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Díaz de Cerio: «Me ha encantado jugar al fútbol, pero no su mundo»

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Iñigo nunca dejó de ser socio de la Real y también lo es del Athletic. / JOSÉ USOZ

  • DÍAZ DE CERIO, EXJUGADOR DE LA REAL SOCIEDAD, Iñigo Díaz de Cerio fue uno de los goleadores de la cantera de la Real, pero cogió el tren del Athletic y su carrera se truncó pronto. Hoy es un joven empresario.

Con Iñigo Díaz de Cerio puedes mantener una conversación seria y profunda, porque tiene un sentido claro de lo que quiere en la vida y analiza la realidad con una gran sensatez. Tiene sólo 31 años y hace uno que dejó de ser futbolista, después de que en la Real fuera de los delanteros de casa más efectivos cara al gol. Pero una grave lesión en Anoeta, en un aparatoso choque con el portero del Eibar le cambió el futuro. Es verdad que siguió camino en el Athletic, cedido al Córdoba, luego al Numancia y, finalmente, en el Mirandés, donde colgó las botas porque el fútbol le gusta, pero no lo que lleva dentro y ha enfocado su vida por otros derroteros. El mundo de la empresa es su actual ocupación y, entre sus trabajos está la orientación de los actos del centenario del Real Unión. Está rodeado de chicas en casa y agradece poder disfrutar de su vida familiar. Con Iñigo quedó la duda de si su compromiso con el Athletic fue anterior a lo que nos contó. Hoy lo aclara en una entrevista en la que se muestra muy sincero.

- ¿Cómo le va la vida?

- Pues muy bien.

- No le vemos en ninguna alineación.

- El fútbol ya lo dejé el pasado año, la temporada pasada ya no jugué. Me aventuré en un par de negocios en los que el fútbol me ha permitido invertir y ahí estoy, luchando por la vida.

- Pero fue uno de los delanteros goleadores que últimamente tuvo la cantera de la Real.

- Bueno, un poco sí. Imanol Agirretxe ya me ha pasado por la derecha, pero tengo el dudoso honor de ser el máximo goleador de la historia de la Real en Segunda División, si a eso se le puede llamar honor, por eso digo que dudoso, pero es verdad que luché todo lo que pude por los colores txuriurdiñak.

- Pero era el primer equipo de la Real, aunque fuera en Segunda...

- Eso sí, me tocó estar en unos años complicados, siempre digo que fueron los más negros de la historia de la Real, pero fueron los que fueron y allí quedaron. Me tocó estar en ellos y se aprende mucho también.

- Es cierto que justo cuando se fue el equipo empezó a flotar. Vaya mala suerte ¿no?

- Pongo por delante que soy donostiarra, que he estado siete años en el club, y que tuve la opción de irme tres años antes porque dos equipos de Primera quisieron ficharme, también el Athletic, pero decidí continuar en la Real. Luego por el camino pasaron cosas, pero siempre tuve ganas de triunfar en casa.

- Le dio pena entonces no estar en los episodios que vivió el equipo siguientes a su marcha...

- Imagínate, después de bajar en Valencia, de vivir sobre todo el no ascenso de Vitoria, que fue la espina clavada en mi carrera deportiva, mucho más allá de la lesión... y cuando te vas, justo asciende el equipo. Tienes envidia sana, las cosas como son, pero no me puedo arrepentir de nada de lo que he hecho, porque he vivido otras circunstancias, ese año jugué competición europea y una Supercopa de España. He vivido otras cosas también.

- ¿Pero le ha pasado demasiado rápido el fútbol?

- Probablemente. Me llegó muy tarde, fiché por la Real cuando ya no lo pensaba a los dieciocho años y lo he vivido muy rápido. Es curiosa mi historia. Pero he madurado mucho, he aprendido cosas muy importantes para la vida y he conocido a muchísima gente por el camino, que es lo que te queda.

- Siempre tuve la sensación cuando trataba con usted que era profundo en sus reflexiones. ¿Tal vez por eso acabó pronto en el fútbol?

- No. Hace tiempo que hablaba con compañeros del Athletic cuando estaba allí y ya fuera cuando todo me iba bien o no tan bien, les decía que el fútbol lo dejaría yo, que no sería el fútbol el que me dejara a mí. Recuerdo conversaciones con Igor Gabilondo, cuando le decía que a los treinta años lo dejaría porque el fútbol, visto desde fuera, es una cosa, pero cuando es tu trabajo, estás en una empresa y tiene sus dificultades y sus condicionantes. Desde dentro es muy diferente, porque tiene muchísimas cosas buenas, pero otras no tanto, que tienes que aguantar y yo no me sentía cómodo.

- Díganos entonces ¿cómo es el fútbol por dentro?

- Diferente. Es una empresa, un trabajo, con sus jefes y condiciones, estás expuesto públicamente, algo que a mí no me gusta, aunque creo que me he adecuado bien. La competencia hasta cierto punto se puede llevar, pero cuando ves que quieren pasarte por encima y mandan los intereses que no son meramente futbolísticos, es cuando empiezas a cuestionarte que quizás no es el mundo en el que quieres estar.

- ¿Y por qué le ha pasado?

- Yo creo que pasa a todos y otra cosa es que miren a otro lado cuando ocurren y sobre esto sí que le daba vueltas a la cabeza y reflexionaba. Quizás tenga una ética demasiado fuerte y no me sentía cómodo con las situaciones que me ofrecía el fútbol.

- ¿Se había aburrido de lo que le pasaba en la Real?

- No, ni en la Real ni en el Athletic ni en ningún lado. A mí siempre me ha encantado jugar al fútbol, lo que no me ha gustado es el mundo del fútbol, que es diferente. Tengo una frase que la habrán dicho miles, desde el momento que debutas disfrutas del fútbol, pero de otra manera, es tu trabajo. Yo, cuando probablemente mas disfruté fue en mi Sporting de Herrera, en el Sanse y en el primer año del Mirandés, que era un equipo semi amateur.

- ¿Qué cosas fueron esas que dice que le empujaron a cambiar el rumbo que llevaba en la Real?

- El tren que me vino era económicamente mejor, también deportivamente jugaba en Primera y en la competición europea y no sabías en la Real cuándo podía tenerlo. Esa fue la decisión.

- ¿Fue un camino equivocado?

- No. Yo era superconsciente de lo que dejaba por el camino, los riesgos a los que me exponía y salía de un estado de confort con el que en la Real me había conseguido hacer un nombre. La gente te tiene aprecio y era volcar en tu casa todo ese aprecio en un desprecio. Por eso tienes que valorar bien cuando tomas un cambio de rumbo y más hacia donde lo tomé. No lo lamento, lo hice convencido de que era lo mejor para mí, si no, no lo hubiera hecho, por eso no tengo la palabra arrepentir en mi diccionario.

- ¿Tuvo consecuencias?

- Al principio sí, y yo lo asumía, porque me parece normal. Ya sé lo que supone cada vez que cruzo la A8, lo intuyes y sabes que gente que has tenido a tu lado ya no va a estar. Más me dolió por los familiares, que a veces tuvieron que escuchar cosas que no gustan, pero...

- Cuesta creer que le fichara el Athletic con aquella lesión.

- Pues me llamó también Roberto Olabe desde el Valladolid por si quería fichar. Se arriesgaron conmigo. Les salí mal, pero era un delantero que metía goles en Segunda y libre de contrato, además de vasco. Tampoco el Athletic tenía mucho más donde elegir entonces.

- ¿Duró mucho ese desencuentro con seguidores de la Real?

- Bueno, como a mí me fue mal y a la Real le fue bien enseguida todo fue más fácil. Al final le daba hasta pena a la gente... ¡qué pobre me decían! Se acordaban de la lesión. Estuve un año sin venir a Donostia, porque no me apetecía pasear por mi ciudad y que me dijeran algo incómodo. Era volver a casa, pero no me apetecía.

- ¿Qué le parece la vuelta de Illarra, otro canterano repescado?

- Que un jugador de su categoría vuelva a casa es una noticia para alegrarse. Quizás se pueda discrepar empresarialmente de la operación, por costosa, pero a nivel deportivo no hay duda de que va a aportar muchísimo, porque seguro que por el camino habrá madurado y es mejor jugador.

- ¿Qué le transmite Moyes?

- Seriedad, disciplina y otro estilo. Por suerte aún hablo con muchos de los que están dentro del club y que son mis amigos y me cuentan que es un entrenador de otra cultura, de otra manera de entender el fútbol. El equipo es mucho más compacto y mucho más difícil de ganar, quizás haya sacrificado la vistosidad, pero lo que cuenta al final de temporada son los puntos que tienes y no los goles que has metido.

- Hablando de goles. ¿Quién tiene que jugar Jonathas o Imanol?

- Yo siempre voy a defender a Imanol Agirretxe, le llevo defendiendo toda la vida, me parece un jugador espectacular. Siempre digo que el Barça nos ha hecho mucho daño a los delanteros, porque prescinde de ellos y parece que seamos una especie en extinción. Imanol con otro delantero al lado sería aún mucho mejor.

- ¿Por qué no triunfó en el Athletic?

- Primero porque llegué tarde por la lesión, segundo porque había una pareja que funcionaba, Llorente-Toquero. Si fuese el entrenador del Athletic tampoco me hubiera puesto, las cosas como son. Eran pili y mili y para el juego de Caparrós, una pareja perfecta. No había sitio para mí.

- ¿De Córdoba mejor no hablar?

- Fue la etapa más dura de mi vida deportiva. En Bilbao estaba arropado, pero allí me tocó un entrenador que tenía una disputa con Javier Zubillaga, que era el director deportivo que apostó por mí y quizás pagué el pato. Me dijeron desde el Athletic que allí no pintaba nada y regresé en invierno. Luego fui a Soria, de rebote, también con mala suerte, aunque al final de temporada me ofrecieron tres años y preferí el Mirandés. En el primer año lo pasé en grande, era un proyecto que nacía y disfrutamos. Muy buen ambiente, lo más agradable del fútbol. Y a los treinta años, aunque me llamó de nuevo Zubillaga para el Alavés, me tiraban más otras cosas y allí acabó mi historia futbolística. Me dediqué a trabajar en las olas artificiales y a una consultoría de recursos humanos.