Sorloth remata para marcar el segundo gol de la Real y Brais pugna por balón en una tarde en la que el público empujó. /Lusa

Sorloth remata para marcar el segundo gol de la Real y Brais pugna por balón en una tarde en la que el público empujó. / Lusa

Real Sociedad - Omonia Nicosia Con el susto en el cuerpo

Una Real confiada desde el once inicial juega un mal partido y a punto está de verse sorprendida por un Omonia muy inferior

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Imanol no fue fiel a sí mismo. El mejor entrenador de los últimos veinte años, desde Toshack, se traicionó a sí mismo y a punto estuvo de costarle caro. Acostumbrados durante cuatro años a que nos repita hasta la saciedad que el siguiente partido es el más importante y que nunca mira más allá, esta vez pensó tanto en el Espanyol que casi le cuesta la victoria ante uno de los rivales más flojos que han pasado en Europa por San Sebastián. Menos mal que Sorloth acudió al rescate cuando se mascaba la tragedia, porque después de la derrota en Getafe otra desilusión más habría hecho bastante daño.

Al final, y con sufrimiento de por medio, la Real sumó los tres puntos que le permiten hacer buena la victoria en Mánchester para aspirar al primer puesto de grupo y, además, reservó a varias piezas importantes para el domingo como Zubimendi o Silva, que no llegaron a saltar al campo, o Kubo y Sorloth, que solo jugaron media hora. También Merino tuvo un respiro los últimos treinta minutos, que le vendrán fenomenal. Es decir, que las rotaciones han existido, existen y existirán. Aquí y en Tegucigalpa.

Quizás el técnico haya entendido que sea la manera de sobrevivir a una temporada tan larga después de los contratiempos en forma de lesiones de Sadiq, Barrenetxea y Carlos Fernández que le restan margen de maniobra en el último tercio del campo. El problema suele ser dar entrada a todos de golpe, ya que el equipo pierde personalidad y fluidez en su juego. Afortunadamente el Omonia era tan flojo que no hubo que lamentar la pérdida de dos puntos que faltando diez minutos estaban en el alero.

Siete cambios en el once. Y es que en la alineación hubo hasta siete novedades respecto al partido de Getafe. Más que los que entraron, es más fácil decir que solo repitieron Remiro, Sola, Zubeldia y Merino. El resto fueron Rico, que salía de lesión; Guevara, cuya última titularidad en partido oficial databa de febrero; Illarramendi, inédito hasta ahora en la presente temporada; Aritz, Brais y Cho, suplentes en Getafe; más Karrikaburu, que se estrenó de inicio con la camiseta del primer equipo y no lo hizo mal.

Desdibujada

La Real careció de las referencias de sus piezas más importantes y le costó mucho generar llegadas con peligro

En este contexto, a la Real le costó mucho elaborar juego en el centro y llegar al área contraria con peligro, más allá de detalles individuales de sus jugadores de mayor talento. Los goles, de hecho, llegaron en el rechace de un córner y en la contra de un saque largo del meta Fabiano que ganó por arriba Zubeldia. Pero como dicen que bien está lo que bien acaba, dentro de unos días lo único que quedarán serán los tres puntos y el pobre juego ofrecido pasará a un segundo plano. Sobre todo si se gana al Espanyol.

Guevara suelta un latigazo. La Real trató de salir enchufada para que no se notara una alineación con tantas alternativas. Intentó buscar la meta contraria y presionar alto. Una recuperación dentro del área chipriota de Brais a Kitsos acabó con un duro disparo del gallego repelido por Fabiano. Una llegada que luego tardó en repetirse porque el Omonia, montado en un 1-5-3-2 consistente, defendió con orden para cerrar los espacios interiores.

Por eso Sola y Rico fueron un buen recurso por fuera para tratar de profundizar. El primero rompió por la derecha para poner un centro que nadie supo leer y el segundo firmó la cabalgada que acabó en el córner del 1-0. Brais la puso al área, Miletic despejó hasta dos veces de cabeza y en el rechace apareció Guevara para enganchar un latigazo que se coló cerca de la escuadra de Fabiano. El gasteiztarra lo celebró con rabia después del 2022 que le ha tocado vivir en el que apenas ha jugado. Ayer, al menos, fue de los más destacados y aprovechó su oportunidad. Se llevaba media hora de juego y la Real estaba por delante.

Empate que rompe Sorloth. Pero como sucede tantas veces, la ventaja se utilizó para especular con el resultado y dejar pasar el tiempo a la espera de que el partido se fuera consumiendo. Lo que ocurrió es que con una hora por delante fue de una temeridad importante hacerlo, ya que en cualquier acción podía recibir un gol. Y a pesar de que Remiro estaba siendo un espectador más, en el minuto 71 sucedió lo que nadie esperaba. Miletic mandó un balón largo a Bruno Felipe para ganar la espalda a Aritz y sacar petróleo del lío en el que se metió el beasaindarra con Remiro, que dejó al brasileño solo para empujar a puerta vacía.

Calidad

Un disparo de Guevara en un rechace de córner y la química entre Kubo y Sorloth en una contra sellaron los dos goles

De repente se acabó el sesteo y llegaron las prisas. Para entonces Imanol ya tenía en el campo a Sorloth y Kubo, pero les colocó en 1-4-3-3, con el japonés por la derecha, el noruego arriba y Navarro por la izquierda. En el minuto 80 un balón en largo del meta Fabiano se convirtió en el contragolpe perfecto. Zubeldia ganó el duelo aéreo, Gorosabel la metió al espacio para Kubo y éste puso el balón perfecto para que Sorloth llevara la tranquilidad a la grada.

Con el paso del tiempo el partido se verá con buenos ojos por haber rotado y dado un respiro a hombres importantes, pero lo que es incoherente es negar las rotaciones y luego utilizarlas. Porque la Real se llevó un buen susto.