Real Sociedad

Oyarzabal se engancha a los once metros

Oyarzabal se engancha a los once metros

El atacante txuri-urdin volvió a confirmar en un gran escenario como Mestalla que es una garantía desde el punto fatídico

Eneko Pérez
ENEKO PÉREZ

Ante todo, seriedad. La cara de Mikel Oyarzabal (Eibar, 1997) en los instantes previos al lanzamiento de un penalti es un manual de la concentración en el deporte de élite. Mente despejada, mirada asesina, rostro constreñido, y un lenguaje corporal que desprende una seguridad y una determinación impropias en un futbolista tan joven. Sabe lo que hace.

El atacante realista anotó hace una semana en Mestalla su cuarto penalti con el club txuri-urdin, el sexto si sumamos los que ha marcado con la selección sub-21. Seis golpeos desde el punto de castigo y seis ejecuciones sin error, con la precisión de un cirujano. De momento, en el conjunto blanquiazul comparte esta responsabilidad con Willian José, quien a su vez la compartió en su día con Xabi Prieto y Carlos Vela.

La diana que marcó en Valencia fue un canto a la impasibilidad. En el minuto 100, con unas gradas en estado de ebullición, perdiendo por un gol de diferencia, y sabiendo que tras el lanzamiento el partido ya no va a tener más recorrido: puerta grande o enfermería, no había otra salida. En el momento exacto en el que Gil Manzano, el árbitro del choque, decreta la pena máxima gracias a esa imprudente mano de Coquelin, el canterano solo piensa en una cosa: «voy a meterlo».

Con esa determinación habla con Willian José y le convence en un abrir y cerrar de ojos para que le ceda esa responsabilidad. Oyarzabal pone el 'mute' al sonido ambiente y en ese instante solo existen el balón, la portería -enorme para él-, el guardameta y él mismo. La consecuencia es conocida por todos, alegría en el conjunto guipuzcoano y caras de incredulidad en el valenciano.

Tras los pasos de Prieto

Más allá del aspecto psicológico que siempre trae consigo una acción de estas características, sigue llamando la atención su mecánica de tiro, tal vez porque ha lanzado pocos. Pero su estilo ya empieza a ser reconocible, y recuerda, en parte, a Xabi Prieto, el último gran lanzador de penaltis de la Real Sociedad, que convirtió 23 (tres de ellos en Segunda) y registró un solo error.

Al igual que Oyarzabal, que marcó su primer penal en San Mamés, Prieto también se estrenó en un campo difícil, el Santiago Bernabéu y ante un Real Madrid en estado de descomposición. El donostiarra anotó el cuarto y definitivo gol del partido haciendo una leve parada antes de golpear el esférico con muchísima suavidad, con un estilo similar al que puso de moda el jugador checoslovaco Antonin Panenka en la Eurocopa de 1976. Como el anterior heredero del '10', Oyarzabal aguanta la mirada al portero de turno y espera hasta el último momento en el que este se vence. En ese momento, y tras una ligera 'paradinha' -con un saltito previo-, chuta. De momento, su efectividad es del 100%. No solo eso, en los seis que ha lanzado hasta ahora ha conseguido engañar siempre al guardameta.

Sus penaltis

Contra el Athletic.
El primero que anotó como profesional, en San Mamés en la primera vuelta de la temporada 18/19.
Contra el Athletic.
En ese mismo partido, el eibartarra repite desde los once metros y marca.
Contra el Sevilla.
La Real cae 5-2 en el Sánchez Pizjuán pero Oyarzabal marca dos tantos, uno de ellos de penalti
Contra el Valencia.
El último anotado por el txuri-urdin, en Mestalla. Valió para empatar.
Contra Francia sub-21.
En las semifinales del Europeo sub-21 este verano, provoca el penalti y él mismo se encarga de marcarlo.
Contra Francia sub-21.
Ante el mismo rival -y el mismo portero, Bernardoni-, pero en un amistoso previo al Europeo. No perdonó.

Detrás de esta eficiencia hay un talento innato, pero también hay trabajo. El propio jugador reconoce a este periódico que no recuerda haber tirado penaltis en su época de juvenil (temporadas 13/14 y 14/15), pero es algo que al eibartarra le gusta entrenar en Zubieta para ir mejorando su técnica. Así lo confirmó ayer el entrenador txuri-urdin, Imanol Alguacil, cuando fue cuestionado por los lanzadores del equipo esta temporada: «Tenemos muchas variantes y no hay un orden establecido. La gestión sobre quién lo tira se la dejo a ellos, porque a veces uno tiene un golpe, otro está cansado o sin confianza... Cuando haya un problema, ya cambiaremos algo. Hoy (por ayer) han estado practicando Oyarzabal, Willian, Odegaard e Isak, y son jugadores de sobra capacitados para lanzarlos».

López Ufarte, Bienzobas...

Con solo 22 años y cuatro temporadas en Primera, al delantero realista se le adivina un gran futuro en el fútbol. Si decide continuar en Donostia -ofertas no le van a faltar para marcharse-, Oyarzabal se codearía dentro de pocos años con otros grandes lanzadores desde los once metros que han defendido la camiseta blanquiazul.

En los últimos años, los más reconocibles han sido -además de Xabi Prieto- Carlos Vela, Valery Karpin, Darko Kovacevic, Javi de Pedro, Meho Kodro, John Aldridge, Inaxio Kortabarria o Roberto López Ufarte. Este último, legendario atacante de la Real que maravilló al mundo en la década de los 80, transformó en gol 26 disparos desde el punto de penalti.

No obstante, antes incluso de que estos jugadores llegasen al mundo, hubo otro depredador del área que se especializó en el arte de la pena máxima: Paco Bienzobas (Donostia, 1909-1981). El histórico delantero donostiarra, el único jugador de la Real que terminó una Liga como máximo goleador -y el primero de la historia en 1929-, solo falló un lanzamiento a lo largo de toda su carrera, y según algunas fuentes, llegó a convertir la friolera de 75 penaltis antes de colgar las botas en 1942. Las crónicas de la época hablan de él como «un jugador rápido, hábil e incisivo», cualidades que bien podrían definir actualmente al '10' realista.

Prieto y Savio, dos penaltis de infausto recuerdo

La campaña 2006/2007, esa en la que la Real perdió la categoría tras pasar 40 años seguidos en Primera, fue una sucesión de desgracias. Dos de ellas se vivieron desde el punto de penalti. El primero se dio en un derbi en Anoeta, en la jornada 20. Un histórico como Xabi Prieto erró el que pudo haber sido el empate (su único fallo desde los once metros en su carrera), y aquel encuentro terminó 0-2. La otra pena máxima fue la de Savio ante el Racing también jugando como locales, a dos jornadas de terminar la Liga. Con el duelo 1-1, el brasileño falló un penalti en el minuto 87 y el estadio donostiarra enmudeció durante unos segundos. Aquella plantilla estaba condenada al descenso.