El fútbol castiga al futuro de la Real

Merquelanz, en el suelo junto al masajista Soroa y al doctor Barrera, consciente de la importancia de su lesión en la rodilla. / MORQUECHO
Merquelanz, en el suelo junto al masajista Soroa y al doctor Barrera, consciente de la importancia de su lesión en la rodilla. / MORQUECHO

Merquelanz se lesiona de gravedad a los pocos segundos de debutar con el primer equipo |

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Martin Merquelanz era el hombre más feliz del planeta. Acababa de cumplir el sueño de cualquier chaval que trata de hacer camino en el fútbol. Acababa de debutar con la Real Sociedad. ¿Hay algo más importante en el mundo? En ese momento, no. Unos segundos más tarde, sí.

El irundarra saltó sobre un rival y al caer, su rodilla derecha se rompió. Joven, nacido en 1995, no necesitó que llegara el médico para saberlo. Hace año y medio la otra rodilla le hizo crack en un partido con el Sanse ante el Racing de Santander. El diagnóstico, el peor: rotura del ligamento cruzado anterior. Ayer, cuando llegó el doctor y le tocó la rodilla, Merquelanz supo lo que ya sabía. Es grave. El abrazo del médico y el aplauso encogido de toda la grada de Ipurua no pudieron ser más significativos.

Al final del partido, a falta de las pruebas, Asier Garitano dio la mala noticia. «Tuvo aquella lesión en la rodilla izquierda y las sensaciones son las mismas». Mazazo.

Pero Merquelanz no es el que era. No es un chaval que sueña. Ya es un futbolista de la Real Sociedad, ha debutado. Y esa condición, ser parte de esa vieja historia, de esa larga tradición, le convierte en otro. Más fuerte.

El fútbol profesional, implacable, castigó al futuro de la Real Sociedad. Mientras el club se movía en el mercado de fichajes, la verdadera apuesta estaba en Zubieta. Un chaval al que se iba a esperar, se le iba a dar tiempo. En el que se confiaba ciegamente. Un jugador distinto, con marchamo de Primera División. Era Merquelanz. Todos los delanteros que vinieran iban a ser (son) una compra de tiempo, porque al final del camino está él.

Nada de eso cambia. La Real Sociedadva a esperar a Real Sociedadotra vez. El fino extremo irundarra afrontará ahora una recuperación distinta. Ya es un jugador del primer equipo y necesita asumirla consciente de cuál es ahora su lugar en el escalafón. En términos futbolíticos, hasta ayer era un chaval, desde ayer, un hombre. Aunque solo disputara unos segundos, es un jugador de la Real.

En un momento en que la Real Sociedadfuerza sus costuras con un número inusualmente elevado de jugadores no formados en Zubieta, dos futbolistas de casa debutaban en el primer equipo: Sangalli y Merquelanz. El destino fue cruel con el irundarra y con la filosofía del club, que emergía entre las dificultades -como tantas veces a lo largo de la historia- y recibió un revés duro de asimilar.

Merquelanz volverá. Y la Real Sociedadtambién. La permanencia en el éxito del club blanquiazul pasa por profundizar en su identidad. Esperar a Merquelanz es la Real Sociedad.

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