Ni sorpasso, ni nada de nada

La actitud y juego de la Real en Vallecas fue incomprensible cuando menos se esperaba. Cuidado.

ÁLVARO VICENTE

Peor que en la segunda parte de Vallecas no se puede hacer, así que la Real solo puede ir a mejor. Desde luego merecíamos algo mucho mejor que un partido tan deprimente y con un significado tan triste como el que ofreció la Real. Su actitud fue directamente incomprensible e inaceptable jugando como jugaba un partido clave. La segunda parte nos encontramos con una Real gaseosa, no sabiendo por dónde le daba el aire, yendo y viniendo por el campo sin ninguna intensidad. Y si la hubo, no se notó porque los nuestros siempre llegaron tarde. Mientras el Rayo tenía el balón y lo jugaba con criterio, la Real se complicó la vida por falta de tensión (de algunos jugadores) y juego. El centro del campo desapareció y la Real se inmoló. Eso que tanto le hemos alabado, la concentración e intensidad, no apareció. Prefiero no escribir de los delanteros. Ya no voy a su falta de gol sino a su desidia. No sé qué piensan Januzaj e Isak. Desenchufados, sin mordiente arriba, la Real fue un equipo vulgar.

La Real ofreció una versión paupérrima en la segunda parte en un día señalado. Un monumento a la nada. Puede que sea para encender de nuevo las alarmas de cara a este sprint final de la Liga porque los empates, sencillamente, son una decepción. Ni qué decir cuando ves que el Sevilla ha empatado, y el Atlético y el Villarreal han perdido sus partidos. Era el día para dar un golpe encima de la mesa después de perder dos puntos ante el Betis y si me apuran los tres ante el Barcelona. Una ocasión pintiparada para amenazarles con el sorpasso.

Tampoco el resto de rivales por Europa están mucho mejor –al Sevilla se le está haciendo eterna la temporada y el Atlético lleva seis partidos oficiales seguidos sin ganar– pero ahora mismo ni consuela. Prefiero mirar hacia arriba, agarrarme al juego que venía ofreciendo la Real y al impulso del regreso de Silva porque como empecemos a mirar por el retrovisor...

Silva, un fichaje estratégico

A ver qué trae el regreso de Silva porque estaba marcando diferencias en el último mes hasta que faltó al respeto al árbitro. Su desprecio le ha salido caro al equipo así que nada mejor que salir a la palestra con la renovación para contentar a la parroquia. No saben nada Silva y quienes le asesoran... Es una buena noticia su continuidad en la Real. Por mucho que la mayoría estuviéramos convencidos de que esa ampliación de contrato iba a producirse, que lo haya hecho ha sido un motivo de satisfacción. Visto desde fuera, la negociación entre el club y el jugador se antoja impecable. El primero es un futbolista irreemplazable. Por diversas circunstancias, pocas veces ha tenido el club un jugador tan estratégico. Hay que felicitar a Aperribay y a Olabe y al propio Silva, que frente a lo que algunos cenizos sospechaban ha demostrado que su ilusión era seguir jugando en la Real. De haber tenido una actitud menos receptiva, de haberse distraído con cantos de sirena, se podía haber montado un culebrón. En el caso del presidente es indiscutible que se ha apuntado un gran tanto. Lo ha hecho como debía, con discreción en los plazos adecuados, sin dar tiempo a que la operación pudiera distraer al jugador y al equipo. Que Silva continúe en la Real es un mensaje hacia dentro, porque otros pueden seguir el mismo camino al ver que el proyecto se mantiene en pie, y hacia fuera porque la Real va a tratar de seguir creciendo.

Que Silva se quede es un mensaje hacia dentro del vestuario y también hacia fuera como club

¿Y Januzaj? Su paso al frente en un momento de esta temporada después de mucho tiempo ha obligado al club a un complicado ejercicio de serenidad y sentido del equilibrio para no perder la perspectiva. No había que pasarse de largo ni quedarse corto. Que si no se adaptaba a San Sebastián, que si se le quedaba pequeña la Real.... Se queda. Por tres años. Casi nada.