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ERIC OLHATS, OJEADOR DE LA REAL PARA IPARRALDE Y FRANCIA
Descubrió a Griezmann en un torneo en París y le acogió en su casa. Nunca dudó de sus cualidades y el tiempo le ha dado la razón
1 de octubre de 2009
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«Antoine lloraba al principio y estuvo tres veces a punto de irse»
Eric Olhats abre la puerta de Zubieta a los jóvenes valores del fútbol francés. /AYGÜES
JORGE F. MENDIOLA.-

Es el hombre de moda en la Real. Eric Olhats (Hazparren, 1962) es el responsable de las relaciones con los clubes de Iparralde y ojeador en Francia. Su misión consiste en descubrir jóvenes talentos y convencerles de que vengan a Zubieta. Lleva dos décadas trabajando para equipos profesionales como Toulouse, Bastia o Sochaux. Desde su incorporación hace seis años al organigrama deportivo txuri urdin, «catorce o quince» jugadores han cruzado la frontera para formarse en la cantera blanquiazul. Su último gran acierto ha sido el borgoñés Antoine Griezmann, revelación de la temporada y nuevo ídolo de los aficionados.

- ¿Qué parte de culpa tiene de que Antoine Griezmann esté en la Real?

- Es mi trabajo y no me quiero poner medallas. Antes de venir aquí llevaba muchos años trabajando para varios clubes en Francia, también de ojeador. Mi tarea consiste en intentar ver el potencial de los chavales, para lo que hace falta experiencia, contactos y un poquito de suerte. La verdad es que Antoine me entró por los ojos.

- ¿Su mérito fue apostar por él cuando otros le veían como un jugador pequeño y frágil?

- Casi todos los técnicos de clubes franceses apreciaban su técnica, pero buscaban jóvenes que en un futuro inmediato pudieran reforzar sus segundas plantillas y a Antoine le faltaba cuerpo. Nosotros creímos en sus facultades, su velocidad, su visión de juego, su ritmo eléctrico y no le dimos tanta importancia al físico porque eso se puede corregir. Tenía el potencial, aunque luego podía llegar a profesionales o no. Es el riesgo habitual en este tipo de operaciones, pero a Antoine se le veía algo diferente. Pensaba: 'Si este chaval crece...'.

- Descubrió a Antoine en un torneo en París. ¿Cómo contactó con él?

- Jugaba con el Montpellier. Me fijé en que no vestía las mismas medias que sus compañeros. Eso quería decir que no pertenecía al club, que sólo estaba a prueba. Si hubiera tenido algo firmado con ellos, ficharle habría sido muy difícil, casi imposible. Pregunté cómo se llamaba, pero no conocía su dirección, así que ésa era mi última oportunidad para invitarle a hacer una prueba en Zubieta. Durante la entrega de trofeos, me acerqué y le metí una tarjeta de visita en el bolsillo. Le dije: 'Cuando llegues a casa, léela y pregunta a tu padre'.

- ¿Cuál fue la respuesta?

- Los padres de Antoine estaban de vacaciones en Túnez y al principio no se lo creían. Le aconsejaron que no se hiciera ilusiones porque parecía una broma.

- ¿Le costó convencerles?

- Sí que costó. Antoine era un niño (13 años) y se enfrentaba a un cambio de ciudad, de vida, otro idioma... Me hacían muchas preguntas sobre la Real, las instalaciones, dónde y cómo iba a vivir. Es lógico, tratándose de un hijo tan pequeño. Estuve una semana en Lyon hablando con ellos y les dije que no podía regresar a Zubieta sin el chaval. Entonces empezaron a ver que la proposición iba en serio.

- ¿Y a Roberto Olabe, entonces director deportivo, cómo le convenció?

- Fuimos a Bilbao a que Antoine probara con los infantiles, que jugaban allí. Llegamos tarde, con el partido a punto de comenzar. Calentó rápido, salió cinco minutos, hizo un centro con la zurda y ¡zas! Funcionó.

- ¿Había otros clubes interesados en Antoine?

- Sí. Tenía tres propuestas de contrato de Lyon, Auxerre y St. Etienne, equipos importantes de Francia. Las condiciones eran muy, muy interesantes, pero le exigían permanecer una temporada más en el Montpellier antes de incorporarse. Nosotros le queríamos para ese mismo año. Eso ayudó a que sus padres dieran el paso, porque pensaban que si su hijo valía para futbolista, ¿por qué esperar?

- Le acogió en su casa de Baiona, donde todavía vive...

- Mi novia, mis hijos y yo somos como una familia para Antoine. Y él es como un hijo para nosotros. Nos preocupamos de sus estudios, de la alimentación, le atendemos cuando está enfermo. Es uno más en casa. Su madre nos está tremendamente agradecida por todo lo que hemos hecho por él.

- No hablaba castellano. ¿Fue dura su adaptación?

- Fue difícil. Procede de una familia muy unida y los dos primeros años lo pasó mal. Todo era nuevo para él: la comida, el idioma, los compañeros, los horarios... Los técnicos de Zubieta se portaron muy bien y poco a poco se fue aclimatando. Ahora está feliz. Meho Kodro tuvo mucho que ver en este proceso. Antoine le está muy agradecido y le tiene cariño, respeto y admiración.

- ¿Se le pasó alguna vez por la cabeza volverse a Macon?

- Sí, dos o tres veces. Lloraba y pasó malos momentos. Yo hablaba con él, le tranquilizaba y le decía que si a la mañana siguiente seguía pensando igual, le llevaba con sus padres. Nunca sucedió. Se levantaba y tenía unas ganas enormes de ir al entrenamiento. Su pasión por el fútbol le ha permitido superar todos los obstáculos.

- Ahora entrará por la puerta con una sonrisa...

- Sí (risas). Ya tiene 18 años, no es ningún crío. Ayuda mucho a los otros dos chavales franceses de las categorías inferiores que viven con nosotros, Álex Ruiz y Quentin Favris. Éste último suele estar de recogepelotas en Anoeta, admira a Antoine y el domingo pasado le regaló la camiseta con la que marcó su primer gol oficial.

- ¿Tiene la cabeza tan bien amueblada como parece?

- Es un chico muy humilde. Si ve un periódico sobre la mesa con su foto, mira la portada pero no lo abre. Sabe que ni hace un año era tan malo ni ahora es tan bueno.

- Su carrera ha sido meteórica. Del juvenil al primer equipo sin pasar por el Sanse. Y se le ve fibroso.

- En los últimos meses ha experimentado una evolución física notable. Lo necesitaba para mantener su explosividad. Al final, por muchas condiciones técnicas que atesores, si no tienes cuerpo los rivales te superan. Está haciendo un gran trabajo de musculación en el gimnasio y se nota.

- ¿Cómo aterrizó en la estructura deportiva de la Real?

- Tras concluir mi contrato en el Bastia me incorporé al Ayuntamiento de Baiona como técnico deportivo. Me preguntaba por qué no se podía poner en marcha un convenio con clubes del otro lado de la frontera. Hablé con Mikel Etxarri en Zubieta y empezamos a colaborar. Poco a poco establecimos una relación más cercana y al cabo del tiempo me propuso regresar al fútbol profesional. Y aquí estoy.

- ¿Cuántos chavales se ha traído de Francia en estos años?

- Unos catorce o quince.

- ¿Destacaría a alguno de los que vienen por detrás?

- Prefiero no dar nombres, pero hay dos en los que tengo depositadas grandes esperanzas.

- ¿Cuál es su metodología de trabajo?

- Mi objetivo es intentar captar a los mejores jóvenes de Iparralde, pero gracias a mis veinte años de experiencia en el fútbol profesional tengo una red de contactos en cada departamento francés para que no se nos escape nada. Es gente competente que me advierte de los jugadores más interesantes a seguir.

- ¿Es habitual que vengan chavales franceses a probar a Zubieta?

- Sí, aunque luego muy pocos se quedan. Por dar cifras redondas, de treinta sale uno.

- ¿Tiene tirón la Real en Francia o parte con desventaja respecto a otros clubes con mayor capacidad económica?

- Tiene mucho tirón. Cuando te diriges a un jugador en nombre de la Real, las puertas se te abren. Nadie duda allí de que pronto volveremos a Primera División. No sé si aquí la gente es consciente de la repercusión que tiene la Real en el mundo entero.

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