Karrikaburu, en acción contra el Elche. / ALTERPHOTOS/ACERO

Real Sociedad Toda crisis es una oportunidad

En un club que presume de cantera, la lesión de Sadiq debería abrir la puerta a Karrikaburu como en su día ocurrió con Etxeberria y Agirretxe

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Más mala suerte no se puede tener. No conozco equipo que tenga a tres delanteros parados por una rotura del cruzado como la Real con Sadiq, Oyarzabal y Carlos Fernández. Éste ya ha superado la lesión pero aún no ha reaparecido en competición oficial desde que se rompiera hace 13 meses. La lotería no nos tocará pero calamidades deportivas, todas. Porque al margen de lo caro que hemos pagado los cruzados, Agirretxe vio truncada su carrera con 29 años por un maldito tobillo, Illarramendi ha vivido tres años en un túnel y Monreal tuvo que pasar en blanco su último año por una lesión en el cartílago de la rodilla. Todos, indiscutibles en su momento.

Con todo, si la Real vive su mejor época deportiva con permiso de los gloriosos ochenta es porque ha sabido sobreponerse a cada dificultad y la adversidad le ha hecho más fuerte. Y es que toda crisis es una oportunidad.

A pesar del palo que supone la lesión de Sadiq, soy de los que piensa que los de Imanol tienen recursos suficientes para salir adelante. Y no porque tenga una vibración especial que me lo indique sino por la observación de cómo ha reaccionado el club en estas situaciones, que muchas veces han sido más una bendición que un problema.

De Oyarzabal a Zubimendi

En las navidades de 2015 cerró el año con una visita al Bernabéu el 30 de diciembre en la que, además ser atracada por González González, perdió por lesión a Canales y Agirretxe, el primero precisamente por un cruzado. La decisión del club en ese mercado de invierno fue apostar por un chaval de 18 años que aún no había sido titular en Primera, Mikel Oyarzabal, no fichar a nadie y mandar incluso a Chory al Málaga para que el eibarrés no tuviera dudas de que era el elegido.

Oyarzabal, Odriozola y Zubimendi dieron el salto tras las lesiones de Canales, Carlos Martínez y Guevara

La decisión no pudo ser más acertada porque ahí, en la adversidad, empezó a forjarse el camino del líder de este proyecto que ha desembocado en una presencia recurrente en Europa y en la conquista de la Copa. A corto plazo tampoco salió mal aquella apuesta, ya que la Real fue quinta en el parcial de la segunda vuelta ganando en Cornellá, San Mamés, Pizjuán y Mestalla. Quién sabe dónde estaría Oyarzabal de no mediar aquella doble desgracia ni cuándo habría encontrado la puerta abierta para colarse en el primer equipo.

Un año más tarde, en diciembre de 2016, la Real volaba en la Liga a los mandos de Eusebio. Por delante solo tenía en la tabla a Real Madrid, Barcelona y Sevilla. Aquel once formado por Rulli; Carlos Martínez, Navas, Iñigo, Yuri; Illarramendi, Zurutuza, Prieto; Vela, Willian José y Oyarzabal jugaba de memoria. Pero de la noche a la mañana Carlos Martínez, hombre clave en la derecha, notó unas molestias en la rodilla que después de jugar un par de partidos derivaron en una rotura parcial del ligamento cruzado. Ya no volvería a vestir la elástica txuri-urdin más que dos minutos para despedirse de la afición año y medio después ante el Leganés.

La solución volvió a estar en el Sanse. En enero, en Málaga, debutaba Álvaro Odriozola, que fue uno de los mejores hombres de una segunda vuelta en la que dio cinco asistencias. Su velocidad y su capacidad para profundizar le vino de perlas a aquel equipo que acabó en Europa con aquel gol de Juanmi en Balaídos. En junio por llamado por la selección, jugó el Mundial de Rusia y fue fichado por el Real Madrid en verano de 2018 por 32 millones.

La tercera situación que se me viene a la cabeza es de apenas dos años, tras el desconfinamiento. La Real era cuarta cuando se desató la pandemia con Zubeldia y Guevara como mediocentros. El primero jugaba con mayor asiduidad y el segundo era un hombre importante en días en los que había que salvar la presión de rivales que apretaban arriba. Pero se rompió el tobillo y fue baja para esas once jornadas que quedaban. ¿El recambio? Un tal Zubimendi que con 21 años seguía esperando su oportunidad en el Sanse y acabó jugando los cuatro últimos partidos enteros.

Paradojas del destino, fue la adversidad la que abrió la puerta a Oyarzabal, el líder de esta Real, a Zubimendi, el cerebro del equipo, y a Odriozola, el traspaso más caro que ha dado Zubieta junto a los de Illarramendi, Griezmann e Iñigo. Para ello se dieron dos circunstancias: fantástico trabajo en la cantera en la formación de futbolistas y valentía arriba para darles confianza. El resto vino solo.

La hora de Karrikaburu

Sin olvidar la baza de Carlos Fernández, todas las miradas se centran en Karrikaburu, capaz con 19 años de firmar 11 goles en Segunda en un Sanse que bajó. Sadiq, por ejemplo, hizo 18 con un Almería que quedó campeón de la categoría. Pocos delanteros habrá dado la cantera tan preparados como el baztandarra para lanzarle al ruedo. Con la prudencia de saber que el chaval está empezando pero con la esperanza del ilusionante futuro que tiene por conquistar a base de goles.

En 1995, en el partido posterior al 5-0 al Athletic, Kodro se lesionó a los diez minutos en Gijón y entró un juvenil de 17 años que respondía al nombre de Joseba Etxeberria. Pues bien, aquel día marcó dos goles, la Real ganó por 1-2 y el resto es historia. A Salva Iriarte no le tembló el pulso para meterle.

En verano de 2011 el futuro de Agirretxe en la Real tampoco estaba muy claro. Lasarte no le había dado bola en la 10/11 y Montanier tenía dudas. Con Joseba Llorente lesionado, había pedido el fichaje de otro delantero. Pero arrancó la Liga en El Molinón, puso al usurbildarra y la victoria llevó la rúbrica de sus dos goles. Ya nadie le movió el sitio hasta que Keylor se cruzó en camino cuatro años después

Me da que con Karrikaburu pasará lo mismo y que en cuanto marque un gol todos le mirarán con otros ojos. Esa retahíla moderna de que hay que tener paciencia con los jóvenes suena mucho a excusa. Un jugador se hace con la competición y lo que debe tener es talento, requisito que cumple el navarro. Entiendo que recaudar 70 millones por Isak y no reforzarse en el mercado habría sido una temeridad, pero ahora que el destino nos ha jugado una mala pasada es buen momento para apostar por lo que nunca falla. Toda crisis es una oportunidad.