Real Sociedad

Un balón descolgado del cielo y una lección

Atento. Moyá se adelanta a Mercado en un balón metido por el Sevilla al corazón del área./ALTERPHOTOS
Atento. Moyá se adelanta a Mercado en un balón metido por el Sevilla al corazón del área. / ALTERPHOTOS

El meta mallorquín Moyá explica a Rulli lo que es la exigencia del máximo nivel con una actuación de libro

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Desde siempre, en los partidos de fuera de casa el mejor tiene que ser el portero. El equipo se arropa, vigila la retaguardia, mira con desconfianza la línea del centro del campo (no la cruza salvo que no quede más remedio) y que inventen ellos, si saben. Al rato, si los locales se ponen nerviosos o se vienen arriba, contra letal, 0-1 y a casa. Por motivos que admitirían un análisis pormenorizado, ese esquema ha caído en el desprestigio. La modernidad dicta que ahora fuera de casa también hay que atacar y jugar bien. Una excentricidad, pero que ha hecho fortuna.

Con la llegada de Imanol, sin embargo, la Real Sociedad circula al margen de las modas y fuera de casa sale a jugar como si se tratase de un partido fuera de casa. Y, en esas circunstancias, el portero asume un protagonismo central. Bajo la portería realista se situó Moyá y, como debe ser, fue el mejor. Paró todo menos el penalti, que casi. El mallorquín estuvo bien en todos los lances. Un partido de libro. Seguro bajo palos, rápido para achicar, bien por arriba y atento al juego.

Fuera de casa, el portero tiene trabajo y ocasiones para lucirse. La de Moyá llegó en el segundo tiempo, cuando tocó a mano cambiada un balón cruzado que iba en perfecta parábola a la escuadra izquierda de su portería. El balón iba tan arriba que desde allí se veían la catedral, el Archivo de Indias y hasta el Guadalquivir.

Lo demás fue más sobrio, tranquilizador. De portero de garantías. Moyá llegó a la Real Sociedad para apagar un incendio y, superada la emergencia, se ha hecho con el puesto ante la mirada de Gero Rulli desde el banquillo. El argentino, llamado a ser un gran portero, está recibiendo una lección de lo que significa el fútbol profesional. Probablemente, Moyá no sea mejor que él, pero le ha dejado atrás con facilidad.

Si Rulli está atento y es honesto en el análisis, esta enseñanza puede salvar su carrera, atascada pese a llevar apenas cinco años en el profesionalismo y no haber cumplido aún los 25. Su historia es la de un talento desbordante que surge en su club de toda la vida, da el salto a Europa y asombra por su talento natural. Pero no encuentra oposición, no evoluciona y se topa con la realidad de la élite: lo que ayer era bueno hoy no basta. Internacional con Argentina, con unas condiciones espectaculares, está llamado a una de las grandes porterías del fútbol grande pero ahora mismo es suplente en la Real ante un guardameta de 34 años.

Moyá, más allá de sus paradas, hará un gran servicio a la Real Sociedad si recupera para la causa a Rulli a base de mostrarle la exigencia del máximo nivel. Si consigue que el argentino se rebele y se ponga en pie. Si evita que busque la comodidad. Partidos como el de ayer de Moyá explican todo esto con detalle. Solo se necesita estar atento.

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