Take Kubo y Mikel Merino, durante el partido. / ALTERPHOTOS

La pizarra Una telaraña para crear y destruir

Un rombo formado por Zubimendi, Merino, Méndez y Silva somete al Cádiz, que fue incapaz de detectar al hombre libre en todo momento

Imanol Troyano
IMANOL TROYANO

Una trampa con difícil escapatoria. Imanol diseñó un centro del campo plagado de talento, pero con mucho trabajo también. Ese que es complicado de convencer a los jugadores para que lo lleven a cabo y que consiste en correr sin balón para poder recuperar la posesión lo antes posible. El técnico oriotarra apostó de inició por el rombo mágico, con Zubimendi sujetando como pivote único, Brais Méndez de interior derecho y Merino de izquierdo, y Silva como mediapunta. Llamó la atención que el preparador guipuzcoano apostara también por Kubo, pero no dentro del rombo, sino para compartir la punta de ataque con Isak.

Con estos ingredientes, la Real se adueñó de la pelota nada más empezar el encuentro y el guion del partido giró en torno a sus aciertos y errores frente a un Cádiz que esperaba en un bloque bajo con la intención de activarse a través de balones largos a Lozano y Lucas Pérez, además de alguna tímida cabalgada de Arzamendia por el carril izquierdo. Los realistas eran conscientes de que un mal pase podía provocar un peligroso contraataque. Por eso salieron concienciados para llevar a cabo una intensa presión tras pérdida e incluso parar en falta un posible ataque prometedor del rival con tal de no lamentarlo después.

La acción del gol de Kubo explica a la perfección los mecanismos del mediocampo txuri-urdin. Brais Méndez, que se hartó a robar balones, recuperó la pelota tras una inocente falta de entendimiento entre Chust y José Mari. El balón cayó a parar a los pies de Merino, que enseguida se percató de la presencia de Kubo sin marcador, ya que Luis Hernández se vio obligado a corregir la salida de Chust para tapar la amenaza más cercana, Isak. El resto es historia. A través de un robo y una asistencia genial se construyó la primera victoria de la temporada de la Real.

El Cádiz intentó responder. Lo hizo, pero más con el corazón que con la cabeza, adelantando líneas y buscando un juego más directo que apenas inquietó a los blanquiazules. La Real no se iba a echar atrás y siguió insistiendo en apretar alto para llegar con más facilidad a la portería de Ledesma. Silva, Merino, Zubimendi, el propio Kubo... Los jugadores más talentosos del plantel se sacrificaron en tareas defensivas y protagonizaron cuantiosos robos. Todo era más fácil con el balón en propiedad.

La movilidad de Kubo

Las camisetas amarillas se perdían entre las blanquiazules, incapaces de detectar al hombre libre. Sergio González ya advirtió en la previa del encuentro sobre la gran importancia del tercer hombre en la construcción del juego de la Real. Zubimendi jugó a placer, pero también Silva, inapreciable en todo momento para los jugadores gaditanos ayer en el Nuevo Mirandilla. José Mari y Fali aún tratan de comprender la ubicación del canario durante los ochenta minutos que jugó, ya que bastante tenían con controlar las acometidas de Merino y Brais Méndez.

Dio la sensación de que la Real jugaba con un hombre más, porque siempre había un futbolista liberado vestido de azul y blanco. Además, la movilidad de Kubo para retrasar su posición a zonas intermedias o caer a banda posibilitó más superioridades. Las amenazas de Rico y Aritz en los costados también obligaron al cuadro andaluz a no perder de vista las bandas, mientras naufragaba en el medio.

El dibujo de Imanol se impuso al de Sergio González, que no supo blindar lo suficiente el centro del campo. La telaraña diseñada por el de Orio fue capaz de crear y destruir a la vez. A ver quién es capaz de romperla.