La Real Sociedad se escurre por sus errores

El técnico del Valladolid, Sergio González, demostró tener bien estudiada a la Real. La asfixió por dentro y la ató bien por fuera

Muralla. Le Normand intenta rematar ante la oposición de dos jugadores vallisoletanos y la mirada de Willian José. / MICHELENA
Muralla. Le Normand intenta rematar ante la oposición de dos jugadores vallisoletanos y la mirada de Willian José. / MICHELENA
Imanol Troyano
IMANOL TROYANO

La Real Sociedad fue ayer como una moto con el mejor motor de la parrilla, pero que no calzó los neumáticos adecuados para la carrera. Y claro, acabó por los suelos cada vez que tomó una curva. Los de Garitano se escurrieron demasiadas veces en noventa minutos y dieron alas a un Valladolid que no necesitó de una mayor potencia de su vehículo para llevarse los tres puntos de Anoeta. Se dedicó a aprovechar los errores de los realistas y a mantenerse ordenado.

La Real se disfrazó ayer de algunas de las víctimas que ha ido dejando atrás esta temporada: Villarreal, Huesca, Athletic, Levante... y el Valladolid actuó como lo hicieron los realistas en aquellos partidos. Esperando el fallo del rival. La Real tuvo delante su propia versión de jornadas anteriores. Y sucumbió.

Lo más improbable que le puede suceder a un equipo es que dos de los mejores jugadores del plantel cometan los errores que cuestan un partido. Improbable, que no imposible. Illarramendi y Moyá consumaron dos pecados que costaron los puntos. A eso hay que añadir que los realistas nunca estuvieron cómodos en el juego interior.

Mikel Merino acompañó en el pivote a Illarra y al pamplonica aún se le vio falto de rodaje. Acumuló una gran cantidad de pérdidas cerca del área y no estuvo del todo acertado a la hora de repartir el cuero. Bien es cierto que el conjunto pucelano cerró muy bien sus líneas por el medio y asfixió a los creadores locales. Oyarzabal, que empezó en la banda, se pasó a la mediapunta y acabó el partido en el carril izquierdo, no entró tanto en juego por dentro debido a la acumulación de hombres blanquivioletas. Sergio González demostró tener bien estudiada a la Real después de haberla espiado en la primera victoria en Anoeta ante el Celta. Consciente del peligro de Januzaj, ordenó que dos de sus hombres estuvieran siempre cerca de él. La banda derecha, la que más producía de la Real Sociedad, estaba bien atada.

Tras analizar el panorama del primer tiempo, Garitano apostó por Sandro para entrar en el campo por un desaparecido Juanmi. Fue un arreón necesario para sus compañeros. El canario es como un tigre enjaulado al que solo le llegará la libertad cuando se estrene como goleador. Su ímpetu es contagioso, pero su falta de acierto está empezando a desquiciar. A él, el primero.

El segundo tanto visitante de la noche desesperó a una grada que veía más cerca el empate. Los jugadores volvieron a levantarse e incluso cantaron premio en un córner. Pero la realidad fue que ese iba a ser el único momento de recompensa en todo el partido. Januzaj, Willian José, el propio Sandro, Illarramendi, Oyarzabal y más tarde Bautista lo intentaron de todas las formas posibles, pero con el asfalto mojado, las gomas de seco de la moto no sirvieron.

Una lección a futuro

La de ayer fue una derrota de las que duelen. Pero de las que tienen que servir como lección para el futuro. Y para el futuro más próximo, porque el sábado toca visitar el Coliseum Alfonso Pérez para enfrentarse al Getafe de Bordalás. El técnico alicantino no suele plantear partidos vistosos y, ahí sí, la Real Sociedad tendrá que remangarse y calzar los neumáticos precisos.

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