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Griezmann y López Ufarte representan dos épocas doradas de la Real. Son zurdos, nacieron en el extranjero, se entienden en francés y tienen una mirada de niños malos que intimida a los rivales
12 de marzo de 2011
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Talento. Griezmann y López Ufarte, ante el escudo de la Real pintado en el césped de Anoeta. :: MIKEL FRAILE
JORGE F. MENDIOLA | . SAN SEBASTIÁN..-

No se conocían en persona, pero se saludan como dos viejos amigos que han escuchado mil batallas el uno del otro. Antoine Griezmann y Roberto López Ufarte conectan enseguida. Un apretón de manos, un guiño y las primeras palabras. En francés, por supuesto. Griezmann creció en Macon y López Ufarte en Fez, la tercera ciudad más importante de Marruecos, adonde sus padres se trasladaron por motivos laborales.

Antes de cumplir los dieciocho ya formaban parte de la cantera de Zubieta y su progresión fue meteórica. Griezmann no había nacido cuando López Ufarte colgó las botas después de una larga y exitosa carrera: 474 partidos en Primera, 129 goles, quince presencias en la selección, un Mundial, tres camisetas históricas (Real, Atlético y Betis) y cientos de vídeos con jugadas inolvidables que Griezmann revisiona con admiración en Youtube. Cambian los tiempos, pero la esencia perdura. Los genios se reconocen con una mirada.

Saltan juntos al césped de Anoeta y hablan para DV de sus vivencias, recuerdos, sueños cumplidos y por cumplir. De la Real, de los títulos de Liga y Copa, del ascenso a Primera. De fútbol, de la vida, del ayer y el hoy. Sin dejar de juguetear con el balón. Eso se lleva en la sangre.

«Las cosas no son como antes», piensa López Ufarte en voz alta al pisar el vestuario del equipo. Camisetas con el nombre a la espalda, duchas individuales, sala de calentamiento... Nada que ver con la época de Atocha, el viejo campo de Duque de Mandas que tantas tardes de gloria disfrutó. Griezmann no puede evitar sonreír. Su padre, Alain, y su mentor, Eric Olhats, le han contado quién era el 'petit diable', cómo sentaba rivales y volvía locas a las defensas. Le han hablado de su talento y velocidad, de sus amagos y regates. «Sus estadísticas son increíbles», admite Antoine. «Sé que fue un crack».

Ambas épocas no son comparables. Como tampoco lo son los protagonistas de esta historia, zurdos de oro que llenan de orgullo a los aficionados blanquiazules. «A veces caemos en el error de hacer comparaciones. Puede que Griezmann y yo nos parezcamos, pero el mejor consejo que le doy es que no intente parecerse a nadie. Él tiene su tiempo como yo tuve el mío. Son tiempos diferentes. Debe seguir creciendo sin pensar en compararse ni imitar a otros».

Griezmann recoge el guante y demuestra que, con solo 19 añitos, su cabeza está bien amueblada. «Sé que Roberto era un fenómeno, pero no quiero ser como él ni como De Pedro. Quiero hacerme un nombre aquí y que la gente recuerde que en la Real jugó Griezmann».

El chaval va más allá y matiza que «López Ufarte y yo no tenemos el mismo estilo. Él era más de desbordar y yo prefiero jugar al primer toque y entrar por dentro».

Hechas las acotaciones, llega el momento de analizar el presente y planificar el futuro. Griezmann tiene claro qué hacer y qué no hacer para que su éxito no se quede en flor de un día. «Debo seguir trabajando y mantener los pies en el suelo. Eso es lo más importante y el mejor consejo que me han dado. Lo sigo al pie de la letra. Hay algunos a los que todo esto se les sube a la cabeza y se olvidan de lo principal. Tienen un par de años de gloria y después no consiguen nada ni culminan una carrera. Yo quiero hacer algo bueno, que perdure, tener una buena carrera, seguir metiendo goles, ayudar al equipo, jugar la Champions y la Copa del Mundo. Ése es mi sueño».

Los primeros pasos del francés han sido en firme. Aterrizó en el primer equipo sin pasar por el Sanse, fue campeón de Segunda y ha sabido adaptarse a las exigencias de la élite. «Personalmente pensaba que iba a ser más difícil. Todo ha ido demasiado rápido para mí y tenía un poco de miedo por si iba a aguantar el ritmo o no. Estoy contento con lo que estoy haciendo y a nivel colectivo, más aún. Hubiese firmado a principio de temporada ser novenos a estas alturas de la Liga. Ahora nos faltan dos o tres victorias más para asegurar la permanencia y hay que conseguirlo pronto para evitar los nervios del final».

Para cumplir su sueño de infancia, Griezmann se ha visto obligado a renunciar a muchas cosas típicas de su edad. «Es lo más duro. Vas a tu pueblo y ves que todo el mundo va al colegio, que conoce chicas y chicos y tú solo conoces a los del equipo, los de la Real. Cuando hay algún cumpleaños, no puedes estar en su fiesta. Echo de menos todo eso».

En su papel de veterano, López Ufarte puntualiza que ser profesional del fútbol compensa. Por ejemplo, la gente se acerca y te muestra su cariño. «Sí, pero siempre tienes miedo porque no sabes si están interesados en Griezmann o en Antoine», afirma el 7, quien no cambiaría a sus amigos de toda la vida por nada del mundo. «Aunque ellos seguro que se cambiarían por mí», bromea. «Cuando regreso a Macon me doy cuenta de que lo que estoy viviendo es increíble».

¿La tercera Liga?

Los logros de López Ufarte ocupan un lugar destacado en el museo del club. ¿Volverá la Real a conquistar una Liga? Para Griezmann, no es imposible. «En fútbol todo puede suceder. Fíjate en el Lille, en Francia. Van líderes empatados con el Rennes con cuatro puntos de ventaja sobre el Lyon y sacan seis al PSG y siete al Marsella. El Lille es como la Real, que ha tenido épocas históricas y que ha tenido que bajar para recuperar su esencia. Eso cuesta y necesitamos tiempo».

Paso a paso. El siguiente peldaño es asentar el club en Primera. Está al alcance de la mano, pero los últimos resultados negativos han frenado la trayectoria del equipo. A Griezmann y sus compañeros de la línea de tres se les nota cansados. Él lo niega. «El año pasado sí que noté el bajón, pero este año todavía no lo he tenido. Puede parecer que lo tengo, pero estoy bien. Igual no me salen las cosas, pero físicamente estoy mejor este año. Han sido tres partidos que no hemos jugado bien, aunque eso les pasa a todos los equipos. Espero que ante el Málaga podamos sumar los tres puntos. Es un bache de juego más que físico. Hay que trabajar siempre igual de fuerte y no pensar en los partidos malos que hemos hecho. Solo pensamos en el Málaga, que es un partido muy importante»

La jornada en miércoles también ha podido influir. «No estamos acostumbrados, como yo cuando subí al primer equipo no estaba habituado a ese fútbol tan rápido y físico. Por eso creo que hemos tenido este pequeño bajón. No estamos acostumbrados a jugar cada tres días, como Barça y Madrid. Pero quiero jugar en Europa el año que viene, como todos los jugadores».

Tema tabú. Martín Lasarte zanjó el debate tras la derrota de Riazor. «Dijo lo que dijo, pero nosotros también tenemos que demostrar que podemos y queremos. No sé para quién era el mensaje. Quizás fue por el cabreo del partido o para la afición. Si perdemos parece que vamos a bajar a Segunda y si ganamos parece que vamos a jugar la Champions. No hay término medio y lo diría para tranquilizar a la afición, que no pasa nada por perder un partido. Personalmente, no se me quita de la cabeza lo de ir a Europa. Creo que para él es mejor que piense en esto y no solo en la permanencia».

López Ufarte disfrutó de la cercanía de su familia en sus inicios futbolísticos, mientras que Griezmann ha tenido que aprender a vivir solo, lejos de su gente. «Pero me apaño. Suelen venir la familia y amigos a verme. Y paso mucho tiempo con Ifrán o Elustondo. Cocinar no cocino porque sería un desastre. Hago pasta y cosas sencillas. ¿El carnet de conducir? Lo tengo abandonado. No voy a clases ni estudio. Prefiero jugar a la 'play'. Pero tengo que ponerme las pilas».

A diferencia de los jóvenes de su generación, Antoine sí sabe qué quiere ser de mayor. «Estaré aquí dos o tres años más para hacerme un nombre como Kovacevic, Nihat, De Pedro o López Ufarte. Y después seguiré jugando en España porque es la mejor Liga del mundo. No sé qué equipos andan detrás de mí porque no presto atención a esas cosas. Me gusta el Sevilla, por la afición, la ciudad y el club. Después, Barça y Madrid, pero eso es otro mundo. Espero jugar allí algún día, aunque sé que necesito tiempo para crecer y trabajar muchísimo. A mí siempre me ha tirado más el Madrid. Mi ídolo era Beckham. Y quiero retirarme en Francia, mi país».

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