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Los números que conducen al cese de Asier Garitano en la Real

Asier Garitano en el último partido de la Real en Anoeta. /
Asier Garitano en el último partido de la Real en Anoeta.

Asier Garitano no ha podido sobrevivir a cuatro derrotas seguidas y el pobre bagaje en Anoeta, con un solo triunfo

Oskar Ortiz de Guinea
OSKAR ORTIZ DE GUINEA

«Entiendo cómo es el fútbol, que vivimos del resultado, pero estoy tranquilo, bien, ilusionado, con ganas de cambiar e ir mejorando y que las cosas vayan muchísimo mejor», escribió Asier Garitano en su cuenta de Twitter tras la derrota de su ya exequipo ante el Deportivo Alavés en Anoeta.

Es de esperar que las cosas les vayan «muchísimo mejor» a Garitano y a la Real Sociedad, pero ya de manera separada. Como parecía presagiar el técnico de Bergara, un entrenador vive «del resultado», y las cuatro últimas derrotas cosechadas de manera consecutiva, unidas a una trayectoria un tanto irregular también hasta entonces, han hecho que la cuerda se haya vuelto a romper por su parte más frágil. La del entrenador.

Una de las tareas con las que Garitano llegó a Zubieta fue corregir las lagunas que mostraba la Real durante la última fase de Eusebio Sacristán, especialmente en el aspecto defensivo, en el que el equipo hacía aguas con demasiada facilidad.

Imanol Alguacil ya revirtió esa tendencia, y Garitano pretendió otra vuelta de tuerca. De algún modo, el bergararra lo logró -la Real ha encajado 20 goles en las 17 primeras jornadas ligueras, por 28 con Eusebio-, pero a un precio alto, ya que solo contabiliza 18 tantos a favor -29 con Eusebio en el mismo periodo-.

Comienzo prometedor

El pobre promedio goleador tiene su reflejo en la clasificación. Con cinco victorias, cuatro empates y ocho derrotas, la Real es decimoquinta con cuatro puntos de margen sobre el descenso. Una de las claves es el paupérrimo bagaje txuri-urdin en Anoeta, donde el Celta es el único que ha salido derrotado del remodelado campo. Seis puntos de 24 posibles. Solo el Huesca (4) ha sumado más como anfitrión.

Lo cierto es que la crisis blanquiazul ha llegado cuando menos se esperaba. Cuando el equipo parecía que remontaba el vuelo. Y eso que el comienzo liguera fue un canto a la esperanza, con un triunfo de prestigio en El Madrigal, antes de que el Villarreal entrara en barrena. Willian José y Juanmi marcaron los goles. Miel sobre hojuelas cuando tus delanteros arrancan enchufados.

En la siguiente jornada, todo parecía de cara en Leganés, donde Illarramendi y Zurutuza adelantaron a la Real 0-2 en 17 minutos con un Zaldua estelar. Luego llegó la rotura de tibia de Diego Llorente y el fundido de plomos. Un doblete de El Zhar en la recta final supuso el empate, y gracias.

La media inglesa comenzó a no cuadrar en Ipurua, cuando el gol de Charles en el descuento supuso la remontada del Eibar, que comenzó perdiendo de penalti transformado por Willian José. En la siguiente jornada, fue el Barcelona el que volteó en tres minutos el gol inicial de Aritz, gracias al acierto de Luis Suárez y Dembélé. La victoria en Huesca con un gol de clase de Mikel Merino, fichaje de lujo, alimentó la llama.

El balance no era malo para un equipo en construcción que en unos meses había perdido a faros como Xabi Prieto, Agirretxe, Odriozola, Vela, Iñigo Martínez... y que presentaba el once más joven de Primera, con 25,7 años de media. Además, Garitano había reactivado a jugadores que con Eusebio vivían en el ostracismo.

Sin embargo, a continuación llegaron los tropiezos en Anoeta ante Rayo (2-2) y Valencia (0-1). Cuando todo parecía en contra, con varios jugadores claves lesionados o sancionados (Juanmi y Theo), el equipo resurgió en San Mamés (1-3) con una alineación de circunstancias.

Ante Girona (0-0), Atlético (2-0) y Sevilla (0-0) arañó dos empates en Anoeta. Los triunfos ante Levante (1-3) y Celta (2-1) parecían reconducirle a la senda deseada. Y cuando se intuía la cima, emprendió la caída libre con cuatro derrotas que han arrastrado a Garitano.

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