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Anoeta registrará un gran ambiente ante la primera visita de Osasuna en cuatro años. Las entradas baratas se han agotado y hoy salen a la venta unas 500 de 70 euros en la taquilla del estadio
11 de febrero de 2011
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Una rivalidad que levanta pasiones
Expectación. Los aficionados hicieron cola desde primera hora de ayer ante las taquillas de Anoeta para comprar entradas para el partido. Se vendieron mil. :: LUSA
JORGE F. MENDIOLA | SAN SEBASTIÁN..-

Los enfrentamientos entre Real y Osasuna levantan siempre una enorme expectación, como quedó demostrado ayer en la apertura de las taquillas. Ahora que los txuri urdin han regresado a Primera División, el recuerdo de lo ocurrido hace cuatro años multiplica las ganas de derbi del realismo, que espera devolver el 'favor' a los navarros infligiéndoles una derrota que les aleje aún más en la clasificación.

Desde primera hora de la mañana, los aficionados hicieron cola para comprar sus billetes para el partido del domingo en Anoeta (17.00 horas, PPV). De las 1.500 localidades que el club puso en circulación, ya sólo restan 500 de 70 euros, las más caras. Las baratas se agotaron en una solo día. El horario de atención al público será de 9 a 13 horas y de 16 a 19 horas. Cada aficionado podrá adquirir un máximo de dos entradas.

La tradicional amistad vecinal entre blanquiazules y rojillos se truncó el 27 de mayo de 2007. Aquella tarde, Osasuna debía corresponder la ayuda que había recibido seis años atrás en Anoeta, donde salvó la categoría gracias a un triunfo a la carta. Sin embargo, los jugadores rojillos esgrimieron que necesitaban los puntos porque todavía no estaban matemáticamente salvados, una postura que ni siquiera sus propios seguidores entendieron.

Antes de que finalizara el encuentro, muchos hinchas locales abandonaron el campo avergonzados por lo sucedido sobre el césped y animando al equipo visitante. La ingratitud de Osasuna condenó a la Real a un histórico descenso a Segunda División tras cuarenta años consecutivos en la máxima categoría.

Pintadas y alfombra

Nada que ver con la predisposición mostrada en 2001 por el hermano guipuzcoano, desde entonces conocido como el primo de la costa. Osasuna se jugaba la vida en San Sebastián y fue recibido con alfombra y vítores. En los días previos al choque aparecieron pintadas en la fachada del estadio pidiendo a José Luis Astiazarán, presidente del club blanquiazul, que hiciera lo posible por el bien del fútbol vasco.

Miles de pamploneses cruzaron la A-15 para animar a los suyos en esa última jornada del campeonato en la que sólo un triunfo les libraría de la quema. Hubo verbena en la plaza de toros de Illumbe para amenizar la espera y el capitán del equipo, Miguel Fuentes, se despedía como jugador tras una vida dedicada a los colores. La fiesta estaba asegurada. Iván Rosado marcó el único gol del partido y Osasuna, dirigido por Miguel Ángel Lotina, pudo continuar en la élite, donde todavía se mantiene.

Cuando les tocó cumplir su parte del trato, a los rojillos les debió de fallar la memoria. Eso es lo que escuece a las gentes de la Real, que han tenido que esperar cuatro años para ajustar cuentas.

Pocos jugadores de la época siguen en activo. La Real de Toshack y Salva Iriarte jugó en 2001 con Alberto en la portería, Rekarte, Luiz Alberto, Julio César y Aranzabal en defensa, Idiakez, Khokhlov, Tayfun y De Pedro en el centro del campo y De Paula y Jankauskas en punta de ataque.

A pesar de que únicamente han transcurrido cuatro años, tampoco hay muchos supervivientes de la tragedia del Reyno de Navarra. El descenso provocó una regeneración integral de la plantilla y actualmente sólo unos pocos estaban allí para contarlo. Lotina, ya en el banquillo de la Real, alineó a Bravo, Gerardo, Mikel González, Víctor López, Garrido, Juanito, Mikel Alonso, Estrada, Xabi Prieto, Savio y Kovacevic. En el segundo periodo salieron Díaz de Cerio, Germán Herrera y Aranburu.

El fútbol pasa a la velocidad de la luz y los futbolistas van y vienen, pero los aficionados perduran y no olvidan. El asunto no ha sido tema de conversación durante la semana dentro del vestuario, pero sí lo es en bares y tertulias de oficina allá donde haya un realista.

Armonía entre aficiones

Las cuentas pendientes no afectan a la armonía entre las aficiones. Lo que pasó fue cosa de los jugadores y la hinchada rojilla dejó claras sus preferencias al animar a la Real en el Reyno de Navarra. Este domingo llegarán más de un millar de seguidores navarros. Las setecientas localidades que Osasuna sacó a la venta se agotaron ayer y algunos de los que se quedaron sin entrada se desplazaron en coche hasta San Sebastián para comprarla en las taquillas de Anoeta.

Nadie quiere perderse un derbi de máxima rivalidad en el que ambos conjuntos se juegan parte de su futuro inmediato. Un triunfo permitiría a la Real eliminar a un rival directo en la lucha por la permanencia y quién sabe si mirar hacia la parte alta de la tabla.

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