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Mikel Aranburu estuvo rodeado en el palco por familiares, amigos y compañeros. Inaxio Kortabarria le entregó una camiseta con la cifra 427, el número de partidos oficiales que jugó con la Real
14 de mayo de 2012
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Aranburu, ya en el banquillo, junto a Zubikarai y Agirretxe. :: LÓPEZ
DV | SAN SEBASTIÁN..-

«Por vivir un día como éste ha merecido la pena toda mi carrera». Las sentidas palabras de Mikel Aranburu resumen todas las emociones que se desataron a lo largo de un homenaje que se extendió tanto como el último encuentro de Liga contra el Valencia. Los actos de despedida no acabaron sobre el césped del estadio. Tuvieron su prolongación en el palco de Anoeta una vez concluido el partido. Allí, el azpeitiarra también vivió unos momentos de lo más especiales.

El jugador, que se mostró sorprendido con todo lo que sucedió en el césped, tampoco se esperaba el homenaje que se celebró minutos después en el palco. El capitán realista, a estas alturas la última leyenda de la Real, se llevó otra interminable ovación cuando, un poco después del pitido final, llegó al palco presidencial tras pasar por última vez por la ducha en el vestuario de Anoeta.

Mikel Aranburu estuvo rodeado en el postpartido del cariño de todos sus seres más queridos. Allí estaban invitados a una noche mágica sus aitas, su pareja, su hijo, sus hermanos y también amigos y compañeros de vestuario.

No es raro que le frecieran una bienvenida tan calurosa como merecida. Todos ellos aprovecharon para disfrutar durante unos minutos de su compañía y compartir una jornada inolvidable con el último mito de la Real.

Porque el club supo rodear a su capitán de los últimos años con todos aquellos que significaban algo para el futbolsita que se despedía. Allí se dieron cita también ídolos de su infancia como Inaxio Kortabarria, quien le entregó una camiseta con el 427 inscrito en el pecho, por los partidos oficiales que Mikel ha disputado con la Real Sociedad.

Después de que un dantzari de su cuadrilla le dedicase un emotivo aurresku, Mikel Aranburu recogió la tradicional makila de manos del presidente Jokin Aperribay, quien le agradeció toda su trayectoria y compromiso con la Real. Han sido veinte años en el club. Llegó de Azpeitia, del Lagun Onak, con trece y se marchó el sábado con 33.

Aranburu también recibió otros muchos regalos, todos le llenaron de alegría, pero nada que le tocara la fibra tanto como el cariño que desprendían todos los que estaban a su alrededor.

El palco estaba repleto de su entorno más cercano. No faltó la representación institucional. Junto a la directiva de la Real estaban presentes, entre otros, representantes del Ayuntamiento de Azpeitia, de la Diputación y de la alcadía de Donostia.

En el palco se encontró con el recuerdo de toda su carrera porque allí estaban excompañeros como Garitano, Jauregi, Aranzabal, Sarriegi, Aitor, Gari, Gurrutxaga, Mikel Etxabe, Cristian Alberdi y Unai Egurbide; miembros del Lagun Onak, de su época de infantil y de la actual; el mítico Ignacio Eizagirre; el expresidente Luis Uranga; el primer equipo al completo,y un largo etcétera de invitados que regalaron a Mikel Aranburu una despedida del fútbol que no podrá olvidar.

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