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VICTORIA DE ORO
«Uruguasho, uruguasho» será, a buen seguro, uno de los cánticos de la celebración. El charrúa tuvo una actuación legendaria, pero sus compañeros también estuvieron de matrícula. Gora Reala!
6 de junio de 2010
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Charlie Good y pantalla desde el cielo
Hat trick. Carlos Bueno celebra con su gesto habitual uno de los tres goles que marcó ayer. :: JOSÉ MARI LÓPEZ
OIER FANO.-

El choque de ayer en el Carranza estará en boca de todos los jóvenes y niños txuri urdin que, dentro de muchos años, serán aitonas y contarán a sus nietos la historia de aquel equipo ganador que viajó a Cádiz, se aisló de la presión y dio un recital que disfrutaron 2.000 aficionados desde la grada y 700.000 almas, guipuzcoanas y no guipuzcoanas, por diversos recovecos.

Carlos Bueno se vistió de líder y firmó el segundo hat trick de un futbolista de la Real desde que bajó a Segunda -el primero obra de otro charrúa, Abreu-. Carlitos Good es sin duda el protagonista de la noche gaditana en la que la plantilla comandada por Lasarte adquirió la vitola de héroes del Carranza.

Pero mucho más lejos de Cádiz, quién sabe dónde pero seguro que en un buen lugar, una cátedra de grandes, perdón, de Grandes, se reunió para ayudar a que el sueño fuera posible.

Nos imaginamos en alguna parte a José Luis Orbegozo negociando con instancias divinas un arbitraje medianamente serio antes de sentarse en algún lugar remoto junto a Alberto Ormaetxea, que, no lo dudo, confeccionó una pantalla de bloqueo en el centro de Griezmann que derivó en el primero gol de Bueno.

La zaga gaditana no daba crédito. «¿Qué ha pasado? ¿Por qué Zurutuza y Charlie Good han entrado solos al remate?» La pantalla dirigida por Ormaetxea y formada por Genaro y Unai Zelaieta, Musti Mujika, Aitor Zabaleta y muchos más txuri urdines surtió efecto. Bueno mandó a gol el esférico y la escala de Richter registró unos cuantos grados en territorio guipuzcoano. «Falsa alarma, gol de la Real».

Carácter, garra, calidad...

Nos imaginamos a Ormaetxea, Orbegozo, los Celayeta y compañía tomándose unas cervezas, cien o doscientas, relamiéndose con la Real que se avecina.

Una Real en la que probablemente tendrá un papel Carlos Bueno, que estuvo de diez. De diez. Desde los primeros instantes el uruguayo mostró su carácter, su casta y su calidad. Firmó buenas triangulaciones lejos del área y provocó faltas, una de las cuales supuso una tarjeta amarilla a Cristián.

Bueno estaba en trance pero su actuación no hubiese sido posible sin la tarde perfecta de todos sus compañeros. De todos. De los que salieron al césped y de los que animaron desde el banquillo.

De repente vimos a Beckenbauer -le faltaba el brazo en cabestrillo- anticipándose a un defensa, conduciendo, haciendo una pared con el uruguayo y rematando a puerta. Si no llegamos a leer «Mikel González» en su camiseta, hubiésemos pensado en la reencarnación del Kaiser. Qué casta la del de Arrasate.

¿Y qué me dicen de Mikel Aranburu? Su corazón tiene forma de balón de cuero tapado por una bandera blanquiazul comandado por una corona. Sus eslaloms en este final de campaña, sus pases definitivos y sus robos están cimentando el juego del equipo. Por no hablar de Xabi Prieto, cuya genialidad va en proporción a su humildad.

Tres asistencias de Antoine

Pero sigamos con la actuación de Bueno. Con las medias bajadas, como siempre, sufrió en sus carnes un penalti que el árbitro no pitó porque: 1) los trencillas son como son... 2) exageró la caída antes de que el meta rival le arrollara con la cintura. ¡¡Y se llevó una amarilla!!

La segunda mitad fue genial. Zurutuza -se escribe con zeta, como Zidane- realizó un eslalom solo para elegidos y la jugada derivó en un córner. Tras ese córner, la pelota llegó a Griezmann, que puso un centro envenenado que al portero se le escapó de las manos. De nuevo, nos imaginamos a la parroquia txuri urdin presidida por Ormaetxea y Orbegozo, desde algún lugar remoto, ataviados con la Adidas txuri urdin de las Ligas, soplando para que ese esférico se deslizara por los guantes y llegara a Carlitos Good, que solo tuvo que empujar. Segundo gol para el charrúa, ex futbolista de PSG y Benfica, que se estaba dejando la vida para ayudar en defensa, para presionar, para colaborar.

En la noche en la que esta plantilla adquirió la vitola de «héroes del Carranza», a Bueno le quedaba un último destello que ofrecer.

De nuevo Griezmann, en lo que fue su tercera asistencia de la tarde, puso un balón al segundo palo y con fuerte oposición, el '20' txuri urdin demostró que su remate de cabeza es portentoso. Impactó el esférico con la testa y celebró el gol como siempre. Cara de indiferencia y brazos abiertos, haciendo el avión. Un guiño para su hijo, que ríe a carcajadas al verle hacer este gesto. Antes dispuso de un mano a mano tras una combinación celestial de Aramburu con Prieto, que habilitó a Bueno con un pase en profundidad. El uruguayo marró en el mano a mano.

Las palabras de Bueno al final del partido nos demuestran la clase del profesional que es este tipo. «Daré mi vida por este club, estoy muy contento por mis compañeros, han demostrado cosas importantes, lo que yo valoro es el ser humano, veo lo que han sufrido mis compañeros y ser participe de esto me llena de orgullo». Y a nosotros que hayas entrado en la historia de este club, Carlos.

Desde algún púlpito divino, Ormaetxea, Orbegozo, Musti Mujika, Celayeta, Aitor Zabaleta y tantos blanquiazules anónimos iniciaron los festejos. Gora Reala.

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