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Iñaki Alkiza:«Con Anoeta tuvimos que pasar por el aro, porque era eso o nada»

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Junto al monolito a Alberto Ormaetxea y a las puertas de Anoeta, Iñaki Alkiza nos cuenta los pormenores de su intensa actividad en la Real y la política. / LUSA

  • Presidió la Real que convirtió el club en sociedad anónima, tuvo que recurrir a los fichajes de extranjeros y traspasaron la sede a Anoeta

A sus 81 años mantiene una cabeza privilegiada. Iñaki Alkiza ha sido un perejil en muchas salsas y puede asegurarse que de todas ellas ha salido airoso, como él mismo presume. Perdió a su amatxo a los cinco años y a los quince se quedó también sin aita, sufrió algunas enfermedades, como la que le obligó a dejar el fútbol cuando era jugador de la Real. Luego alternó la directiva realista con la politica y como presidente del primer club de Gipuzkoa tuvo que afrontar momentos decisivos de la historia de la Real, como la incorporación de extranjeros, la conversión del club en sociedad anónima y el cambio de campo de Atotxa a Anoeta, sin olvidar que de su mano estuvo la reestructuración del equipo después de los mejores años con los dos títulos de Liga. La conversación con Alkiza, a las puertas de Anoeta, estuvo llena de anécdotas que recuerda como si fueran de hoy.

- ¿Qué le ha dejado el fútbol?

- Me ha llenado mucho. Yo empecé en la playa con La Salle y llegamos a una final que perdimos con los Jesuitas. Por cierto que el fraile me echó una bronca de aquí te espero porque me puso de delantero centro, que no sabía lo que era eso, y me llegó a decir que nunca sería nada en el fútbol.

- Futbolista en el Hernani y luego en la Real, siendo muy joven aún tuvo que dejarlo. ¿Por qué?

- Caí enfermo. A los 26 años perdí un riñón y ya no me pude recuperar. Coincidí con Igoa en el mismo médico y en 1961 lo tuve que dejar después de haber llegado a la Real en el 56 y disputar 73 partidos.

- ¿...?

- Fíjate que había jugado casi todos los partidos de la temporada 59/60 con Salvador Artigas y ficharon a Baltasar Albéniz como entrenador y empezó la temporada y nada y nada y nada... Hasta que un día coincidí con él en la salida de Atotxa y dije 'ésta es la mía'. Le pregunté si no quería contar conmigo y me contestó tajante: «No me gusta como juega usted y no le pienso poner». Entre eso y que estaba enfermo tuve que colgar las botas. Me olvidé del fútbol durante un tiempo.

- Pero volvió...

- Si. Yo estaba en el PNV y querían que nos metiéramos en la Real. Entré con Patxi San Sebastián (q.e.p.d). Fue un tema político. Pensé al principio que iba a ser presidente, porque José Luis Orbegozo había anunciado unos meses antes que lo iba a dejar. Me presenté solo a las siguientes elecciones, pero José Luis dio la vuelta y dijo que quería seguir y retiré de inmediato mi candidatura y las firmas y segui con él como directivo. Estando en la semifinal de la Copa de Europa en Hamburgo él me presentó como nuevo preeidente sin yo saberlo. Allí se movió mi candidatura. Entré como presidente en el 83.

Toshack, ese desconocido

- De entrada le tocó le regeneración de la plantilla bicampeona...

- Pues sí. Quedamos séptimos con Ormaetxea y en la directiva se dijo que había que traer un extranjero. Yo había hablado con Jabo Irureta y casi me había comprometido a ficharle, pero no sé por qué nos fuimos a por el entrenador del Celtic de Glasgow, pero estaba en Segunda y nos comentó que si subían a Primera se tenía que quedar. Él mismo nos dijo que había un entrenador joven que estaba en Lisboa a punto de dejarlo que nos podía valer. Y nos fuimos a por Toshack, al que no conocíamos de nada, pero nos lo recomendaron.

- ¿Y fue una buena experiencia vista desde el presidente?

- Vaya por delante que opino que los entrenadores tienen sus cosas, como el resto de la gente del fútbol, y a John le costó tiempo adaptarse al equipo, o el equipo a él. Hasta la segunda vuelta no le cogió bien la onda y com Uralde y Bakero marcaron muchos goles nos fue mejor.

- ¿Fue decisiva para su marcha de la presidencia el trato que Toshack dio a su hijo?

- Él me estaba pidiendo que lo vendiese, que seguro que con la buena imagen que tenía podía conseguir un buen dinero. Yo creo que se obsesionó por traer al mexicano Luis García, que luego jugó poco, y todo venía por ahí. A mí me puso entre la espada y la pared y dejé la Real.

- ¿Cómo terminó el asunto?

- Yo sabía que en aquella tesitura algo iban a hacer con Bittor y al año siguiente de dejar la presidencia me llamó Uranga para decirme que lo habían vendido, que fuera a por él, que veraneaba en Yesa, y lo trajera. Pregunté entonces a qué equipo y me dijeron que al Athletic. Si te digo la verdad, nos sorprendió que fuera el Athletic, pero le dije al chaval que visto el panorama, Toshack no lo iba a poner y que mejor era salir. Y así fue. Llamamos a Miguel Santos, para que veas cómo es el fútbol después de los follones que habíamos tenido con él en la Real, y lo resolvieron rápido, en hora y media. Al día siguiente entrenó todavía con la Real, pasó reconocimiento médico por la tarde y aún volvió a Zubieta antes de irse a Bilbao. Un poco a regañadientes ésa es la verdad, pero salió bien.

S.A. y Anoeta

- Dos temas de calado en su tramo de presidencia: la conversión en sociedad anónima y Anoeta...

- Todos dijeron que había sido una conversión en sociedad anónima modélica, porque la hicimos con mucha gente que se llevaba pocas acciones y estuvo muy repartido. Todos de casa y sin necesidad de recurrir a grandes compras. El remate lo hizo mi buen amigo Manolo Malvido, que en paz descanse. La verdad es que toda la directiva trabajó estupendamente y en Madrid nos felicitaron y dijeron que éramos los mejores.

- Y Atotxa se quedaba pequeño y era arriesgado para la gente...

- Era muy difícil calcular cuánta gente podía entrar en Atotxa, porque había muchos de pie. Tampoco iba demasiado público. Un agente bilbaino hizo un informe y nos dijo que si hacíamos un campo nuevo, de quince mil socios facilmente pasaríamos a veinticinco mil.

- ¿Anoeta era la mejor solución?

- Más que aceptar Anoeta como lo proponían fue una obligación. La única forma de sacarlo adelante era de la forma que se hizo, pese a las protestas que planteamos en lo diferentes estamentos. Después de mirar por todos los puntos de San Sebastián para buscar dónde hacer un campo, al final tuvimos que pasar por el aro. Confío en que se pueda llevar adelante la remodelación que se prentende para acercar las gradas al campo como queríamos.

- Desde 1960 la Real no tenía extranjeros. ¿Tuvieron que volver a ellos?

- Yo ya conocí a algunos extranjeros que jugaron en la Real hace mucho. Loren se fue al Athletic y se lesionó Igoa, así que en agosto nos encontramos sin delantero, así que hubo que buscar una alternativa y recurrimos a Inglaterra. Trajimos a Aldridge y por lo que hizo y lo que vimos en su reciente homenaje se comprobó que fue una buena decisión. Se adaptó enseguida.

- ¿Ha temido por el futuro del club?

- Pues sí. Lo temí cuando se bajó a Segunda. Hubo gente que pasó de largo de la presidencia y eso no es bueno, acostumbrados como estábamos a estar unos cuantos años. Luego hablaban de chinos que nunca vimos. El actual Consejo lo ha hecho bien y ya es otra cosa.

- ¿Cómo ve a Moyes?

- Todavía nada. Le pasó también a Toshack en la primera media temporada. Ultimamente me dan ganas hasta de no venir a Anoeta, porque no veo fútbol y los horarios... Eso sí, por la tele no lo soporto, porque no veo bien al equipo. Jugando así no llegaremos a donde queremos. Mi corazón no lo resiste. ¡Ojalá le dé la vuelta Moyes!