EL MURO NO SE SALTA, SE RODEA

La Real supo mover bien el balón de lado a lado y el Leganés, con su defensa de cinco, fue incapaz de seguir el rastro de la pelota |

Exultantes. La grada Aitor Zabaleta, poblada de seguidores, también se animó a hacer la ola ayer en Anoeta. / JOSÉ MARI LÓPEZ
Exultantes. La grada Aitor Zabaleta, poblada de seguidores, también se animó a hacer la ola ayer en Anoeta. / JOSÉ MARI LÓPEZ
Imanol Troyano
IMANOL TROYANO

En una Liga que no está entendiendo demasiado de lógicas, bien está que de una vez por todas se imponga el sentido común en Anoeta. Que gane el de casa. La Real lo consiguió ayer de manera holgada, lo que es noticia en San Sebastián. A través de un gran juego colectivo bañado con paciencia y que no mostró fisuras. Ayer, a mediados de febrero ya, los hombres de Imanol Alguacil lograron la segunda victoria consecutiva en casa y confirmaron que están en el mejor momento de la temporada. En 2019 aún no conocen la derrota.

Pero ni por esas, el tan precavido carácter guipuzcoano permitió demasiadas confianzas al aficionado antes de comenzar el encuentro. A pesar de la gran victoria conseguida en el derbi, el empate a nada ante el colista estaba muy reciente y su hedor aún se podía notar en las gradas. Además, el rival era el Leganés y traía consigo la misma poderosa arma que utilizó el Huesca: la defensa de cinco.

La Real ha chocado una y otra vez contra las retaguardias pobladas de sus contrincantes. El Girona de Eusebio, el Sevilla de Machín, el Betis de Setién y el mencionado Huesca de Francisco supieron construir auténticas fortalezas en Anoeta a las que los realistas no supieron encontrar las grietas. Todos estos partidos acabaron en empate. Lejos de Donostia, los blanquiazules también han tenido que hacer frente a defensas de cinco o a variantes muy similares con tres centrales y dos carrileros largos. En el Villamarín, en la derrota liguera, y en Vallecas, en la igualada a dos tantos. La Real era incapaz de descifrar el código que le posibilitara romper las líneas enemigas. Hasta ayer.

Pellegrino quiso continuar ayer con la máxima de su gremio que dice que no hay que tocar lo que funciona. Por eso alineó a Bustinza, Omeruo y Siovas como trío de centrales y a Juanfran y Silva de laterales. Gracias a esta misma disposición defensiva goleó al Betis hace una semana y venció en Vallecas hace dos. Con estos precedentes tenía que lidiar una Real que no podía contar con su lateral derecho titular ni con su iniciador de juego. Poco importó.

Dudas al empezar

El técnico oriotarra se sacó de la chistera al lateral derecho del filial, Álex Sola, y recuperó para la causa a Zurutuza. En la primera mitad los guipuzcoanos aún se mostraron dubitativos y desacertados a la hora de derribar el muro pepinero, como si estuvieran reviviendo un déjà vu. El segundo acto fue bien distinto. La Real salió decidida a controlar en todo momento la suerte del balón y, de tanto moverlo, la muralla comenzó a resquebrajarse.

Los blanquiazules, ayer de gris, se dieron cuenta de que era más fácil rodear el muro que saltarlo y marearon de lado a lado a los madrileños, incapaces de seguir el rastro de la pelota, gracias a la labor de Zubeldia, Merino y Zurutuza. Vesga y Recio apenas podían respirar. A los cincuenta minutos de juego Willian José decidió descolgarse hacia el costado izquierdo, pero el cuero voló seguidamente a la banda opuesta para que Januzaj colocara ese centro medido a Oyarzabal. De izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Así llegó el gol que hizo saltar por los aires el dique de contención del Leganés. El que dio paso a la goleada.