La vida en un cuarto de hora

Europa estuvo más cerca que nunca entre el gol de Ben Yedder y el de Rosales, pero la Real no supo acertar a la hora de la verdad

Imanol Troyano
IMANOL TROYANO

La Real lo tuvo en sus manos. Treinta y siete jornadas después, tras demasiados partidos insustanciales y tantos sinsabores, con destitución de entrenador y cambio de estilo de juego incluido, la Real consiguió terminar de manera digna una temporada en la que ha sufrido demasiados contratiempos. No parecía tarea sencilla despedir el curso de forma honrosa tras un mes de marzo fatídico y un abril irregular, pero los hombres de Imanol saltaron ayer al RCDE Stadium con opciones reales de clasificarse para Europa, que no es poca cosa.

Los donostiarras rozaron con los dedos la Europa League durante quince minutos. Los que transcurrieron entre el gol de Ben Yedder al Athletic en el Sánchez Pizjuán y el de Rosales en Cornellá. En ese periodo de tiempo la Real tuvo en las botas de su delantero titular el gol que le hubiera colocado por momentos en la séptima plaza de la clasificación. El éxito o el fracaso de una temporada pudo medirse en el disparo mordido de Willian José que atrapó sin problemas Diego López en el minuto 49 del encuentro.

Los realistas salieron mejor que el Espanyol en la segunda mitad, pero no fue suficiente. A veces, la vida en el fútbol dura tan solo un cuarto hora. Lo que tardó el lateral derecho del equipo contrario en transformar un disparo disuasorio en gol.

La Real no fue peor que el Espanyol, pero nunca dio con la tecla que desarmara la zaga formada por dos colosos como Naldo y Mario Hermoso. Rubi supo ver a tiempo que su talentoso centro del campo con Melendo, Marc Roca y Darder era inferior al donostiarra y optó por construir ataques rápidos tras recuperaciones en campo propio. De una carencia fabricó un triunfo. Así, Wu Lei y Borja Iglesias fueron un incordio constante para los defensores realistas. Bien podían caer en apoyo o trazar desmarques de ruptura. Además, el Espanyol vivió cómodo conteniendo los ataques posicionales de una Real impotente cada vez que pisaba el área perica.

A veces no se triunfa ni se fracasa, tan solo se sobrevive sin recurrir a grandes dosis de épica ni gloria. Sirva esta temporada para reflexionar y edificar un equipo equilibrado, y para apostar firmemente por un estilo de juego que favorezca a los futbolistas. Sin perder nunca de vista su máximo motivo de satisfacción: Zubieta.

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