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Isak: «Estoy muy, muy contento»

Isak San Sebastián
Isak, a su llegada a Gipuzkoa. / De la Hera

Isak se muestra ilusionado en sus primeras palabras al aterrizar ayer en Hondarribia antes de firmar su nuevo contrato

Álvaro Vicente
ÁLVARO VICENTEHondarribia

Si Alexander Isak se muestra en el terreno de juego igual de esquivo que ayer cuando aterrizó en el aeropuerto de Hondarribia, la Real Sociedad habrá hecho un sensacional fichaje. El sueco -perdonen el chiste- se hizo el sueco. Apenas asintió cuando le preguntamos si estaba feliz de recalar en la Real. «Yes, very happy». Fue todo lo que dijo. Eso y que hoy habrá más noticias sobre él: «Tomorrow, tomorrow (mañana, mañana)», dando a entender que no era el momento de hablar ayer antes de firmar y que hoy se extenderá en sus impresiones cuando se haga oficial su fichaje.

El nuevo jugador de la Real Sociedad llegó a Hondarribia a las 19.55 horas en el vuelo de Iberia 8326 procedente de Madrid, donde había jugado la víspera con su selección en el Bernabéu. Alguien a media tarde filtró en un grupo de WhatsApp una fotografía borrosa suya en Barajas, a punto de embarcar, y su llegada a San Sebastián dejó de ser secreta.

Todo sobre su fichaje

Alexander llegó acompañado de su padre, elegantemente vestido con traje y corbata; su hermano y el representante español. Los cuatro pasaron desapercibidos a su llegada. Entre ejecutivos y algún que otros estudiante, el cuarteto podía pasar por un grupo de turistas cualquiera si no fuera porque el fotógrafo de este periódico disparaba su cámara desde el momento en el que pusieron pie en tierra.

Había que fijarse mucho para reparar en que una de las bolsas que cargaba sobre sus hombros el hermano del jugador tenía el distintivo de la selección de Suecia y que quizás podía ser el nuevo realista. Nada invitaba a pensar que ese joven espigado era el fichaje de la Real Sociedad y no del Gipuzkoa Basket. Los 192 centímetros que calza podían llevar a confusión. Porque Isak tiene más pinta de alero que de delantero internacional que se tiene que pegar con los centrales y que a partir de la próxima temporada se estrenará en LaLiga. El apodo de 'Ibrahimović negro', con el que le han bautizado en su país, se entiende que será más por sus características técnicas que por las físicas porque ni de lejos tiene la corpulencia del original. Tiene 19 años y se nota.

Los cuatro bajaron la escalinata del avión turbohélice con sus maletas de mano y pasaron de largo por la sala de recogida de equipajes. Unos metros por delante, el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso, regresaba de Madrid de una entrevista en TVE y hoy participará en la convención europea de su partido en el Kursaal.

Nadie de la Real esperaba en el aeropuerto a la delegación sueca aunque por lo que pudimos escuchar en la conversación telefónica que estaba manteniendo el agente, sí estaban puntualmente informados de los pasos que iban dando. Al parecer, el taxi les iba a trasladar al estadio de Anoeta, donde el presidente de la Real, Jokin Aperribay, les estaría esperando para estampar la firma en su nuevo contrato.

Isak, con zapatillas y chándal negro de arriba abajo solo roto por tres franjas blancas verticales en el pantalón, cogió las de Villadiego en cuanto asomó en el hall principal del aeropuerto. Parecía que conocía la terminal de alguna otra visita porque se fue directo a la puerta de salida en la que le esperaba el taxi. El jugador confirmó que tiene velocidad y que sabe explotar los espacios. A su espalda, teléfono en mano, el agente, el hermano y su padre. Éste sí, con el rostro de satisfacción de quien ve a su hijo cumpliendo un sueño, no tuvo reparo en confesar qué pasa por la cabeza del protagonista. «Está muy contento», se atrevió a decir tratando de dar normalidad a esta escena a la carrera.

Alexander fue el primero en subirse al taxi-furgoneta. Se sentó en el asiento trasero del conductor y por más que el fotógrafo le pedía que levantara el pulgar hacia arriba, no hubo manera. Se enfrascó en su móvil esperando que su hermano y su padre terminaran de cargar las maletas mientras repetía las pocas palabras que salieron de su boca: «Tomorrow, tomorrow».

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