...Y gracias

La grada Aitor Zabaleta no paró de animar a los jugadores blanquiazules. / ARIZMENDI
Álvaro Vicente
ÁLVARO VICENTE

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Todavía está en fase de conocerse a sí misma

Como no me gustó nada el partido, hoy prefiero quedarme con detalles. El análisis lo dejamos para otro día porque la Real sigue sin saber qué quiere ser de mayor, más allá de un equipo difícil de batir. Hasta entonces va a ser difícil sacar conclusiones. Igual es que estamos mal acostumbrados.

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Un once de futuro con una media de 24 años

La marcha de jugadores veteranos en la Real, unida a la profunda renovación de la plantilla, hizo que la Real presentará ayer un once joven, jovencísimo, en el que Héctor Moreno, con 30 años, era el mayor. El resto no pasaba de 26 años: Oyarzabal y Zubeldia (21), Merino (22), Luca y Bautista (23), Aritz y Kevin (24) y Pardo (25), Rulli y Zaldua (26). Es evidente que hay futuro, que la Real tiene una plantilla para años, pero eso también tiene su otra cara: cuesta más dar la vuelta a partidos enrevesados como el de ayer que con gente con peso en el terreno de juego que tire del carro.

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Gestos que van más allá del fútbol

A estas alturas del periódico, ya habrán leído que Rulli tuvo que escuchar música de viento desde el momento que no atrapó el balón que le costó el primer gol a la Real. Pues bien, hubo dos detalles que seguro agradeció el portero y que van más allá del resultado. Al acabar la primera parte, Rulli fue el último de los 22 jugadores en alcanzar el túnel de vestuarios. Sus compañeros ya estaban dentro, pero hubo uno que se acordó de que su compañero podía estar pasando un mal trago y le esperó entre los dos banquillos. Fue Willian José. El otro gesto lo protagonizó la grada Aitor Zabaleta cuando Rulli se disponía a ocupar la portería al inicio de la segunda parte. Esos aficionados recibieron a uno de los suyos con gritos de ánimo, que Rulli agradeció levantando su guante derecho.

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El césped resbala o el taco no es el adecuado

No sé si era cosa del nuevo césped, si ayer había humedad allí abajo o si es que nuestros jugadores utilizan botas con poco taco, pero tuve la sensación de que se patinaron más de la cuenta y que les costaba controlar los balones. Y usted preguntará. ¿Y los jugadores del Rayo Vallecano? No lo sé. Sí sé que hay balones que Oyarzabal o Zaldua controlan bien otros días y ayer les costó una barbaridad.

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El martes, el espectáculo está en la grada

Ante el Barcelona, el día del estreno del nuevo Anoeta, un sábado a las 17 horas, nos juntamos en Anoeta cerca de 28.000 aficionados y ayer, un martes a las 21 horas, fuimos 21.510, más o menos, los que acudíamos de media en la última temporada. La diferencia ahora es que hay una grada, la Aitor Zabaleta, con 2.000 almas que animan al equipo desde el calentamiento hasta que se apagan las luces y solo por eso merece la pena ir a Anoeta. En el partido de ayer la mirada se nos iba más de una vez a esa grada ante la falta de fútbol de los nuestros. Menos mal que siempre nos quedará Willian José para salvar al equipo.

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