¿Última bala?

Borja Olazabal
BORJA OLAZABAL

El mundo del fútbol está secuestrado por lo magnánimo, la exageración, la hipérbole. Casi todos entramos en ese juego, así que nos dejaremos llevar. Sea verdad o mentira, lo cierto es que la Real parecía estar al borde del abismo hace solo unas semanas. ¡Se despidió hasta a un entrenador al que se le había firmado por tres años cuando no había terminado la primera vuelta! Este mundo del fútbol, el de la velocidad de la luz, de locos.

Si mantenemos el ritmo, y teniendo en cuenta lo que tiene por delante el conjunto donostiarra en los próximos días, ¿deberíamos decir que los realistas están ante su última oportunidad para intentar brindar una temporada digna a sus aficionados? Quizás, poner esto sobre la mesa sea demasiado. ¿Qué pasa si se le gana mañana al Espanyol? Poco. ¿Y si se pierde? Más de lo mismo. Una alegría más o un disgusto más. Por delante, otras diecinueve jornadas de campeonato en el que la vida puede dar mil vueltas.

Quizás no seamos conscientes de lo que significa hablar de últimas oportunidades. Del todo o la nada. De la vida o la muerte. Quizás, los tres puntos que ganaste el otro día con un gran hazaña en el Bernabéu sirvan como trampolín hacia los puestos europeos. Quizás la Real nos regalé otra noche gélida en Anoeta y lo sucedido en el paseo de la Castellana no haya sido más que un bonito sueño con repentino despertar.

Escribiendo estas líneas me pasa por la cabeza lo que de verdad es una última oportunidad. Hace unos meses cayó en mis manos (no por casualidad, si no por la insistencia de la mejor librera que conozco), un libro del escritor rumano Mircea Cartarescu, El Ruletista.

Cuenta la historia de un hombre que se ganaba la vida jugando a la ruleta rusa en lúgubres garitos. Ahí sí que estaba la vida o la muerte. Ahí sí que se la jugaba. Su vida consistía en apretar el gatillo y llenarse el bolsillo con unas cuentas monedas o morir en el intento.

Esa bala que se colocaba en el tambor de la pistola y se hacía girar. Un silencio irrespirable. Un 'clic'. La vida o...

La Real no se la juega mañana contra el Espanyol. La Real no es el ruletista de Cartarescu. Pero la Real sí es un equipo que necesita los tres puntos que se van a poner en juego.

Los necesita porque el cambio de entrenador se tiene que seguir notando. Porque la afición sigue necesitando alegrías que llevarse a la boca. Porque un triunfo permitiría a los guipuzcoanos acercarse a la zona noble de la clasificación. Porque un triunfo permitiría volver a soñar.

Y como esto no puede ser cosa de un solo día, hay que tomar la semana como un único juego. Lo que vale es ganar y ganar. Porque el jueves vuelve la Copa a Anoeta tras el 0-0 de la ida ante el Betis y sí, hay que ganar. Hay que eliminar a los béticos y estar en el sorteo de la próxima ronda.

Así es como se le presenta esta semana a la Real. Vamos a seguir montados en la hipérbole. La Real no nos puede fallar. Imanol tiene que seguir celebrando victorias con tremendos golpes en el pecho a sus jugadores. No es el ruletista, pero es para la Real ¿la última bala?