Crónica

La Real Sociedad es muy grande

Las jugadoras de la Real ofrecen la Copa a los aficionados que abarrotaron Alderdi Eder. / PEDRO MARTÍNEZ

Las campeonas de Copa se dan un baño de multitudes en su regreso a casa y confirman que su éxito ha cambiado el club para siempre

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO SAN SEBASTIÁN.

Los menores de 40 años no sabían por qué eran de la Real. Habían escuchado viejas historias. Habían oído hablar de personajes mitológicos como López Ufarte, Zamora o Arconada. De un club grande. Pero no lo habían visto. Pues bien, las mujeres de la Real se han encargado de explicárselo a tres generaciones de aficionados: la Real es esto. Se dieron un baño de multitudes a su regreso de Granada y replicaron la foto mítica del equipo campeón: la Copa al cielo y los jardines de Alderdi-Eder a rebosar. Una imagen que queda para la historia, así pasen otros 32 años hasta que este club vuelva a ganar un título.

El Real Madrid, el equipo más legendario del mundo, jugaba por la tarde en Anoeta, pero a nadie parecía importarle. El día era de ellas. La conexión que la Real femenina ha establecido con el pueblo blanquiazul es uno de esos fenómenos que suceden en contadas ocasiones a lo largo de la historia de un club. El último precedente, la Real de Griezmann, el día del ascenso con treinta mil personas dentro de Anoeta y otras treinta mil fuera. Por supuesto, el equipo campeón, una denominación que ya es vieja. Aquí está otro equipo campeón.

Los alrededores de la Plaza de Gipuzkoa eran un espectáculo a mediodía esperando a las reinas de Granada. Hubo quien no pudo aguantarse y se fue a Zubieta, pero el grueso de la afición se reunía en Donostia. Si el autobús del Madrid pasa con todas sus figuras a esa hora por el Boulevard no les mira nadie. Muchas caras jóvenes entendiendo que ser de la Real era esto, y muchas expertas que ya lo sabían y no lo habían olvidado en estos 32 años.

Bajaban de los autobuses hablando de ellas. Del autobús de Hondarribia, del de Errenteria, del de Tolosa, del de Igeldo, del de Bidebieta... Venían del Topo, de Irun, de Lasarte. No hubo recorrido por todos los pueblos de Gipuzkoa como en 1981, pero toda Gipuzkoa estuvo en Donostia. La Diputación fue la primera parada, pero el plato fuerte fue la salida del equipo al balcón del Ayuntamiento. Una plaza de primera, que solo llenan los campeones. La víspera, la plaza de la Trinidad se quedó pequeña. Nadie temió que Alderdi Eder les quedara grande a las mujeres de la Real. El lleno fue histórico.

La última semana, adelantaron por la derecha y por la izquierda al equipo masculino, al que dejaron desnudo. El corazón de la gente estaba con ellas. La Real somos nosotras, reivindicaron. Y la gente dijo que sí.

Mensaje recibido

El gran día del realismo se remataba unas horas más tarde en Anoeta. Cita espinosa para los hombres, bajo sospecha y frente a un espejo en el que era difícil salir guapo. La comparación con las campeonas suponía un riesgo. De no estar a la altura. Porque la Real ha cambiado estos días.

Las realistas replicaron la foto mítica del equipo campeón: trofeo al cielo y Alderdi Eder a rebosar

Fue bueno comprobar por la tarde que el vestuario de Anoeta se ha dado por enterado. Mensaje recibido. Se merendaron al Madrid y asumieron con humildad su papel subordinado. La fiesta y el triunfo de verdad fueron los de ellas. El éxito de las mujeres de la Real Sociedad ha cambiado el club para siempre. A mejor.

La Real, campeona de la Copa de la Reina