OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

Cuando nos compramos un aparato electrónico todos sospechamos que ha sido diseñado para durar poco más allá del período que cubre la garantía. Ese modo de fabricación, que calcula de antemano la duración de un producto, tiene hasta un nombre endosado, denominado obsolescencia programada. Salvando las distancias, es lo que parece ocurrir con el Eibar, que afronta la recta final de la temporada con su maquinaria a medio gas debido a las numerosas piezas que ha ido perdiendo por el camino.

El engranaje ha colapsado justo en vísperas de un derbi al que el conjunto armero llega con solo 16 efectivos del primer equipo disponibles. Y no es casualidad. La acumulación de lesiones no se puede achacar solo a la mala suerte, porque era algo que se veía venir. Si había un jugador que tenía todos los boletos para romperse si jugaba tres partidos seguidos era Iván Ramis y tanto el balear como Mendilibar lo sabían, pero no quedó más remedio que correr el riesgo y se perdió.

Arbilla ya lo había dado todo por la causa y hasta el irreductible Diop cayó víctima de una exigente temporada en la que el de Zaldibar se ha apoyado en quince de los veinte jugadores que ha tenido a su disposición a lo largo del año hasta que Pedro León ha podido aparecer de manera intermitente. Él asume que su táctica supone exprimir al máximo a sus jugadores, especialmente a los veteranos, que es en los que más confía, pero es evidente que logra el resultado deseado, porque en sus tres temporadas anteriores el Eibar se salvó con varias jornadas de antelación y este año no es una excepción.

Lo importante, independientemente del puesto que firme, es que el conjunto azulgrana seguirá un año más en Primera. Lo que sí parece obvio es que para aspirar a metas más ambiciosas es preciso tener una plantilla más amplia para llegar más entero al final.