Recompensa entre la música

Los realistas dominaron la posesión en la primera mitad y sin balón controlaron los movimientos del director del juego valencianista: Parejo

Presión. Theo intenta enviar el balón a un compañero ante la presión de Carlos Soler. / ACERO
Presión. Theo intenta enviar el balón a un compañero ante la presión de Carlos Soler. / ACERO
Imanol Troyano
IMANOL TROYANO

Mestalla siempre ha sido un campo complicado. Tanto para el equipo visitante, como para el propio Valencia. Por eso, cuando en 1994 el por entonces presidente de la Comunidad Valenciana, Eduardo Zaplana, preguntó al máximo dirigente ché, Paco Roig, qué era lo que más unía a los valencianos, éste lo tuvo claro: «La música». De esta manera comenzaron a sonar las partituras de las bandas de música de toda la región sobre el césped de Mestalla para amenizar la previa y el tiempo de descanso de los partidos.

Una iniciativa espontánea acabó convirtiéndose en tradición. Por eso, cuando en 2014 el propio club valenciano decidió que las bandas ya no pisarían más el verde de Mestalla alegando que perjudicaban a la visión de las vallas publicitarias, la incredulidad fue generalizada. En lugar de interpretar las notas musicales a pie de campo, las bandas podrían continuar tocando los instrumentos en el exilio de la grada. Pero no era lo mismo.

Esta medida impopular tan solo estuvo vigente unos meses. Los valencianos y lo valencianistas celebraron la rectificación como un gol de su equipo, como se ha celebrado aquí que el himno de la Real vuelva a tener un ritmo más vivo. Un campo sin música, lo es también sin fútbol. Por eso ayer la Real lo que buscó en Mestalla fue dejar sin melodía al equipo de Marcelino. Los realistas se concentraron en robar la batuta una y otra vez a Parejo, el director del juego valencianista, y los locales no acabaron de afinar del todo.

No hubo plena armonía melódica entre los componentes chés y nunca llegaron a alcanzar la nota más alta de manera afinada. Gameiro y Mina apenas recibieron el balón en posiciones ventajosas y los realistas replegaron bien. La amenaza, sobre todo por el costado derecho de Cheryshev y Gayà, obtuvo respuesta por parte de Zaldua y Llorente, mientras que Carlos Soler y Piccini no se encontraron cómodos en los enfrentamientos con Theo y Oyarzabal.

El técnico oriotarra planteó un encuentro de desgaste, consciente de que el Valencia había gastado muchas energías unos días antes en Copa. La Real de la primera parte dominó la posesión, sin inquietar demasiado al rival. La segunda mitad fue otra historia. Mientras a los valencianistas les entraba la fatiga, los realistas por medio de Zubeldia e Illarra se centraban en neutralizar a Parejo. Sin él, el Valencia sonaba a otra cosa. El fino sonido de los instrumentos de viento locales se silenció con la resonancia percusionística visitante.

Ración doble en Anoeta

Esto a lo que se refiere al partido de la tarde, porque la Real también jugó ayer por la mañana. Lo hizo en casa, ante más de 20.000 espectadores. Las jugadoras de Gonzalo Arconada demostraron que el fútbol es fútbol, sin importar que lo jueguen chicos, chicas o extraterrestres. No hay más que detenerse en el tanto de Carla Bautista. La Real trenza una decena de pases en esa acción sin que el Athletic se acerque siquiera a robar la pelota. Combina envíos en largo, de dos toques y de primeras, estos últimos son los que le permite saltar las líneas defensivas del rival. Este fin de semana tendremos ración doble de fútbol del bueno en Anoeta.

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