Análisis

Lo que mal empieza, mal acaba

La Real, a pesar de haber acabado su temporada, se ejercitó este lunes en Zubieta. /Morquecho
La Real, a pesar de haber acabado su temporada, se ejercitó este lunes en Zubieta. / Morquecho

La plantilla de la Real Sociedad nunca asimiló la propuesta de Garitano y cuando levantó el vuelo con Imanol acusó mucho las lesiones de Zurutuza, Illarramendi y Januzaj

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

La temporada de la Real Sociedad no ha respondido a las expectativas generadas. Quizás no tanto clasificatorias, porque ha peleado hasta el final por ir a Europa y ha quedado novena, sino por lo referido a una estabilidad en el juego y en los resultados que ha tenido especial incidencia en el flojo rendimiento en Anoeta. La irregularidad mostrada en el ejercicio queda confirmada por la necesidad de cambiar de entrenador en el parón navideño y por las escasas prestaciones ofrecidas por dos de las tres incorporaciones del pasado verano. Pero hagamos un repaso cronológico de lo acontecido en estos diez últimos meses para tener una idea más aproximada de lo que ha sucedido.

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Malas decisiones en verano. La Real arrancó la temporada con el hándicap de haber errado en el perfil del entrenador que necesitaba. Venía de encajar muchos goles con Eusebio y el club pensó que necesitaba dar un golpe de timón en su estilo de juego para ser más competitiva desde el rigor defensivo. Que si cerraba mejor su portería acabaría por imponer la pegada que se le presuponía arriba para estar cerca de Europa. Pero se olvidó del fútbol, al que ha dado la espalda bastante más de lo deseado en esta Liga. Sobran los dedos de una mano para contar los buenos partidos que ha jugado en las 38 jornadas.

En la confección de la plantilla tenía un reto muy complicado por el relevo generacional que debía acometer. En el mercado de invierno de 2018 habían salido Iñigo y Vela y unos meses más tarde se despidieron también Xabi Prieto, Agirretxe, Carlos Martínez, Canales y Odriozola, estos dos últimos fichados por el Betis y el Real Madrid. Del equipo de Eusebio que en 2017 había quedado sexto había desaparecido la mitad del once titular en un año.

El club fichó a Mikel Merino, un gran proyecto de futbolista por el que abonó 12 millones de euros al Newcastle, recuperó del Leganés a Zaldua y subió del Sanse a Sangalli y Merquelanz. Le faltaba por encontrar en el mercado un lateral izquierdo que cubriese el vacío que aún se arrastraba tras el traspaso de Yuri en 2017 y un delantero diferente que complementara los perfiles de los atacantes que ya había y que aportarse algo de velocidad en los últimos metros. Theo (Real Madrid) y Sandro (Everton) fueron los elegidos. Dos cesiones que conllevaron una fuerte apuesta económica por sus generosas fichas pero que han defraudado por completo, hasta el punto de que han terminado relegados al ostracismo por dos chavales del Sanse como Aihen y Barrenetxea.

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Arranque dubitativo. Los amistosos de verano ya dejaron entrever que la adaptación entre la nueva propuesta de Garitano y la plantilla requería tiempo. Ni el juego ni los resultados fueron buenos, aunque en pretemporada importa más la preparación que lo competitivo. La derrota ante el Zaragoza en Tafalla levantó ampollas y varios de los pesos pesados del vestuario trasladaron al míster las dudas que tenían sobre el nuevo estilo de juego.

La Real arrancó bien la Liga en lo cuantitativo, sumando cuatro puntos en las tres primeras jornadas, que tuvo que disputar fuera por las obras en Anoeta. Un triunfo en Villarreal y un empate en Leganés le dieron aire, aunque el juego dejó bastante que desear. Ese déficit en la fase ofensiva condenaría al cuadro txuri-urdin en casa, donde la necesidad de llevar la iniciativa y exponer siempre es mayor que fuera. Hasta navidades solo pudo ganar un partido de ocho, al Celta en noviembre, y eso fue un lastre demasiado pesado para asomarse a la primera mitad de la tabla.

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El espejismo de Levante. El 9 de noviembre Garitano superó su primer momento crítico. En la visita al Levante la Real firmó una primera hora bastante mala en la que el equipo local no solo se adelantó en el marcador, sino que pudo ampliar su ventaja en varios goles. Todo parecía perdido pero la salida de Zurutuza desde el banquillo y los cambios de posición de varios jugadores obraron la remontada (1-3) en la mejor ráfaga de fútbol con el técnico de Bergara.

A partir de ahí apostó por jugar con Illarramendi y Zurutuza en la sala de máquinas, Oyarzabal de enganche, Januzaj por la derecha, y Juanmi y Willian José arriba, con el brasileño algo escorado a la izquierda. Una intención más ofensiva a la que faltó acompañar de contenido táctico en el juego. La Real enlazó una segunda victoria ante el Celta y llegó a ser octava a finales de noviembre, pero cuatro derrotas en diciembre ante el Betis (1-0), Valladolid (1-2), Getafe (1-0) y Alavés (0-1) le costaron el cargo al técnico en navidades.

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Imanol reflota la nave. El club echó mano de Imanol, como un año antes, para enderezar el rumbo. Por cuarta vez en cinco temporadas había recurrido a un relevo en el banquillo con la competición en marcha, lo que nunca es buena señal. El oriotarra dio un paso adelante con todas las consecuencias y no pudo estrenarse de mejor manera, ya que logró un histórico triunfo en el Bernabéu después de quince años sin ganar allí. De repente, aquel equipo triste y alicaído que había cerrado 2018, sufría una profunda transformación y demostraba que no se le había olvidado jugar a fútbol.

La recuperación con Imanol se apoyó en dos puntos: una mejoría con balón que dio más fluidez al ataque y la recuperación de un once tipo que tuviera cierta continuidad. Illarramendi, Zurutuza, Zubeldia y Merino se repartían tres de las cuatro posiciones del centro del campo y arriba empezó a funcionar el tridente formado por Januzaj, Willian José y Oyarzabal. En la portería también fue importante el resurgir de un Rulli que ha firmado una brillante segunda vuelta.

En ocho jornadas la Real logró cuatro victorias y cuatro empates que le permitieron avanzar ocho puestos en la clasificación y cerrar febrero en la séptima plaza a tres puntos de la Champions. Los resultados y el juego acompañaban, porque además del triunfo en el Bernabéu, había ganado en Anoeta a Espanyol, Athletic y Leganés, superando ese estancamiento que venía viviendo en casa, y era competitiva fuera, donde no perdía y era capaz de puntuar en campos difíciles como Mestalla.

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Las lesiones, un pesado lastre. Quedaban 13 jornadas –el último tercio liguero– y la temporada llevaba camino de corregirse. Pero aparecieron las lesiones y se cortó la buena racha. Illarramendi se rompió el aductor en Mestalla y ha estado fuera de combate tres meses. Zurutuza, con una lesión en el muslo derecho, no ha jugado desde el 15 de marzo. Januzaj se lesionó primero en el tobillo y luego en la rodilla, con lo que solo ha sido titular en dos de las últimas trece jornadas. Tres piezas que habían sido claves en la reacción blanquiazul y cuya ausencia se dejó sentir demasiado.

Además, otros hombres como Zaldua, Llorente, Zubeldia y Sangalli también tuvieron que visitar la enfermería, condicionando un rendimiento colectivo regular. La Real volvió a vivir por cuarto año consecutivo su clásica crisis de marzo, en la que sumó dos puntos en cuatro partidos que pareció alejarle de la pelea por Europa.

En abril no mejoraron mucho las cosas, porque el triunfo contra el Betis no tuvo continuidad. Dos derrotas fuera en Balaídos y Camp Nou, en las que la imagen no fue mala, y cinco puntos que volaron en casa contra Eibar y Villarreal hicieron pensar en la necesidad incluso de luchar por la permanencia. Fue el peor momento de Imanol, quien tuvo la habilidad entonces de hacer de la necesidad virtud.

No le tembló el pulso para dar la alternativa en el once a Aihen y Barrenetxea, quienes insuflaron el aire fresco suficiente para enlazar tres victorias por primera vez en la temporada y llegar con opciones europeas hasta la última jornada. A pesar del compromiso y la ilusión de un grupo que nunca perdió la fe en sí mismo, ganar en Cornellá fue imposible. Y es que lo mal empieza es muy difícil que tenga un final feliz.

La charla entre el míster y el pilar del futuro proyecto

A la hora de diseñar el entrenamiento de ayer, Imanol Alguacil puso especial hincapié en las palabras. También hubo de todo lo demás. Un circuito de juegos de habilidad atractivo de ver y partidos de seis contra seis, igualmente vistosos. Pero más que lo físico o lo técnico, el técnico primó ayer lo comunicativo. Mantuvo conversaciones individuales con jugadores como Rulli, Llorente y Sandro, más un discurso general antes de enviar a los futbolistas al vestuario.

A todos menos a uno. El míster se quedó solo en el Z7 con Asier Illaramendi. ¿Con quién si no? Entrenador y capitán se sentaron en uno de los carros que portan el material de trabajo y, en la intimidad, mantuvieron una conversación de quince minutos sin levantarse de su improvisado aposento, a lo que siguió el paseíllo hasta el vestuario.

El cabeza visible del cuerpo técnico y el estandarte del vestuario tuvieron la paz y el tiempo suficiente como para intercambiar pareceres sobre una temporada difícil para los dos y, sobre todo, para conjurarse para un nuevo ciclo en el que ambos están llamados a liderar la plantilla.

La simbólica estampa marca el primer y más importante gesto de la Real Sociedad en este periodo de planificación de la nueva temporada. Para Imanol, Asier Illarramendi constituye el pilar del nuevo proyecto. La mejor versión del mutrikuarra contribuye de manera decisiva al buen rendimiento del grupo. Lo contrario merma la capacidad del equipo. Para muestra, el botón de esta temporada.

El capitán no se sintió cómodo con el molde de juego de Asier Garitano, a lo que se añade que vio dos partidos seguidos –Huesca fuera y Rayo Vallecano en casa– desde el banquillo. Algo no cuadraba.

Los Reyes Magos e Imanol Alguacil trajeron el mejor regalo posible a la Real el 6 de enero. Illarramendi fue en el Bernabéu quien toda la familia txuri-urdin quería que fuera y dio un recital para liderar el 0-2 al Madrid. El tándem entre técnico y capitán dio resultado cinco partidos más (dos victorias y tres empates) hasta la lesión de Mestalla. Allí se acabó.

Ayer ambos corrieron un tupido velo. Miraron hacia atrás, pero sobre todo hacia adelante. Tocan vacaciones. Toca nuevo proyecto. Toca ser el pilar.