Un sueño hecho realidad

Después de 32 años esperando, la afición de la Realse volvió a emocionar viendo a Sandra Ramajo levantar un trofeo

Un sueño hecho realidad
Lobo Altuna
Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Desde que con 14 años viví el título de Copa en Zaragoza siempre soñé con repetir algo parecido. Pero el tiempo iba pasando y la esperanza se difuminaba. Hace cinco años, cuando la Real alcanzó la semifinal contra el Barcelona pensé que quizás era el momento, pero González González se encargó de frustrar aquel anhelo de forma radical. Ni con Griezmann y Vela liderando la nave iba a ser posible. Tocaba seguir esperando sine die, porque ese deseo de ver a la Real conquistar un título se alargaba demasiado y un servidor perdía la esperanza.

32 años han transcurrido desde entonces, y ahora, cuando menos se esperaba, nos hemos vuelto a emocionar al ver a la Real levantar un trofeo. Nunca pensé que sería Sandra Ramajo la que lo haría, pero eso precisamente lo hace más especial. Quién iba a pensar en 1981 que seríamos campeones cuando un año antes, con todo a favor y contra nueve, morimos en la orilla en aquella tarde del Sánchez Pizjuán con el gol de Bertoni. En toda Gipuzkoa se extendió aquella maldición de monsieur Comet que decía que la Real jamás sería campeona. El tanto de Zamora en Gijón llegó después de una Liga dominada por el Atlético, igual que el segundo título liguero vino a costa de un Barcelona que tenía el campeonato ganado. Pero nunca nos rendimos y esa fe tuvo su recompensa para llegar a convertirnos en el más grande entre los pequeños y el más pequeño club de los grandes. Siempre nadando contra corriente y cuando nadie daba un duro por nosotros.

Anoche en Granada tampoco nos daban como favoritos. Es tal la diferencia del Atlético y del Barcelona respecto al resto que prácticamente éramos un convidado de piedra. La clásica víctima propiciatoria a la que dar una palmadita en la espalda y felicitar por una trayectoria brillante en el torneo. La Copa tenía destinatario: el Atlético. Siete mil aficionados colchoneros se acercaron a Granada para celebrar el acontecimiento. Pero Gonzalo y las suyas llevaban tiempo velando armas en secreto. El domingo pasado jugaron al despiste como hace 32 años hizo Toshack en aquella visita liguera al Calderón en la que cayeron por 5-1 después de alinear a varios juveniles mientras el galés tenía a los titulares afilando el cuchillo. De puertas adentro la confianza era máxima. Igual que la dificultad de alcanzar un hito que solo el paso del tiempo nos ayudará a entender en toda su magnitud.

Cuando Esther adelantó al Atlético en el minuto 13 el guion parecía cumplirse. La Real había recibido un gol demasiado pronto. Pero Kiana Palacios se animó a probar fortuna desde fuera del área. Era el disparo imposible. Pero la fe empujó ese balón al fondo de la red de Lola Gallardo. A partir de ahí cambió la final, porque la Real se engrandeció a la altura de su escudo. Ese que puede presumir de levantar su tercera Copa después de las 1909 y 1987.

La estrategia de Gonzalo resultó perfecta. La Real jugó al repliegue y contragolpe con suma maestría. Un equipo bien asentado atrás y con dinamita para transiciones ofensiva rápidas y letales. Nerea Eizagirre avisó en un par de ocasiones, hasta que a la hora de juego llegó una jugada que marcará una época. La dejada de cabeza de Leire Baños tras centro de Kiana a Nahikari García fue de libro. La de Urnieta no iba a dejar pasar la oportunidad de hacer historia. No le tembló el pulso para desatar la locura entre los dos millares de seguidores realistas que hicieron temblar Los Cármenes. Ni Agirretxe con su hat-trick se hace cuatro años logró someter Granada de semejante manera. Quedaba media hora de sufrimiento y pasión, pero con Mariasun Quiñones bajo los palos no había motivo para la duda. Si hace 32 años fue otro portero, en aquella ocasión Luis Arconada, el que echó el cerrojo en los penaltis, esta vez su actuación fue decisiva cuando el Atlético se lanzó a por el empate.

Pasará tiempo hasta que este grupo de jugadoras sea consciente de que ha escrito un pedacito de una historia de más de 110 años en txuri-urdin. Mariasun, Nahikari, Kiana, Iraia, Leire, Nuria, Bea Beltrán, Ane, Chini, Marta, Manu, Sara, Nerea, Carla, Paola y compañía ya son leyenda. Han conseguido algo impensable cuando el equipo femenino echó a andar hace 15 años: hacer a la Real campeona. Algo que muchas generaciones llevábamos demasiado tiempo esperando. Un sueño se hizo realidad. Zorionak neskak!