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Rectificar es de sabios

El debut de Imanol en Madrid refuerza el relevo en el banquillo. Siempre es mejor enmendar los errores que perpetuarse en ellos

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Ha bastado un partido para comprobar que el tren vuelve a estar sobre la vía y que por este camino el viaje puede ser más interesante. Nadie sabe qué destino nos espera, porque los caminos del fútbol también son inescrutables, pero sí que siguiendo esta línea hay más posibilidades de éxito que por la anterior. La Real Sociedad ha virado a tiempo y como dijo el poeta británico Alexander Pope, si errar es humano, rectificar lo es de sabios.

Antes de ir al Bernabéu Aperribay reconoció al valorar la etapa de Garitano que «quizás nos equivocamos todos». Pocas veces he asistido a un ejercicio de autocrítica así por parte de un presidente en un mundo en el que los que toman decisiones se creen por encima del bien y del mal. Enmendar los errores es parte del progreso, sobre todo si se hace a tiempo y con voluntad de rectificar, como es el caso.

A veces hay que tomar distancia de las cosas para apreciarlas en su justa medida. En verano la Real Sociedad necesitaba un cambio en el banquillo para solucionar los problemas que arrastraba. Eusebio le llevó a muy altas cotas entre noviembre de 2015 y diciembre de 2017. Una propuesta futbolística moderna y atrevida revalorizó a la plantilla y le devolvió el brillo que había alcanzado con Montanier antes de perder a Illarramendi, Griezmann y Bravo. Pero hacía falta evolucionar esa fórmula para que siguiese siendo efectiva.

Un mes de enero fatal y la eliminación europea en Salzburgo aceleró el final de la etapa del técnico vallisoletano. Imanol enderezó el rumbo de la nave hasta junio y ahí el club pensó que Garitano era el hombre ideal para solucionar los problemas del equipo, muchos de ellos con una raíz defensiva. Su competencia quedaba fuera de toda duda después de llevar al Leganés de Segunda B a Primera en tres años basándose en la solidez defensiva. ¿Quién es capaz de firmar algo semejante?

Se veía venir. Pero desde pretemporada se observó un contraste muy fuerte entre la propuesta del entrenador y las habilidades de los futbolistas para jugar de esa manera. No había un problema de voluntades ni de hacer la cama a nadie -si querían cargarse al míster lo tuvieron a mano en Levante-, sino de incapacidad para desarrollar una intención de juego para la que no son especialmente hábiles. Utilizando un simil ciclista, sería como aspirar a ganar el Tour con Sagan y el Mundial con Froome y achacarles su fracaso a una falta de interés.

Cuando en la segunda jornada nos lamentamos de que no éramos líderes por la ocasión que había fallado Willian José en Leganés para hacer el 1-3, ya les conté que no me convencía nada de lo que estaba viendo. Preferí hacerlo con cuatro puntos de seis, porque los resultados favorables siempre encajan mejor la crítica. Y no se trataba de ninguna animadversión hacia el entrenador -hoy crear bandos vende mucho- sino de un mero análisis futbolístico.

Es verdad que después del palo en el Wanda la Real Sociedad reaccionó ante Sevilla, Levante y Celta. Visitó el Villamarín con otra cara pero aquella inmerecida derrota y el tropiezo ante el Valladolid en casa nos volvieron a enfrentar a la cruda realidad. No era un problema de falta de suerte ni de bajas, sino de ausencia de un plan concreto que partiese de las habilidades del plantel. Jugar siempre en función del contrario redujo a los nuestros a la mínima expresión.

Y eso que Garitano mostró voluntad de adaptación, retrasando a Oyarzabal a la tercera altura del centro del campo y metiendo arriba toda la pólvora posible con Januzaj, Juanmi y Willian José. Pero seguía faltando una idea de juego que pusiese en valor todo ese potencial. En las últimas jornadas intentó buscar una salida más aseada del balón y fue peor el remedio que la enfermedad, porque si para entonces los jugadores ya no creían en su libreto, a él tampoco le convencía a lo que estaba jugando. La Real se convirtió en un equipo vulnerable en las transiciones defensivas y perdió lo poco ganado en cuatro meses. Enlazar cuatro derrotas seguidas no fue casualidad. Así como ganar en el Bernabéu en el estreno del nuevo míster. Siempre es mejor enmendar los errores que perpetuarse en ellos.

La margarita de Zurutuza. El debarra sigue deshojando la flor a la espera de que el último pétalo le aclare su futuro. El club cuenta con él, ahora queda saber su respuesta, que la ha aplazado a final de curso.

No se qué ocurre con él que cada vez que habla sube el pan. Quizás el problema no sea suyo, porque habrá pocos que se expresen de forma tan clara y sincera, sino de los que no quieren entenderle. Porque para comprender algo, también se necesita voluntad. Y con Zurutuza siempre estamos cogiendo el rábano por las hojas, dándole un sentido equivocado a sus palabras o un alcance que no tienen.

Hace tiempo que creo que las redes sociales no reflejan lo que sucede en la vida real, aunque tienen una capacidad impresionante para cobrarse víctimas. Y Zuru es una de ellas, cuando curiosamente es uno de los más queridos por la afición y a los que más se corea en Anoeta.

Imanol ha cambiado la cara del equipo en un partido.
Imanol ha cambiado la cara del equipo en un partido. / EFE

¿Su futuro? A mí no me parece que sea tan complicado de entender. Si se ve respaldado por el entrenador como en el Bernabéu y se siente útil para el equipo, seguirá. Si es carne de banquillo como a principio de temporada, se marchará. Un jugador que es testigo privilegiado de los mejores momentos de los últimos años -ascenso, consolidación en Primera y participación en Champions y Europa League- no quiere ser una carga y salir por la puerta de atrás. Y eso es algo que le honra. Yo creo que con Imanol será una pieza importante en esta segunda vuelta -si las lesiones le respetan- y si es así, continuará. Sería una gran noticia porque solo sabemos valorar las cosas cuando las perdemos. Y es un privilegio contar con un futbolista y una persona como Zurutuza.

Munuera Montero, aire fresco. El arbitraje suele ser un buen recurso para esconder las miserias propias. Eso ha pasado con la victoria de la Real en el Bernabéu. Ahora resulta que la decadencia del Real Madrid, precipitada por el adiós de Zidane y Cristiano y las constantes lesiones de Bale, es culpa de que Munuera Montero ve cómo Rulli saca limpiamente el balón a Vinicius y no pita penalti.

He oído que Florentino llamó a Rubiales para quejarse del arbitraje y de que el VAR no entrase a valorar esa jugada. Lo preocupante de todo es el claro propósito de mediatizar al próximo árbitro que se ponga delante de los blancos, que ya sabe a lo que se atiene si no les pita a favor.

Un colegiado como Munuera Montero permite recuperar la confianza perdida durante muchos años en el arbitraje -¿verdad González González?- y saber que hay colegiados que con su honestidad van a hacer más creíble su actuación, llegando algún día a alcanzar ese propósito que se persigue con el VAR: hacer un fútbol más justo. Aunque a los grandes no les guste.

Carlos Vela, un usurbildarra más. El exrealista se ha dejado ver estos días en Gipuzkoa, especialmente en Usurbil, de donde es su pareja Saioa. El domingo disfrutó de la victoria de la Real Sociedad en el bar Guria con su hijo Romeo, su novia y varios familiares de esta. Dos días antes estuvo cenando en la sociedad de Txokoalde. El mexicano, que tan buen recuerdo dejó, acabó la temporada con Los Ángeles FC el 2 de noviembre y en dos semanas iniciará la pretemporada.

 

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