La plantilla del Txuri Urdin fue homenajeada antes del partido por su reciente doblete histórico. / ARIZMENDI

Silva y diez más

La Real acertó al atraer para luego encontrar los espacios por fuera con Sorloth como destacado guiado siempre por el canario

AITOR LÓPEZ REKARTE

Partido donde el deseo de supervivencia se enfrentaba a la cada vez más codiciada presencia en el segundo escalón de Europa. Hubo disparidad en las disposiciones que no por falta de importancia hizo que el poco ritmo de juego inicial favoreciera a la genialidad de Silva entre líneas. Y es que esa falta de vigilancia por parte de los gaditanos hizo que el de Arguineguín se fuera haciendo con la manija. Con tres zurdos por dentro más Januzaj (a su bola) y Sorloth. Cuando estaban acertados en el control-pase; temblaba Ledesma. Aquí, para mí una de las claves fue ese juego de dentro-dentro, para que el equipo rival se cerrara, buscando un desmarque hacia afuera de Sorloth que fusiló a los amarillos. Gran desmarque del noruego que como diría Etxarri, 'si voy es que vengo y si vengo es que voy'. Y sobre todo en una de las jugadas por las que era conocido antes de llegar a orillas del Urumea: balón con espacio hacia su zurda y tiro cruzado que pasó como un zumbido por debajo de las piernas del portero. Destacó la presencia de Merino en área rival, pero es que cuando veo a Zubimendi rematando de cabeza en área pequeña cualquiera pensaría que la Real estaba dominando totalmente la contienda. Pero el fútbol siempre se encarga de bajarnos a la tierra, y darnos el susto de un gol gaditano que terminó siendo anulado por previo fuera de juego. Esta acción servía para, por un lado, darle alas a un Cádiz que no se encontraba por ningún lado y a una Real que debía de mejorar en esas vigilancias sobre Lucas Pérez y Sobrino que podían amargar una dulce primera parte. En el descanso me imagino a Sergio diciéndoles a sus jugadores que Silva no puede coger el balón entre líneas solo y a un Imanol golpeando el baúl donde los jugadores tiran sus camisetas sudadas para que no vuelva a pasar la citada falta de vigilancia de los hombres bala del Cádiz.

Comenzó la segunda parte con un Cádiz que invadió área rival en estrategia y tras robo en tres cuartos. Incertidumbre en el banquillo txuri-urdin: a veces sales con las ideas claras pero el contrario también juega. Y en este caso por mantener viva la esperanza de seguir en la Liga. Y Silva, a lo suyo. Otra genialidad del canario que permitió a Januzaj incrementar las diferencias entre ambos equipos. Hay jugadores que cuando renuevan se relajan... No es el caso. Sergio se empezó a impacientar y recurría al cambio de cromos. A partir de aquí, transiciones rápidas en modo contra. Esto permitió que ambos equipos se partieran y cobraran importancia tanto en las vigilancias como las llamadas faltas tácticas. Lo bueno de este contexto es que el ritmo de juego se aceleró y para el espectador fue más atractivo. En teoría esto beneficiaba más al Cádiz, aunque por experiencia diría que cuando vas con la soga al cuello ningún escenario parece gustarte. Para terminar, otro balón al espacio de Silva para Portu que provocó pena máxima y marcó. La Real asegura la Conference a espera del partido en La Cerámica.