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LA CRÓNICA
Los de Lasarte no merecieron tanto castigo ante un Espanyol impulsadopor su afición
27 de febrero de 2011
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JORGE F. MENDIOLA | ENVIADO ESPECIAL A CORNELLÁ-

Es increíble lo que puede conseguir un campo de fútbol. Hablo de uno de verdad, con gradas verticales y compactas, al estilo inglés. Un campo en el que el público está encima del césped, sin ese estorbo que son las pistas de atletismo. La Real, que lleva años suspirando por un estadio así, sufrió ayer las consecuencias en sus propias carnes. Salió goleada de Cornellá, un resultado demasiado abultado para lo que se vio sobre el terreno de juego.

El Espanyol se adjudicó el duelo entre las dos revelaciones del campeonato y se aferra al sueño europeo impulsado por su gente, que vibró y disfrutó con el espectáculo. No merecieron tantos como cuatro goles, pero los dos últimos los metió la afición, que cantaba, saltaba y aplaudía sin cesar. El estruendo se escuchó en toda la Barcelona periquita y si los ecos de la victoria no llegaron a oídos culés fue porque se los taparon. Sonar, lo que se dice sonar, Cornellá suena y mucho.

Con esa envidia en el cuerpo se marchó la Real del estadio más moderno de la Liga, donde por momentos fue superior a su rival en fútbol y ocasiones. Lástima que la fortuna y un árbitro tendencioso se aliaran con el equipo de casa desde el minuto uno.

Con tres novedades en el once y un doble pivote inédito hasta la fecha, los de Lasarte demostraron que son capaces de presentarse en cualquier lugar y plantar cara a cualquier enemigo, por enrachado que éste parezca. Es cierto que el Espanyol venía de encajar cuatro derrotas consecutivas, pero los matices obligan a mirar con lupa cada uno de esos tropiezos. Dos fueron ante Villarreal y Real Madrid y en la mayoría de ellos los de Pochettino hicieron méritos para arañar algún punto. Les faltó esa pizca de suerte que ayer le fue esquiva a la Real.

Desde el gol inicial, fruto de un desafortunado rebote de Estrada a disparo de Álvaro, hasta el último, oportunismo de Márquez en un libre directo, las monedas al aire cayeron del lado catalán. Sergio García maravilló con su movimiento circular ante Demidov en el 2-1 y Callejón se alió con el palo en el tercero.

Apreciaciones al margen, la Real puede volver hoy al trabajo con la cabeza alta. Se enfrentó a uno de los equipos con más talento de la categoría, un Espanyol que se asoma con honor a la zona alta de la tabla. Y eso no es flor de un día, sino el premio a la constancia y el cariño con que tratan la pelota.

De eso sabe mucho la Real, capitaneada al otro lado de la divisoria por magos del balón como Zurutuza, Prieto o Griezmann, futbolistas de quilates que pueden decidir un partido en una genialidad. Ayer no fue el caso, pues todo lo que intentaban era en balde y los zagueros se cebaron en sus piernas. Los tres abandonaron el campo con molestias, culpa en buena medida de la permisividad del trencilla para con los anfitriones. Ayza Gámez, quien ya la lió en Anoeta contra el Atlético de Madrid, volvió a martirizar a la Real con decisiones sibilinas y tarjetas a destiempo.

Tamudo, recibido con ovación por sus antiguos aficionados, malogró las mejores oportunidades de la tarde, bien por no atinar con el remate bien por la solvencia de Kameni bajo los palos. Al igual que sucedió en el Bernabéu, si el portero rival no está tan inspirado, el marcador habría sido distinto. Muy distinto. Y aunque los libros de estadísticas sólo se acuerden del 4-1, un repaso a los fotogramas de la película permite descubrir que, en efecto, la justicia se ha olvidado de este deporte.

Illarramendi, el mejor

Mención especial para Illarramendi, un aprendiz de estrella que desplegó en Cornellá algunas de sus virtudes. Los técnicos no ahorran elogios hacia este joven mutrikuarra que vive a medio camino entre el Sanse y el primer equipo. Posee visión de juego, sabe proteger la posesión con su menudo cuerpo y se deshace de los obstáculos en una baldosa. No escatima esfuerzos en la presión ni le faltan arrestos para meter la pierna, valentía que se agradece en partidos como el de ayer en la Ciudad Condal.

Illarra fue el mejor realista y eso dice mucho a su favor, ya que no es fácil estrenarse como titular en Primera División y actuar como si acumularas una larga experiencia en tus botas. Él lo hizo con desparpajo, prácticamente sin despeinarse, como si llevara años disputando encuentros al máximo nivel.

A pesar de que el resultado diga lo contrario, la Real soñó con los puntos durante largos minutos. Se repuso de inmediato al mazazo del gol en propia meta y Estrada culminó una acción de estrategia a la salida de un córner. Fue un pequeño triunfo personal del lateral zarauztarra, muy activo ante el Espanyol. Después hubo más aproximaciones con peligro, como un tiro cruzado de Zurutuza que Kameni desbarató con el pie o un mano a mano del camerunés con Griezmann que el zurdo de oro mandó al limbo.

Son detalles como éstos los que invitan a mantener la esperanza en un futuro prometedor, a corto, medio y largo plazo. Esta Real atesora un potencial enorme y está dispuesta a lo que sea por sacarlo a relucir. Quizás Cornellá no sea el escenario adecuado para ello, pero no todas las jornadas hay que soportar un estadio tan cerrado y pesado para el cuadro visitante. Y cuando Anoeta sea como Cornellá, adivinar dónde está el techo del equipo será misión imposible.

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