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VICTORIA EN ANOETA
La Real derrotó al Levante con goles de Bueno, Ansotegi y Zurutuza en un partido tenso y vibrante que se envenenó con los errores de Pino Zamorano
22 de marzo de 2010
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JORGE F. MENDIOLA.-

La Real dio ayer un paso de gigante hacia el ascenso. Con un fútbol rápido y vertical, los txuri urdin doblegaron a un Levante que se aleja a diez puntos en la clasificación. El once de Martín Lasarte vuela como un cohete hacia Primera División y se destaca en el liderato gracias a los goles de Bueno, Ansotegi y Zurutuza. Juanlu marcó el tanto levantino tras detener Bravo un penalti más que riguroso señalado por Pino Zamorano, actor principal del teatro del absurdo.

Fue un partido tenso, vibrante y de calidad. Sólo apto para hombres de verdad. Había mucho en juego y ambos contendientes saltaron al césped con las ideas claras. Fue la Real la que finalmente se llevó el gato al agua gracias a un despliegue físico y técnico sólo al alcance de los mejores. Pero tuvo que sufrir para que los tres puntos se quedaran en Anoeta.

La mañana parecía idílica hasta el descanso. En esos primeros 45 minutos, la Real ofreció una de sus actuaciones más completas de la temporada. Con Carlos Bueno en lugar de Agirretxe y Mikel González por el lesionado Labaka como únicas novedades respecto a la alineación que empató en Salamanca, el equipo manejó el balón a su antojo. Los laterales Carlos Martínez y De la Bella abrieron el campo hasta hacerlo infinito, permitiendo conexiones letales con los hombres de banda. Xabi Prieto, autor de dos asistencias, y Griezmann, se apoyaron en sus compañeros para generar superioridades continuas que merecieron mayor premio que el exiguo 1-0 con que terminó el acto inicial.

Bueno abrió el marcador a la media hora de encuentro. Recibió un servicio milimétrico de Prieto, ganó en el salto a su par y alojó el cabezazo lejos del alcance de Manu. La grada enloqueció con el gol y celebró cada combinación entre los puntas y los medios centros, muy participativos en ataque. La Real pudo ampliar su renta, pero los remates de Griezmann y Ansotegi no superaron al meta granota.

El panorama se oscureció tras el intermedio. El Levante plantó cara y la contienda se igualó, si bien eran los locales quienes atacaban con precisión y regularidad. La cosa pintaba bien hasta que Pino Zamorano decidió convertirse en protagonista del choque. El colegiado castellano-manchego apreció penalti en un leve agarrón de Rivas a Xisco Nadal, decretó pena máxima e incendió el estadio.

Bravo detuvo el lanzamiento de Samuel, aunque no pudo hacer nada en el remate posterior de Juanlu, quien había pisado área antes de tiempo. 1-1 y vuelta a empezar. El Levante reordenó filas y trató de resistir como podía el vendaval blanquiazul. No le duró demasiado este planteamiento conservador. Como es norma en los malos árbitros, Pino Zamorano pretendió nivelar la balanza de errores y expulsó al central Ballesteros, al que mostró dos amarillas consecutivas: la primera por derribar a Xabi Prieto y la segunda, al parecer, por protestar. El zaguero levantinista no se creía lo que le estaba sucediendo y tardó largos minutos en abandonar el campo.

Ahí ya se armó la marimorena. Ambos banquillos se enfrentaban y retaban a gritos y el trencilla optó por mandar a la caseta a los dos entrenadores, algo que repetiría poco después con el delegado realista. Lasarte desapareció por el túnel con la vena hinchada y sed de venganza. La autoridad tuvo que intervenir para que la sangre no llegara al río.

Para entonces, la Real ya se había puesto nuevamente por delante en el electrónico. Un testarazo de Ansotegi a centro de Xabi Prieto llevó el delirio a las gradas. Corría el minuto 89 y el ascenso estaba más cerca. Zurutuza, con la tranquilidad que le caracteriza, sentenció la victoria con un disparo raso desde el borde del área. La celebración de los aficionados resonó en toda Gipuzkoa. Al final hubo ovación para los héroes y bronca para los villanos.

En una posición ideal

El triunfo coloca a la Real en una posición ideal a falta de trece jornadas para la conclusión del campeonato. Nadie en esta categoría es capaz de resistir el ritmo de puntuación impuesto por los txuri urdin. Ni siquiera el Hércules o el Cartagena, cuya caída libre es ya un secreto a voces.

Con 55 puntos en el zurrón, a la Real le bastaría con ganar los seis encuentros de Anoeta para sellar su retorno a la élite. Incluso podrían sobrarle varias semanas de Liga si el cuarto clasificado no aprieta los dientes. No parece un reto descabellado para una plantilla que ha superado cuantos obstáculos aparecían en su camino, por complejos que fueran.

La mejor noticia del partido de ayer es que todos los realistas se emplearon al máximo, como si no hubiera mañana. Desde Bravo hasta Agirretxe, el último en saltar al terreno de juego, los catorce jugadores que se vistieron de corto exhibieron una solvencia y compromiso difícilmente comparables con los del resto de equipos de Segunda División. Y eso, en una categoría tan pareja como ésta, vale su peso en oro.

La nave txuri urdin avanza a velocidad de crucero, sin temor a encontrar un iceberg en su trayectoria. Es el fruto del trabajo bien hecho, el triunfo de la constancia y el sacrificio, virtudes que no siempre hallan reflejo en los resultados.

La cuenta atrás sigue su curso. Esto no hay quien lo detenga. La Real jugará la próxima temporada entre los grandes, de donde nunca debió salir. Y el mérito es exclusivo de los futbolistas y el cuerpo técnico. El cohete ha despegado y pronto estará en órbita.

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