Licencia para soñar

La Real apunta hacia arriba tras haber dado con un dibujo reconocible en el último mes, recuperado a Januzaj y reubicado a Zurutuza y Oyarzabal en sus zonas naturales

Januzaj sonríe en Zubieta. Su regreso ha cambiado la cara del equipo./ARIZMENDI
Januzaj sonríe en Zubieta. Su regreso ha cambiado la cara del equipo. / ARIZMENDI
Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

La clasificación copera para octavos de final confirma la trayectoria ascendente que está dibujando la Real Sociedaddesde la visita al Wanda Metropolitano hace mes y medio. Aquel día firmó su peor partido de la temporada, reconocido por el propio Garitano, pero desde entonces ha levantado el vuelo gracias a una serie de circunstancias que han contribuido a la recuperación del equipo, tanto en juego como en resultados.

El enfrentamiento contra el Sevilla en Anoeta ya permitió atisbar una mejoría a pesar del empate sin goles, porque la Real jugó de tú a tú al segundo clasificado de la Liga y terminó jugando la segunda parte en su campo. Aquel punto no nos sacó de pobres pero supuso una inyección de moral para un grupo que no terminaba de estar satisfecho con lo que venía haciendo. En Levante, después de una primera hora discreta, la remontada en apenas veinte minutos confirmó que esta Real también sabe jugar al fútbol y hacer goles, algo a lo que ha contribuido también la reaparición de Januzaj en el último mes de competición.

Los resultados desde noviembre son más que notables, con tres victorias y dos empates en seis partidos, ocho goles a favor y solo cuatro en contra. Como le gusta a Garitano, los resultados están viniendo desde la solidez defensiva pero sin renunciar a un fútbol más elaborado que en las primeras jornadas.

A la buena marcha del equipo se sumó ayer las renovaciones de dos de las perlas de la factoria de Zubieta.

Adaptación técnico-equipo

Una de las claves del cambio de rumbo experimentado por el equipo ha residido en la flexibilidad mostrada por el entrenador y la plantilla para adaptarse mutuamente al otro sin renunciar a sus principios.

La Real de ahora ofrece un trato al balón bastante más aseado, no juega tanto en largo y busca elaborar más la jugada, sin que ello le reste verticalidad. A Garitano le gusta un ataque directo para sorprender al contrario y evitar su repliegue. Que el rival domine la posesión es irrelevante, lo importante es lo que hagan los suyos con la pelota. Y aquí se ha dado un paso adelante bastante importante. Los tres goles al Levante fueron en jugada, lo mismo que el de Balaídos en la Copa, los dos al Celta en Liga o el de Januzaj el miércoles en Anoeta. Normalmente partieron de recuperaciones en el centro del campo y rápidas transiciones ofensivas que impidieron organizarse al rival.

Los jugadores también han dado un paso adelante en esa necesidad de adaptarse a las ideas del técnico. Están más a gusto porque les dejan ser más creativos con el balón y tratarlo de mejor manera, pero siempre con unas líneas rojas que son irrenunciables. A Illarramendi no le veremos rompiendo líneas en conducción o atrayendo rivales para zafarse de ellos en zonas intermedias. Ni a los centrales abrirse a banda para tener más amplitud en la iniciación del juego. Tampoco los laterales se estirarán en ataque con el balón por detrás, solo cuando este les haya superado. Son matices innegociables que persiguen una tolerancia cero con las pérdidas en la creación y que se traduce en una mejora importante en las transiciones defensivas, que fue lo que el año pasado lastró a la Real.

Un sistema de partida

La Real va a ser un equipo con planes diferentes en cada partido. Contra el Celta en Liga buscó una presión adelantada que forzase el error rival en la salida del balón. En el Villamarín prefirió esperar en el centro del campo agrupando sus piezas para neutralizar el juego interior combinativo bético para desde ahí atacar a la espalda de los laterales con Sandro. El miércoles, una vez en ventaja, optó por un repliegue en campo propio con las líneas juntas para defender su ventaja.

Esta variedad táctica no ha impedido que Garitano haya encontrado un sistema con el que el equipo empieza a identificarse: el 1-4-3-3. Este dibujo reconocible está detrás del crecimiento colectivo.

La primera vez que lo vimos fue ante el Levante. La Real perdía y el técnico dio entrada a Zurutuza y Juanmi para buscar la remontada. En ese momento ordenó a los suyos con Illarramendi de cuatro, Zurutuza de volante, Oyarzabal de enganche por dentro, Januzaj a la derecha abriendo el campo, Juanmi por el pasillo central para buscar la espalda a la defensa rival y Willian José algo caído a la izquierda, para fijar al flanco contrario del lado donde se quería atacar. De repente, se hizo la luz.

Tres partidos ha jugado así y tres victorias. La mencionada remontada en campo del Levante y las dos contra el Celta en Anoeta. En el Villamarín cambió algo sus planes aunque el dibujo fue parecido. Si no se trajo un resultado positivo no fue por falta de merecimientos, sino por la falta de puntería en el remate. La Real ya tiene una base desde la que crecer.

El regreso de Januzaj

La reaparición del belga el 1 de noviembre en Balaídos también ha cambiado el panorama en campo contrario. Sabíamos de su capacidad de desborde porque el año pasado ya dejó detalles de su talento pero su irrupción en este curso no ha podido ser mejor. No sé cómo Aperribay pudo traérselo del Manchester United por 7 millones de euros. Hoy su valor en el mercado ya se ha doblado. Y apenas ha arrancado. En seis partidos ha dado sendas asistencias a Juanmi y Zurutuza y marcado el golazo que vimos el miércoles. Pero lo que le hace diferente es que su potencial en el uno contra uno le permite juntar rivales y liberar de su vigilancia a los compañeros. Desde ahí han encontrado espacios Juanmi, Oyarzabal, Zurutuza...

Su sola presencia ha cambiado la cara al equipo. Porque en el arranque de Liga el resto de los que hoy empiezan a integrar el once titular estaban disponibles: Zaldua, Héctor, Theo, Zubeldia, Illarramendi, Zurutuza, Oyarzabal, Juanmi y Willian José. La reubicación de Zurutuza en su hábitat natural y haber colocado a Oyarzabal por dentro también han sido importantes para entender esta progresión.

Así llegamos al momento actual, con una Real Sociedad que a pesar de ser décima da señales inequívocas de poder alcanzar posiciones europeas en Navidad y que mira a enero con la ilusión de saberse viva en la Copa.

 

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