del técnico. Después de dos semanas turbulentas. De dimes y diretes. De malos presagios (por el escenario, ya que la Real solamente había conseguido un punto de 45 en las últimas quince visitas a Madrid).

Camino al garaje del FNAC, antes de dirigirme a la redacción, me encontré en el ascensor con un antiguo guardameta realista. «Hoy, nada que hacer», me dijo. Ya en la redacción, más de lo mismo: comentarios pesimistas de mis compañeros (solamente Imanol, rostro de Teledonosti, se aventuró a pronosticar un empate). El resto hablaba de derrota y alguno temía una goleada. Incluso durante el partido y con el 0-1 no las tenían (teníamos) todas consigo en la sección de deportes porque los partidos del Bernabéu son 'molto longos' y cualquier cosa puede pasar.

Luis Llopis siempre ha confiado en Rulli, cuya cotización ha subido varios millones

Y contaré un 'secreto'. El Consejo temía que el lunes 14 de enero, fecha en la que se recibe al Espanyol, la Real pudiera estar en puestos de descenso a expensas de los resultados de Athletic, Leganés y Villarreal, ya que daban el partido del Bernabéu por amortizado (lo que ayudó a la destitución del entrenador). Pero el fútbol es grande por lo que pasó después. La Real necesitaba una victoria y la consiguió en el campo donde más se le había negado. Necesitaba un soplo de aire y lo tuvo en el momento más delicado. La Real ganó y el alborozo ha sido total.

Así que hoy es un día para hablar de Rulli, quien tras la actuación del Bernabéu, con no menos de seis intervenciones decisivas, vale varios millones más (ah!, Luis Llopis, el preparador de porteros de la Real, siempre había confiado en él). Hoy es un día para hablar de Aritz Elustondo porque sigue siendo el talismán de Imanol. Hoy es un día para hablar de Aihen Muñoz, a quien los focos del Bernabéu no le asustaron. Hoy es un día para hablar de un Illarramendi ya más activo en el esquema de Imanol. Hoy es un día para hablar del segundo tiempo de Zurutuza. Y es un día para destacar con nota a Merino que hizo honor, por fin, a la fama de la que venía precedido (recibí un mensaje elogioso de quien fue técnico suyo en Osasuna). Es un día para hablar del gol de Rubén Pardo que nos dio la tranquilidad, pero sobre todo es un día para hablar de Imanol.

Creo que conocen la historia del león que se acercó hasta un lago a calmar su sed. Cuando se dispuso a beber en sus aguas vio su rostro reflejado en ellas y creyó que otro león le miraba con ferocidad. Así que pensó: cualquiera bebe aquí y atemorizado se marchó del lago. Pero la sed iba en aumento y volvió a intentarlo, aunque al ir a beber otra vez se encontró con la imagen del león observándole. Asustado, se fue corriendo. Finalmente era tanta la sed que decidió beber agua del lago sucediera lo que sucediera. Así que se acercó a la orilla, se puso a beber y el león ficticio desapareció. El mensaje del cuento es claro: no hay peores miedos que los imaginarios. Así que quiero destacar que en contra de la escasa fe que tenían la mayoría de realistas en este partido (yo el primero), Imanol les hizo creer a sus jugadores que era posible ganar. Y ganó.

Tiene mérito Imanol porque la Real corría grave peligro. Así que gora Orio! Porque la victoria es una bendición, porque después del 0-2 del Bernabeu se ve la Liga de otra manera. ¿O no?