Real Sociedad

LA LUZ DE MERINO EN LA TEMPESTAD

Potencia. Merino se adelanta a la defensa oscense en un balón aéreo por el que también pugnan Aritz y Juanmi. / ALTERPHOTOS ACERO
Potencia. Merino se adelanta a la defensa oscense en un balón aéreo por el que también pugnan Aritz y Juanmi. / ALTERPHOTOS ACERO

El tanto del navarro llegó precedido de una acción previa de Juanmi que no iba a ningún lado y que solo la fe de Theo Hernández la llevó a buen puerto |

IMANOL TROYANO

El único momento de luz para la Real Sociedad ayer tuvo lugar justo antes de que se desatara la tempestad en Huesca. Nadie hubiera imaginado semejante temporal minutos después de que Mikel Merino se estrenara como goleador txuri-urdin y adelantara a los suyos. La Real Sociedad navegaba sin rumbo en la segunda mitad, dando la sensación de que una ola de los locales comenzaría a provocar el hundimiento del velero blanquiazul. Pero lo cierto es que la tormenta la desató el propio conjunto de Asier Garitano.

En una jugada vacía, sin relevancia, en la que Juanmi corría con el balón por la banda izquierda solo, sin apoyos, rodeado de rivales, cuyo único destino era la pérdida del esférico, estalló el Big Bang. No existía el gol en esa acción, nada hacía indicar algo positivo. Pero fue justo en ese momento. Cuando Juanmi ya veía alejarse la pelota, donde surgió la figura de un caballo desbocado de nombre Theo y apellido Hernández. Sin permiso. Sin que nadie le esperara, agarró con fuerza el cuero y recorrió la distancia precisa para cederle la gloria a Merino.

El navarro solo tuvo que dirigir el foco al lugar que quería iluminar y darle al botón. El toque de gracia. ¡Tierra a la vista! Otra cosa bien distinta iba a ser el contacto con la misma.

La tripulación donostiarra agujereó su propia embarcación. Primero Juanmi y después Theo. Casualmente los dos hombres que participaron en las maniobras del gol. Se olvidaron que en cuestión de temperamentos los marineros tienen todas las papeletas para naufragar si se enfrentan a Poseidón.

El pase vertical no llegó

El barco guipuzcoano perdió dos efectivos, pero consiguió alcanzar la costa. Lo hizo con el botín que se encargó de capturar un joven pamplonés que ayer se disfrazó de pirata. No es su mejor traje, pero la empresa de ayer requería remangarse. Se le vio ansioso, llegando tarde a muchos lances del juego, y cometiendo demasiadas faltas. Pero nunca dejó de mirar hacia adelante. De recibir la pelota e imaginar un envío vertical que rompiese cada una de las líneas enemigas. La asistencia la acabaría recibiendo él.

«Hemos sabido sufrir y jugar este tipo de fútbol que también hay en Primera División», declaró Merino al final del partido. Todas las batallas no serán de este tipo, pero ojalá sí tuvieran el mismo final.

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