Miro y no veo

Una Real Sociedad que ha sumado cuatro sabrosos puntos en el arranque de Liga no consigue identificarse con una forma de juego con la que se encuentre cómoda

A la Real le cuesta identificarse con una forma de juego. /EFE
A la Real le cuesta identificarse con una forma de juego. / EFE
Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

No acabo de cogerle el truco a la Real de Garitano. Ha sumado cuatro puntos de seis en dos partidos jugados fuera de casa, uno de ellos en una cancha difícil como es la del Villarreal, y tendría que aplaudir con las orejas loco de contento. Cuando se sorteó el calendario me pareció un arranque difícil por jugar tres partidos a domicilio en campos nada sencillos y recibir en Anoeta al Barcelona, y resulta que nos ha faltado poco para llevar seis puntos en el bolsillo. Al menos desde lo que dictan los resultados todo es positivo, porque nos sobraron cuatro minutos para ganar también en Butarque. Eso sí, el análisis del juego me dice otra cosa. Me deja más frío.

Esta semana pasada he oído después del 1-2 en La Cerámica que lo importante no es jugar bien sino ganar. Faltaría más, que diría aquel. Claro que sí. El problema es que no conozco a nadie que gane con regularidad sin jugar bien. Y bien no significa bonito. Bien guarda relación con ser fuerte en aquello a lo que quieres jugar. Y la Real se inmoló en Butarque.

Los primeros 17 minutos me parecieron soberbios. Garitano fue valiente retocando el dibujo de la primera jornada pasando del 1-4-2-3-1 de aquel día a un más ofensivo 1-4-4-2 con la entrada de Juanmi por Pardo. Llevo dos años intentando ver juntos arriba al de Coín con Willian José y el de Bergara se atrevió a hacerlo. El resultado, un 0-2 favorable a las primeras de cambio. En el primer tanto ambos fijan tanto la atención de los centrales que Zurutuza entra más solo que la una, y en el segundo es Juanmi el que cabecea a puerta tras abrir previamente a la derecha en la acción que acaba culminando Illarramendi. Jugar con dos delanteros así es una declaración de intenciones que intimida al contrario, que se recoge en torno a ellos y deja huecos en la periferia del campo. Por ahí encontraron petróleo Oyarzabal y Zaldua para hacer las jugadas de los dos primeros goles.

La Real no era un equipo pastoso con el balón sino que robaba rápido y luego combinaba con criterio hasta encontrar el punto débil en el adversario. Como el año pasado, el recurso ofensivo del lateral derecho -esta vez con Zaldua en lugar de Odriozola- volvió a ser clave. Todo iba de maravilla hasta que se lesionó Llorente, Siovas cabeceó tras una falta lateral al larguero y a los realistas les entró el canguelo. Con el miedo en el cuerpo renunciaron al balón y optaron por un repliegue intensivo en campo propio que fue su condena. Y ni tan mal, porque merecieron perder y se trajeron un punto. Lo que en Villarreal sirvió para defender un resultado favorable un cuarto de hora, esta vez no tuvo defensa posible porque quedaba una hora por delante en la que es muy difícil rascar algo renunciando al ataque.

Jugar a lo que no sabes. En unos meses hemos pasado de que todos supieran cómo jugábamos a que ni nosotros mismos sepamos a qué jugamos. Yo al menos, no me entero. Quizás el estilo consiste precisamente en no tenerlo y en adaptarse a todo aquel que se ponga delante. Que puede ser... Lo que pasa es que adaptarse al Real Madrid, Barcelona, Atlético, Valencia, Sevilla o Villarreal, lo puedo entender. Pero jugar en función del Leganés, con todos los respetos para el cuadro pepinero, no tanto.

Desde 2012 he visto en directo todos los partidos, oficiales y amistosos, que ha jugado la Real. Me salen algo más de trescientos. Y si algo he aprendido es que no sabemos defender sin balón. Alguna vez tuvimos que hacerlo porque un rival muy superior nos encerró atrás -recuerdo aquella victoria en el Calderón con Montanier con gol de Prieto(0-1) en 2013-, pero por voluntad propia solo nos encontramos relativamente cómodos en la 13/14 con Arrasate, cuando se explotó más el contragolpe con Griezmann y Vela y había días en que metía un cuarto centrocampista fuera de casa en detrimento de Agirretxe. En el resto de las ocasiones, renunciar al balón ha sido una condena por varios motivos.

Uno de ellos es que atrás la retaguardia no aguanta un bombardeo como el de Butarque porque en el cuerpo a cuerpo acaba sucumbiendo. En pretemporada no ha dejado la puerta a cero ningún día y en las dos primeras jornadas ligueras tampoco. Hace dos años con Carlos Martínez, Navas, Iñigo y Yuri, una zaga con 1,85 de media de altura, hubo salidas en las que no se inmutó en situaciones de repliegue intensivo cuando el rival quiso buscarle las cosquillas apelando al juego aéreo. Pero ahora la situación no es la misma. La Real no anda bien de cabeza atrás y no sé de qué sirve meterte en una posición tan retrasada en el campo si pierdes cada disputa. O no puedes despejar con solvencia, que viene a ser lo mismo, porque el balón es para la segunda línea del rival que viene de cara. Por eso hablo de que no le veo jugar bien, porque lo hace a algo que no le interesa. No hay más que repasar la colección de ocasiones claras que tuvo el Leganés en la segunda parte: cabezazo de Santos que salva en la raya Héctor, paradón de Rulli a Rubén Pérez, cabezazo de Carillo en un córner, Carrillo desvía fuera un disparo de Silva, vaselina de En-Nesyri alta y los dos goles de El Zhar. Tremendo.

Tampoco es un equipo hábil para robar balones, quitando a Zubeldia y algo a Illarramendi y Zurutuza. Ver durante una hora a Willian José, Oyarzabal y Juanmi correr detrás de sus pares de un lado a otro es como si el gato persigue al perro. El mundo al revés. Pero como la Real renunció al balón y se dedicó a encadenar un pelotazo tras otro no quedó más que jugar a lo que quería el Leganés. Los números están ahí: 67% de posesión local, 18 ocasiones contra cinco, 473 pases frente a 201 y un 82% de éxito en el pase contra el 66% de los blanquiazules. Ni siquiera llegamos a sacar un córner cuando en Villarreal fue uno de los grandes recursos ofensivos.

Será cuestión de tiempo. En Villarreal me encontré con Salva Iriarte, que en la Real lo ha sido todo: jugador, entrenador y director deportivo. Me dijo que este año hay que tener mucha paciencia porque cambiar de estilo de juego no es algo que se produzca de un día a otro. Y habrá que tener en cuenta el consejo del beasaindarra. Lo que pasa es que la última vez que quisimos hacer algo semejante fue con Moyes y la cosa salió como salió. Habrá que confiar en que esta vez será diferente.

Porque el reto de pasar del blanco al negro no es nada sencillo. Y digo yo que habrá termino medio. Imanol, por ejemplo, lo bordó en las nueve jornadas en las que estuvo sentado en el banquillo. Mantuvo los puntos fuertes de Eusebio y limitó los débiles. Así pasó a defender en un bloque intermedio en lugar de tan adelantado y cambió el marcaje individual por otro zonal que favoreciese las ayudas y no exigiese tanto a los de arriba. El resultado fue un equipo que goleó al Girona, Athletic y Atlético, ganó en Las Palmas y al Leganés en casa, puntuó en Eibar y compitió en el Pizjuán y el Camp Nou. Ahora estamos a otra cosa y en una fase de acoplamiento. Confío que, también del entrenador a los jugadores.

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