Nuevo Anoeta

La primera bandera de la grada Aitor Zabaleta

Aitor e Iker, el sobrino y hermano de Aitor Zabaleta, posan en la nueva grada de animación 'Aitor Zabaleta', en el estadio de Anoeta. / LOBO ALTUNA

El hermano y sobrino de Aitor Zabaleta bendicen la nueva tribuna de animación de Anoeta

ÁLVARO VICENTE

A Iker Zabaleta le cambia el rostro cuando pisa la nueva grada de animación de Anoeta bautizada con el nombre de su hermano Aitor, asesinado de una cuchillada en los aledaños del Vicente Calderón en una noche heladora del 8 diciembre de 1998 antes del comienzo de un partido de UEFA entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad.

Siente una liberación cuando accede al graderío, o eso es lo que traslada con su lenguaje corporal. Porque antes de entrar al campo estaba ilusionado, nervioso, quizás impaciente, o todo a la vez, ante la posibilidad de que la nueva grada no colmara sus expectativas. «Es difícil de explicar lo que siento porque son muchas emociones», advierte a decir con la voz entrecortada. «Me acuerdo de mi hermano, de lo mucho que le hubiera gustado estar hoy aquí y lo que hubiera dado por ver a su Real Sociedad tan cerca del terreno de juego como lo hacía él en Atotxa. Solo puedo dar las gracias porque el nombre de mi hermano quedará para siempre en el corazón de todos los realistas representado en esta espectacular grada de animación».

Para quien le acompaña también es especial esta primera visita a la zona baja de la tribuna Sur de Anoeta, horas antes del partido entre la Real y el Barcelona. Es su hijo de 13 años. Se llama como su tío: Aitor Zabaleta. Él es de otra generación. No conoció Atotxa y apenas ha sufrido el estadio con pistas, pero sabe que el cambio de Anoeta es a mejor solo con ver el rostro sonriente y liberado de su aita. No hace falta que le expliquen nada más: su aita está feliz y le vale. «Desde aquí se huele la hierba, como en Atotxa», rememora Iker, llevándose el dedo índice de su mano a la punta de la nariz.

Se le olvida que el objetivo del fotógrafo le está apuntando y que los compañeros de la web de este periódico también siguen sus pasos. Está en una burbuja, tratando de exprimir cada segundo, consciente de que ese momento, esa primera vez, no lo va a volver a vivir nunca más. Se escuchan golpes de martillo y el ruido producido por las sierras eléctricas, pero Iker no oye nada, sigue con la mirada fija en el infinito de Anoeta, con su brazo izquierdo por encima del hombro de su hijo. «Me encanta. Eskerrik asko», susurra a quien esto escribe y que nada tiene que ver en la decisión de bautizar la grada con el nombre de su hermano y mucho menos con la construcción de la tribuna. «Que mi agradecimiento y el de toda la familia llegue a quienes hayan pensado por un momento en Aitor, solo eso», solicita. Fueron los peñistas de la Real quienes propusieron al club la posibilidad de dar el nombre de uno de los suyos a la grada de animación.

- ¿Cómo le gustaría que fuera el espíritu de la grada Aitor Zabaleta?

- Respetuosa con el rival y con los árbitros, como era Aitor, y sobre todo que se anime a la Real, salte y cante durante todo el partido. Que sea una grada cañera. Me gustaría que cada partido fuera un momento de diversión, que el aficionado lo pase bien, que se ría, se abrace con el que tiene al lado y esté deseando que llegue el siguiente partido para reencontrarse con ese amigo con el que solo coincide en los partidos de la Real. Me gustaría que fuera una grada que una a la gente y no separe.

Desconocía Iker que no queda ninguna localidad libre en la grada Aitor Zabaleta y al conocer el dato, que los 2.339 asientos estarán ocupados en cada partido, se le vuelve a iluminar la cara. «¡Qué guay! ¡Qué guay! No esperaba menos de la afición de la Real: es única, no hay otra igual».

Iker y su hijo Aitor recorren la tribuna de arriba a abajo, de los asientos de la primera fila a los últimos, todavía cubiertos con plástico para protegerlos del polvo que flota en el ambiente. «La gente va a poder estar de pie, ¿no?», cuestiona Aitor. «Se va a hacer raro», se contesta a sí mismo. Habituado él y las nuevas generaciones a seguir sentados los partidos de la Real en Anoeta, la grada Aitor Zabaleta va a alterar cualquier fotografía hecha hasta ahora. «Hacía falta una mayor cercanía entre el aficionado, los jugadores de la Real y el equipo rival -reflexiona Iker-. El punto de presión para el jugador siempre es positivo, tener a la grada con el aliento en el cogote te hace correr más y luchar cada balón como si fuera el último, algo que siempre ha sido ligado a la Real. Y así tiene que seguir siendo para poder morderle la oreja a los grandes. Se podrá jugar mejor o peor pero el espíritu de sacrificio nunca puede faltar y estoy seguro que el aficionado de la grada Aitor Zabaleta va a saber entenderlo y reconocerlo».

De pie, como en Atotxa

Poder seguir los partidos de pie le lleva a Iker a otros tiempos, a otros momentos en los que disfrutó de la Real con su hermano Aitor. «Acudíamos con un grupo de amigos de Ibaeta a la zona de la peña Mujika en Atotxa. Él con los suyos y yo con los míos. Allí nos empezó a cambiar el color de la sangre a blanquiazul». Con el tiempo, Iker tuvo que centrarse en el negocio familiar. Regenta el asador Aratz en el barrio donostiarra de Ibaeta y eso le ha impedido acudir a Anoeta tanto como le gustaría en los últimos años. «De diez partidos, ocho son en horario de hostelería así que...». Pero entre la preparación de uno y otro plato mira de reojo la televisión. «En casa la Real es religión», se justifica. Recuerda que su hermano Aitor acudía a Anoeta con la peña Izar, muy cerca de 'la Mujika', y disfrutaba a tope en cada partido. «No había partido que no acabara afónico...», recuerda entre risas.

Ambos habían podido ver fotografías de la evolución de las obras del estadio, pero como a otros muchos, la percepción de que estamos ante un campo muy cambiado no la han tenido hasta acceder al mismo. Iker pone voz a los cambios sufridos en Anoeta: «No está la pista de atletismo, la estructura del campo es mucho más cerrada, la fachada azul es nueva... Es un campazo a la altura de un gran club como la Real. ¡Ay si estuviera aquí mi hermano...!»..

- ¿En qué ha quedado el juicio al asesino de su hermano?

- Fue un juicio de cuchufleta, no se investigó como debía. Solamente se condenó a una persona del grupo que atacó a mi hermano y a los cuatro días estaba en la calle. Él y su grupo siguen campando a sus anchas porque no hubo una sentencia ejemplarizante. A ese grupo se le debía haber catalogado de grupo armado porque tenían su sede, sus armas y sus banderas esvásticas para atacar a la gente y no se hizo».

Iker es muy crítico con «las actitudes pasivas» que hoy se siguen teniendo ante los enfrentamientos físicos y verbales que se siguen dando en torno a los estadios de fútbol. «¿Cómo puede ser que todavía hoy haya partidos de alto riesgo? Alto riesgo es vivir en una ciudad en guerra y ver pasar las balas y las bombas, pero ¿en el fútbol?». Él sí cree tener la explicación: «Ha habido una altísima permisividad con la agresividad en el fútbol. Solo se ha actuado cuando ha habido fallecidos y no puede ser. No puede ser que las aficiones tengan que ir separadas. No tiene lógica ni razón de ser».

Alguien saca de una bolsa una bandera de la Real. Y, claro, el fotógrafo ya tiene la imagen del reportaje en su cabeza. Es la primera bandera que ondea en la grada Aitor Zabaleta, en el nuevo Anoeta. A partir del sábado se multiplicarán. Es la fotografía por la que viene peleando el presidente Jokin Aperribay y su consejo de administración desde hace años. Iker y Aitor, los Zabaleta, ponen la primera pica. Sonríen, levantan el brazo en señal de victoria y a su espalda aparece el Anoeta remodelado, el que confirma que el fútbol sin pistas de atletismo ha vuelto a Gipuzkoa. «Ba zen garaia! (¡Ya era hora!)», clama Iker.

Aitor tiene curiosidad por ver qué se esconde al fondo de los vomitorios, donde se trabaja a contrarreloj. Los operarios rematan los espacios que acogerán los bares y terminan de acondicionar los servicios para los espectadores. La sorpresa es mayúscula cuando ambos ven que en cada una de las paredes de los vomitorios está reflejado el nombre de su hermano en la señalética que enumera los diferentes sectores. «Si ya estaba emocionado con poder pisar la grada, esto...», confiesa un emocionado Aitor.

Iker no reconoce la nueva zona interior. Todo es nuevo. Las escaleras de acceso al anillo superior están integradas en el estadio. «Está irreconocible, me encanta», advierte.

- Antes de acabar, ¿qué ponemos en la quiniela para el Real Sociedad-Barça?

- No soy el mejor haciendo porras porque siempre le pongo a ganar a la Real (risas). Va a ser un partidazo. La Real Sociedad tiene bajas pero los que jueguen seguro que van a tope. Hay que darles confianza».

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