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La flor hay que regarla

Jon Trueba
JON TRUEBA

Brindemos. Brindemos por los puntos (no por el juego). Porque la Real Sociedad está con el santo de cara. Porque hace un mes la Real no hubiera ganado este partido (le hubiera pasado algo). Porque la Real Sociedad tiene 25 puntos tras la segunda victoria consecutiva. Porque es octava. Porque está a un punto del séptimo, el Betis, y a tres del sexto, el Getafe (equipos considerados como revelación), y uno por encima del elogiado Girona de Eusebio. Quién lo iba a decir antes de visitar el Bernabéu. A partir del minuto veintitantos el fútbol realista contra el Espanyol no fue como para tirar cohetes, ni mucho menos, pero como decía Caparrós cuando su equipo ganaba y algún periodista le decía que habían jugado mal: «Puntos, amigo, puntos».

Lo digo porque después de la victoria ante el Espanyol se ven las cosas de otra manera. Y que siga la racha porque todos queremos alejarnos y evitar sustos en esta Liga tan apretada (si le preguntaran al llorado Manolo Preciado diría que «todos chinos»), y aspiramos a seguir adelante en la Copa, aunque frente al Betis habrá que jugar mejor.

Lo digo porque la Real Sociedad inició el partido de forma arrolladora y marcó dos goles en siete minutos que invitaban a pensar que aquello iba a ser coser y cantar, que íbamos a vivir una noche plácida, pero ya, ya. Después no estuvo tan lúcida, sobre todo tras el córner en el que Naldo le robó la cartera en el salto a Merino, que era su par, y el Espanyol creció tras verse dominador en el centro del campo. El 2-2 al descanso nos metió el miedo en el cuerpo y, aunque Willian José se reivindicó con el 3-2, la expulsión de Merino dejó a la Real con diez y el equipo lo pasó mal (y el público sufrió). Pero esta Real parece tocada por una varita. Y si hace unas semanas todos pensamos que el Espanyol no se hubiera ido de vacío con las dos ocasiones que tuvo, el lunes, sí. Y claudicó.

Así que brindemos por los dos laterales realistas. Por Aritz Elustondo, que sin jugar su mejor partido se ha convertido en el amuleto de Imanol. El primer retoque que hizo el técnico de Orio la temporada pasada cuando sustituyó a Eusebio en el banquillo fue incrustarle en el lateral para equilibar al equipo y evitar la sangría de goles que estaba padeciendo. Y brindemos por el joven Aihen. Cuando Eusebio le dio en su día un minuto a Jon Bautista me quejé porque «un minuto es el tiempo que se tarda en calentar un cazo de leche» y a los jugadores de cantera no es cuestión de ponerles un minuto sino de mantenerles y darles confianza. Y si Imanol se la jugó con Aihen en el Bernabéu en un escenario imponente, el lunes tuvo hasta la osadía de dejar a Theo en el banquillo.

Brindemos por el gol de Mikel Merino y su asistencia. Es verdad que no defiende bien a Naldo en el 2-1 y la doble amarilla se la podía haber ahorrado, pero su presencia tiene que ver en la mejoría realista. Merino da sentido a las jugadas de ataque y aunque sus movimientos parecen lentos, en segundos lo ve todo, a sus compañeros y a sus rivales.

Y en la delantera brindemos por Willian José. Hasta hace dos semanas el brasileño probaba la hiel y ahora saborea la miel de los goles. Y brindemos por otro debut de un canterano, Roberto López. Entró en el campo por Sangalli y para no pocos no fue el mejor cambio que se podía hacer (a mi lado reclamaban a Zubeldia), pero incluirle en un momento tan delicado sí que es apostar por un canterano, que es lo que está haciendo Imanol.

Recuerdo que cuando David Moyes llegó a Donostia se preguntó en voz alta si los aficionados de la Real Sociedad preferían jugar la Champions con tres o cuatro hombres de la cantera o terminar en el puesto catorce con una mayoría de jugadores formados en Zubieta. Era y es una pregunta trampa porque los aficionados de la Real lo que quieren es acercarse a Europa con mayoría de canteranos más cuatro jugadores foráneos de relieve (lo consiguió no hace mucho Montanier, que nos metió en la Champions, y Eusebio nos clasificó para la Europa League).

Brindemos por Luca Sangalli, para quien me faltan adjetivos para elogiarle. Me emociono solo de pensar en su tío Mario (a Luca espero dedicarle un artículo entero en breve).

Y no hace falta brindar por Imanol. Ayer, nada más llegar a la redacción, dos redactores jóvenes me hablaban de la flor de Imanol. «La flor hay que regarla», les dije. «Imanol está demostrando ser un buen 'jardinero'».

 

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