EL SUEÑO DURÓ SOLO 45 MINUTOS

La Real sucumbe ante un Barça al que superó en el primer tiempo, pero el partido se hizo muy largo

Juanma Velasco
JUANMA VELASCO

Fue bonito mientras duró. Pero el fútbol es así de cruel. Y duele cuando la víctima de la escabechina es la Real. Para alguien que no hubiera visto el partido de ayer en Anoeta, la goleada a domicilio del Barcelona le habría parecido un paseo triunfal. Pero no fue así. El equipo de Eusebio superó al de Valverde durante los primeros 45 minutos, en los que le jugó de tú a tú y pudo irse con un 3-0 al descanso. Desgraciadamente, el partido se hizo largo en el segundo tiempo. Y aparecieron los Messi, Suárez y compañía que, sin hacer un gran encuentro, enchufaron cuatro goles.

Al menos, déjenme que me recree en lo que ocurrió en el primer tiempo. En lo que animó y aplaudió el público a su equipo y en lo que apretó cuando había que apretar. Porque en los primeros 45 minutos, el equipo txuri-urdin recordó a la mejor versión del conjunto de Eusebio. Aquella que enamoró en la temporada pasada y que llegó a su máximo esplendor precisamente en aquel partido contra el Barcelona en Anoeta que terminó en empate. Fue una gozada volver a ver jugar a la Real así. Ataque, presión, defensa... Un esfuerzo coral que anuló al Barça.

En esos 45 minutos, Eusebio dio con la tecla. Willian José y Canales se lucieron en ataque. Llorente y Navas cerraban con solvencia atrás y Zurututza y un imperial Illarramendi hacían pequeños a Rakitic y Busquets, sin olvidar que por allí merodeaba un tal Messi a la espera de hacer cualquier genialidad a poco que cualquier realista se relajara.

Willian José sacó el tarro de las esencias para dar una lección de cómo jugar de espaldas, recibir el balón y jugarlo siempre con criterio. En una de esas genialidades, llegó el primer gol en una jugada que él mismo empezó y que terminó con un testarazo a la red, a centro de Xabi Prieto. Luego llegó el segundo, obra de Juanmi, tras un genial pase de Canales, que ayer fue otro de los destacados. Pero el gol de Paulinho al filo del descanso hacía presagiar lo que luego ocurrió.

Tras el descanso, el Barcelona metió una marcha más y la Real, una menos. El golazo de Luis Suárez, a pase de Messi, fue un jarro de agua fría. Todo lo bueno desapareció de un plumazo y la oscuridad se hizo en el ataque de la Real. Para colmo, la lesión de Zurutuza obligaba a cambiar de planes. El segundo tiempo se hizo largo, eterno para la Real, que fue incapaz de inquietar al Barcelona, que logró el 2-3 tras un mal despeje de Rulli y que mató el partido con otro golazo de falta de Messi. No hubo gasolina para más. Sigue sin haber plan B cuando toca cambiar de tercio.

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