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El día que Atotxa legalizó la ikurriña

Inaxio Kortabarria y José Ángel Iribar sacan la ikurriña a Atotxa el 5 de diciembre de 1975, con Joxean de la Hoz Uranga caminando entre los dos capitanes.
Inaxio Kortabarria y José Ángel Iribar sacan la ikurriña a Atotxa el 5 de diciembre de 1975, con Joxean de la Hoz Uranga caminando entre los dos capitanes. / AYGÜES
  • Hoy se cumplen 40 años del partido en el que Real y Athletic sacaron al campo la enseña vasca aún proscrita

  • La imagen icónica de Inaxio Kortabarria y José Ángel Iribar caminando con orgullo hacia el centro del campo forma parte de la historia del país

«El 5 de diciembre de 1976 pasará a la historia y no precisamente por la estentórea goleada sino por muchos y muy variados motivos; porque el pueblo vasco, o una parte muy representativa del mismo, se manifestó sin manipulaciones de ningún tipo y gritó hasta desgañitarse sus reivindicaciones más perentorias. Porque el fútbol logró su auténtica imagen de hecho sociopolítico de envergadura, gracias, sobre todo, a la admirable decisión de unos futbolistas que demostraron ser hijos de su pueblo, hermanos de quienes les alentaban desde las gradas y no ídolos llegados desde ningún Olimpo de millones».

Así arranca la crónica de este periódico en la que se relató el partido en que la Real Sociedad y el Athletic, Inaxio Kortabarria y José Ángel Iribar, sacaron a Atotxa la ikurriña, todavía proscrita y con su exhibición perseguida pese a que Franco había muerto hacía más de un año. Firmada por Gorka Reizabal, el relato añadía que «cuando José Antonio de la Hoz Uranga desplegó la ikurriña y Kortabarria e Iribar la elevaron, la respuesta fue un clamor».

El 5 de diciembre de 1976, en efecto, es una fecha que ha quedado en la historia del fútbol vasco y del país. Pocas semanas después, en las vísperas del día de San Sebastián, la ikurriña por fin fue legalizada. El fútbol había cumplido con su función de aglutinador social y había actuado de catalizador para una reivindicación nacional abrazada por la ciudadanía.

La imagen de los imponentes Kortabarria e Iribar resultó icónica y hoy sigue vigente. No fueron los primeros en arriesgarse a sacar la ikurriña, pero su decisión queda en el imaginario colectivo del país como la legalización de facto y por iniciativa popular, no por una concesión del poder establecido, del símbolo nacional vasco por excelencia.

Cómo llegó la ikurriña al centro del campo de Atotxa es la historia de su tiempo. La idea se gestó en el vestuario de la Real entre tres personas, Inaxio Kortabarria, Joxean de la Hoz Uranga y Salva Iriarte. Como la situación política no dejaba otra opción que hacerlo de forma clandestina, el asunto se manejó en ese círculo reducido. El resto de la plantilla de la Real se enteró en los días previos y el Athletic, hora y media antes del partido en el vestuario de Atotxa. Iribar dijo a Kortabarria que necesitaba consultar con sus compañeros y que solo accederían a secundar la iniciativa en caso de unanimidad en la caseta.

En el vestuario del Athletic, como en el de la Real, había hombres de diferentes orígenes y procedencia social, reflejo de la sociedad vasca del momento. Esa diversidad no generó, sin embargo, grietas. Hubo unanimidad. A nadie se le escapaba el riesgo de la empresa, como se encargaban de recordar los cientos de 'grises' (policía armada) que rodeaban el perímetro del campo.

Compromiso político

Inaxio Kortabarria, siempre reacio a las apariciones públicas, expresó su punto de vista en el documental 'Atotxako ikurriña ezkutua'. El gran capitán arrasatearra recuerda que «en aquella época las cosas no eran nada fáciles. Después de tantos años sometidos bajo Franco, la gente veía la necesidad de hacer cosas y nosotros, los futbolistas, como ciudadanos corrientes, adquirimos el compromiso de sacar la ikurriña».

El central realista no oculta su satisfacción por haber dado aquel paso. «En las fotografías se nos ve llevando la ikurriña muy arriba, con gran orgullo. Recuerdo los gestos de la gente. Fueron momentos emocionantes. Me sentí muy orgulloso de hacer lo que tenía que hacer».

Kortabarria cree que aquello «fue un paso adelante» en la reivindicación nacional, aunque «luego vinieron otras cosas y cada uno adquirió su compromiso».

José Ángel Iribar -cuya participación en este reportaje declinaron en el servicio de prensa del Athletic- recordaba hace pocas fechas en una entrevista en este periódico que aquel día fue «inolvidable. Todo el mérito fue de los jugadores de la Real. Nos comentaron su iniciativa según llegamos a Atotxa y allí se organizó todo. Mis compañeros lo ratificaron cuando se lo expuse. Pensamos que era un buen momento, aunque la ikurriña no estaba autorizada. Trajo una Uranga y salimos los dos equipos juntos, sin saber lo que iba a pasar. Durante el partido llegué a pensar qué podría suceder dependiendo de las órdenes que recibieran los grises. Pero mereció la pena porque la fiesta fue completa y, de hecho, aquel día avanzamos mucho hacia la legalización de nuestra ikurriña».

El mítico portero zarauztarra añadía que «siempre he sido partidario de aunar fuerzas, pero democráticamente. La política necesita mucho tiempo. A veces hay exceso de prisa en hacer las cosas y, desgraciadamente, otras todo va demasiado despacio». Preguntado si se inculca a los jugadores que no se signifiquen para no mezclar el deporte con la política, el 'Chopo' respondía que «eso lo ha dicho el poder, el que manda, aunque ellos actúan de otra manera. Cuando con España ganamos la Eurocopa contra la URSS, imagínate si se hizo política con aquello. Además, por ganarle al demonio, como se les catalogaba entonces a los rusos. Soy de los que creen que tengas la opinión que tengas, si eres un futbolista que representa a un club tan plural, tienes que ser cauto a la hora de definirte políticamente para no herir sensibilidades. Ahora bien, también creo que cada uno debería tener libertad de expresar sus opiniones. Pero...»

«Conciencia nacional y social»

Joxean de la Hoz Uranga, además de ser uno de los promotores ideológicos, corrió con gran parte de los aspectos prácticos. Encargó a su hermana la confección de la ikurriña, la llevó hasta Atocha y se la entregó a Iribar y Kortabarria. Uranga destaca que «había una conciencia nacional y social y la ikurriña expresaba el sentir de un pueblo, la reivindicación de Euskadi como nación».

El getariarra defiende que la decisión de sacar la ikurriña fue un desafío de carácter político, y que así se debe interpretar. «Como parte de un grupo de privilegiados de la sociedad, como futbolistas, algunos estábamos más concienciados con el tema nacional y social que otros y pensábamos que teníamos que hacer algo».

«Sacar la ikurriña -continúa- no fue una cosa espontánea que se nos ocurrió y la hicimos. Formábamos parte de la sociedad y conocíamos sus reivindicaciones. Entonces, la ikurriña era un sentir prácticamente unánime. La ikurriña como idiosincrasia, como identidad de un pueblo, de su soberanía».

Recuerda que aunque fue aquella tarde lo que quedó para la historia, la Real ya se había sumado al ambiente reivindicativo que agitaba a la sociedad, por ejemplo, esquivando una invitación de la capitanía militar de Burgos para jugar un amistoso en 1974 o cuando el equipo salió con una pancarta en favor de los «refugiados y represaliados» en un partido contra el Las Palmas.

Uranga cree que «se reivindicaba la libertad y que el pueblo decidiese» y que «había una conciencia nacional más unificada» que actualmente, cuando se pueden defender causas solidarias pero «sería imposible una reivindicación nacional así», lo que le lleva a hablar de «decepción. Yo esperaba mucho más. Iribar y Kortabarria creo que también».

Salir del cuarto oscuro

Salva Iriarte, suplente aquel día, fue el encargado de meter la ikurriña en el campo. Lo hizo por el ventanuco que se abría del vestuario de la Real al paseo del Duque de Mandas. Su visión de lo que motivó aquella histórica iniciativa incluye algunos matices. «Lo más importante es que era una reivindicación de libertad. Esto era lo que a mí me rondaba en la cabeza en aquel momento. Cosas elementales en cuanto a la libertad. Ni nosotros nos imaginábamos qué podía suponer aquello. La misma semana de haberlo hecho fue increíble. Hubo gente que nos dijo que había llorado».

Después de 40 años, el beasaindarra recuerda que «queríamos dar un golpe. En mi caso era más una inquietud social de decir qué pasa aquí, me tienen en un cuarto oscuro. Voy a empujar la puerta aunque no sé lo que me va a pasar fuera. Ves la oportunidad, ves una puerta y dices 'vamos a empujar y salir todos de aquí'. Ya había muchas fuerzas empujando en aquel momento. Mucha gente que tenía ganas de decir ya vale, ya está bien. Inaxio y Joxean tenían otro compromiso político. A mí me gusta tener libertad y poder expresarme sin hacer daño a nadie. Tengo una visión diferente a la de ellos en el aspecto político, pero muchas cosas confluían allí».

Sí coincide en que cree que hizo «lo que tenía que hacer en aquel momento y lo hice convencido, además. Había que dar un golpe. Sabíamos que iba a tener repercusión. En ese momento haces lo que crees que tienes que hacer y estoy contento de haberlo hecho, de haberme comprometido con aquello».

La crónica de DV aquel día -que se titulaba 'Atocha fue una emocionante manifestación y no solo futbolística'- terminaba así: «Este fue el partido del pretexto de esa grandiosa fiesta vasca que se celebró en su derredor. ¡Aupa gizonak, jeiki mutil!». Era martes 7 de diciembre de 1976. Los lunes no había periódico.

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