Real Sociedad-Rayo: Un pim, pam, pum sin sentido

Los jugadores de la Real protestan por el penalti pitado. / ARIZMENDI

La Real ofrece mucha entrega y coraje pero poco fútbol ante un Rayo que se lleva un punto tras aprovechar dos regalos atrás. Willian José, de cabeza, salvó al menos el empate a falta de un cuarto de hora para el final tras un centro de Zaldua

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

No jugamos un pimiento. O al menos eso me lo parece. Con esto del nuevo campo de fútbol y el acercamiento del público al césped nos hemos tomado muy en serio lo de recuperar el espíritu de Atocha. Tanto que jugamos como la Real Sociedad de hace un cuarto de siglo, aquella que empujaba con el corazón, luchaba cada balón como si le fuera la vida en ello y no daba nunca un partido por perdido. Nada se le puede reprochar a este equipo en actitud, porque de entrega y carácter va servido. Eso sí, a este paso vamos a acabar pocos partidos con diez jugadores, porque las tarjetas se le acumulan con tanta testiculina.

El problema es que desde que el viejo campo de Duque de Mandas echó la persiana el fútbol ha evolucionado y jugando con balones largos para ganar la segunda jugada en casa no te da ni para ganar al Rayo Vallecano. Porque el conjunto franjirrojo es un equipo potente y vertical, con jugadores como Bebé, Kakuta, Imbula o De Tomás, que aporta la calidad arriba, que te pueden hacer un traje si dejas un metro de más. Por eso la única forma de superarles es siendo mejor en el trato del balón. Pero al querer jugar para que ellos no jueguen, la consecuencia es lo que se vio. Una especie de petaco, donde la pelota salía rebotada de un lado a otro sin que nadie acertara a templarla. Y ojo, que fue el Rayo el que puso el poco fútbol que hubo anoche en Anoeta. Menos mal que ese cabezazo de Willian José evitó al menos la derrota. Que punto ser punto como decía Boskov, aunque me da que por este camino no vamos muy lejos.

Illarra y Zurutuza, en el banquillo. Garitano ya lo dejó entrever en la rueda de prensa de la víspera cuando dijo que él no hace rotaciones, que pone a los que cree que están mejor. Dicho y hecho. Repitió prácticamente el mismo equipo que ganó el viernes en Huesca, con los dos cambios obligados por las expulsiones de Theo y Juanmi, justamente castigados ayer por el Comité de Competición. Así aprenderán que ese tipo de comportamientos están fuera de lugar en este club.

El de Bergara situó en el lateral izquierdo a Kevin, que se estrenó de titular esta temporada y no lo hizo mal. Con Rulli en la portería, él fue el encargado de completar una línea que siguió formada por Zaldua, Aritz y Héctor Moreno. En el centro del campo no quiso tocar nada, con Zubeldia de pivote y Pardo y Merino en el segundo y tercer escalón de la zona ancha. Para tratar de dar amplitud al juego colocó a Sangalli en la derecha, que fue quien ocupó el puesto del sancionado Juanmi. Ya lo había hecho así en Ipurua y en los últimos minutos contra el Barcelona, y se la jugó con el donostiarra. Oyarzabal cayó esta vez a la izquierda con Bautista como titular por segundo partido consecutivo.

Se quedaron fuera del equipo Illarramendi y Zurutuza, la pareja de mediocentros titular en los últimos cursos. Garitano pretende que den más y este paso por el banquillo quiere que les sirva para mejorar su nivel.

De nuevo por delante... La Real entró con buen pie al partido. Como suele hacer. Garitano colocó a su equipo en un dibujo más parecido a un 1-4-3-3, con Merino esta vez en una altura superior a Pardo para ejercer de segundo en la presión adelantada junto a Bautista. En la primera acción de ataque importante los realistas se adelantaron. Sangalli metió un gran pase al espacio desde la línea de banda y Bautista lo hizo todo bien. Tiró un gran desmarque entre los centrales, les aguantó la carrera durante veinte metros y definió con frialdad ante la salida de Alberto. Mejor no podían empezar las cosas. Por quinta vez en seis jornadas, la Real marcaba el primer gol y se ponía por delante. Solo ha ganado uno, el de Huesca. Perdió ante Eibar y Barcelona, y fue empatado por Leganés y Rayo.

Por eso a nadie extrañó que después de cobrar ventaja no dudase en ceder el mando al Rayo Vallecano para replegarse en su campo a la espera del contragolpe. En el minuto 19 llegó la jugada clave que pudo haber traído el 2-0. No fue una contra sino un saque de banda de Zaldua en el que habilitó a Merino por dentro. Su pase, con la colaboración de un defensor visitante, dejó solo a Bautista ante Alberto pero esta vez el meta adivinó la intención del errenteriarra. Una acción que pudo haber cambiado el partido.

Y otra vez remontados. El día del Barcelona fueron dos córners en tres minutos los que sirvieron al rival para voltear el marcador. Esta vez el Rayo apenas necesitó cinco minutos para ponerse por delante. En el 1-1 Sangalli deja la puerta abierta para la colada del lateral Álex Moreno, tal y como hizo en Ipurua con Arbilla en el primer gol armero. Debe mejorar el cuidado de su espalda. El centro del lateral fue despejado por Aritz pero la parábola que tomó el balón fue demasiado para un Rulli que está como un flan y no acertó a embolsarla. La consecuencia fue que Advíncula no desaprovechó el regalo para igualar la contienda.

Después, aún con el mazazo de ese tanto en el cuerpo, un error en la salida de balón acabó en penalti. Kevin se equivoca al orientar por dentro una jugada con el Rayo adelantado. Sangalli, que estaba de espaldas, pierde la pelota y Zaldua se precipita dentro del área para cometer un absurdo penalti sobre Bebé. Trejo no perdonó desde los once metros y puso el partido cuesta arriba.

Willian José, el esperado. En la segunda parte Garitano retiró a Zubeldia y Pardo para dar entrada a Illarramendi en la sala de máquinas y retrasar a Merino junto a él. Mantuvo a Sangalli -luego entraría Zurutuza- y Oyarzabal en las bandas con Bautista y Willian José arriba. El clásico 1-4-4-2 de toda la vida para jugar directo y pelear las caídas. Así las opciones que se crearon fueron en estrategia o en cabezazos por acumulación en el área. Uno de ellos lo aprovechó Willian José a centro de Zaldua para rescatar un empate. Que menos da una piedra.

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