El mejor fichaje

La renovación de Zurutuza aporta calidad, experiencia y veteranía a un grupo excesivamente joven necesitado de referentes

Zurutuza, en su comparecencia ayer en Anoeta. /ARIZMENDI
Zurutuza, en su comparecencia ayer en Anoeta. / ARIZMENDI
Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

La renovación de Zurutuza supone un rayo de luz entre las sombras en las que se mueve la Real como consecuencia de haber ganado solo un partido en las últimas ocho jornadas. Cuando los triunfos se resisten hay pocas certezas a las que agarrarse y contar con un jugador de su valía es una de ellas. No es casualidad que el frenazo del equipo haya coincidido con su lesión y la de Illarramendi en el centro del campo, dos hombres indispensables en esa zona por calidad, talento, trayectoria y ascendencia sobre el vestuario. Saber que el '17' seguirá siendo suyo la próxima campaña es una gran noticia dentro de un grupo joven que no anda sobrado de referentes.

Zurutuza es un jugador y una persona que se sale de los clichés habituales. Su escala de valores y su forma de ver la vida son diferentes a la del común de los mortales y eso se percibe también en su forma de comportarse en el campo. Es uno de los últimos románticos de un fútbol cada vez más industrial en el que el valor del jugador se mide por los kilómetros cubiertos y la intensidad de sus recorridos. Él, dotado de una notable capacidad física, siempre le ha añadido improvisación y destreza con la pelota. Es capaz de imaginar un pase donde los demás ven una muralla y encontrar una oportunidad en el problema. Porque su percepción de la realidad es distinta. Ese aire despistado y desenfadado que luce le permite hacer muchas cosas que otros no harían. Y no solo por la calidad que tiene, sino por el atrevimiento que demuestra.

Enamorado de este juego desde pequeño, le gusta el fútbol pero no lo que rodea al mundo profesional. Pagaría por ser alguien anónimo que no despertara la curiosidad de los demás por la calle, aunque se sabe un privilegiado por llevar tantos años viviendo de lo que le gusta en su club de siempre.

Curiosamente esta temporada no ha sido la mejor de su carrera. Y sin embargo, ha estado presente en los pocos momentos de felicidad. En verano se vio solo en el vestuario después de la marcha de Prieto, Carlos Martínez, Agirretxe y De la Bella. Se sentía desubicado. Paralelamente se dio cuenta de que un jugador de sus características, capaz de enfriar los partidos con el balón en los pies y agrupar a los compañeros con la pausa que acompaña a sus acciones, no encajaba en un nuevo estilo de equipo de transiciones rápidas y juego al espacio. Le tocaba ser carne de banquillo y no fue fácil de digerir para alguien acostumbrado a ser influyente. Solo fue titular en cuatro de las doce primeras jornadas, hasta que saliendo desde el banquillo en el Ciutat de Valencia lideró la remontada y Garitano fue consciente de su importancia en el funcionamiento colectivo. Desde ahí empezó a jugar más.

En esos difíciles primeros meses de competición le entraron dudas acerca de su futuro. No por su compromiso con la Real, sino porque no quería hipotecar su carrera a un mal final después de haber vivido un ascenso a Primera, tres participaciones europeas, incluida la de Champions, y unas semifinales de Copa. Marcharse por la puerta de atrás era algo que le horrorizaba después de semejante trayectoria, porque físicamente se veía fuerte. La cuestión es si lo estaba psicológicamente para desempeñar un rol secundario y ver los partidos desde fuera.

Su situación cambió con la llegada de Imanol, que desde el primer momento le transmitió toda su confianza y le hizo ver la importancia que tiene dentro de la plantilla. El primer partido con el oriotarra la Real ganó en el Bernabéu con un centro del campo formado por Illarramendi, Zurutuza y Merino, algo que solo se repitió después en el derbi de Anoeta contra el Athletic. Sin embargo, cuando ha disfrutado de la confianza del míster, las lesiones le han impedido tener continuidad. La primera, en el partido de Copa del Villamarín, le hizo perderse tres jornadas de Liga. La segunda, en un entrenamiento a finales de marzo, le mantendrá de baja hasta mayo. Pero portar el brazalete en esa buena racha que firmó la Real a principios de 2019 le cambió la perspectiva de las cosas. Vio que seguía siendo importante y por eso les conté a principios de marzo en estas páginas que su continuidad ganaba enteros.

Con estos condicionantes, uno repasa sus actuaciones y se da cuenta de que ha estado presente de titular en cuatro de los seis triunfos en competición de Anoeta, los dos ante el Celta, contra el Athletic y el Leganés. Que jugó el partido completo en el Bernabéu y que estuvo presente en las victorias de San Mamés y Levante, siendo decisivo en esta última. El lema del gran Marrazketabar cuando inmortalizó la caricatura del pelirrojo en aquella camiseta que decía 'No Zuru, no party', es insuperable.

En una plantilla tan joven como la de la Real contar con un referente como Zurutuza resulta fundamental. Seguramente no estamos ante un futbolista de un liderazgo nato como Prieto o el propio Oyarzabal, pero su trayectoria es el mejor ejemplo para un grupo de chavales que ha crecido viendo sus gestas. La imagen de Aritz Elustondo aquel 1 de junio de 2013 en Riazor vibrando en la grada como aficionado que era cuando se certificó la clasificación a la Champions es bien elocuente. Porque abajo en el césped uno de sus ídolos era Zurutuza. Y el beasaindarra fue uno de los más veteranos a sus 25 años ante el Eibar en un once que comandaban Rulli y Zaldua con 26. Qué no sentirán los Oyarzabal, Zubeldia, Aihen, Sangalli, Barrenetxea, Guevara y Sola cuando jueguen a su lado.

Una de las carencias que ha sufrido la Real esta temporada es la brecha generacional en su plantilla. Entre Moyá, Héctor Moreno, Navas y Zurutuza forman el núcleo veterano del vestuario, pero solo uno es de casa y ninguno es indiscutible en el once. Y alguno puede salir este verano. Después están Illarramendi y Willian José, de 29 y 27 años, respectivamente, y de ahí hacia abajo hay un vacío que lleva a situaciones como tener que presentar un once de 23 años de media contra el Eibar. En este contexto, la experiencia del debarra deben resultar importantes para la próxima temporada.

Imanol ya le ha dejado claro lo que espera de él. Le ha transmitido que serán los entrenamientos y su rendimiento los que decidirán. Si responde y las lesiones le respetan, desempeñará un rol principal. Quizás no esté para ser titular a lo largo de toda la temporada pero 20 ó 25 buenos partidos de Zuru dan para mucho. Y más en un equipo en construcción. Ahora que los resultados aprietan, su apuesta es más valiosa que nunca. Porque si no viese futuro, no seguiría.

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