Intensidad a cambio de juego

La Real Sociedad se apunta a ese fútbol moderno que apuesta por el orden posicional y la actitud para ser competitivo sin necesidad de resolver los problemas que genera la tenencia del balón, ya que se renuncia a él

Illarramendi volvió a ser sustituido al tener amarilla. /Arizmendi
Illarramendi volvió a ser sustituido al tener amarilla. / Arizmendi
Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Día de sensaciones encontradas el del sábado. Un cuarto de siglo después por fin pudimos presumir de tener en un campo de fútbol y de ser de verdad el jugador número doce del equipo. La nueva grada Aitor Zabaleta va a ser la envidia del campeonato y no lo digo por decir. Esta profesión te concede el privilegio de visitar cada quince días los campos de la Liga e igual que antes pensaba que Anoeta era el más frío, ahora no recuerdo un fondo que empujase tanto como este.

Podríamos hablar de los Biris en el Pizjuán o del ambiente que da Iraultza a su fondo de Mendizorrotza, pero en ninguno de los dos se concentra tanta gente como en la nueva grada sur de Anoeta. Quizás por número la referencia más aproximada sea la del Bernabéu, donde el Real Madrid estableció una grada de animación en la zona antaño ocupada por los Ultras Sur y que acoge a varios miles de personas, pero da la sensación de ser algo artificial. Recuerden que Michael Robinson la calificó como «un postizo infame».

El caso es que salir de Anoeta decepcionado después de vivir semejante espectáculo en la grada es imposible. Sobre todo después de la apoteosis vivida tras el gol de Aritz, que hizo soñar durante una hora con la posibilidad de volver a tumbar al gigante azulgrana y prolongar su maldición en San Sebastián. Pero no fue posible y con el paso de las horas lo que queda es que volaron tres nuevos puntos.

¿El camino correcto?

Si analizamos de forma particular el partido contra el Barcelona, pocas pegas se le pueden poner. La Real Sociedad optó por plantear un fútbol de contención basado en reducir la zona de juego real a 25 metros, teniendo las líneas muy juntas y partiendo de una posición defensiva que en el arranque del choque trató de mantener a 30 metros de su portería, sin meterse muy atrás.

Su fórmula pasaba por dos conceptos: orden posicional e intensidad. Además, implementó esa idea con cuatro mediocentros, un mediapunta y un delantero, no necesariamente jugando en sus posiciones naturales. Zubeldia e Illarramendi sí que lo hicieron, aunque intercambiaron hasta en tres ocasiones sus puestos para adecuarse a los cambios tácticos que hizo el Barcelona. De los otros dos mediocentros, Zurutuza jugó a la izquierda y Pardo de segundo delantero. El mediapunta, Oyarzabal, se manejó caído a la derecha como está haciendo este curso y Juanmi jugó en su hábitat natural: arriba.

Como si del Atlético de Madrid se tratase, Garitano quería fortalecer el centro del campo para desde esa zona ganar el partido. Zurutuza echó una mano importante en zonas interiores creando una jaula casi inexpugnable que Pardo y Juanmi blindaron por delante impidiendo que entrasen balones por dentro y Zubeldia e Illarra secundaron por detrás. El gol de Aritz reforzó el plan porque el Barcelona tenía que exponerse para voltear el resultado.

Pero a Garitano le destrozó su plan la debilidad de este equipo en el juego aéreo. Igual que pasó en Leganés y en Eibar. En Butarque fue Santos el que ganó un pelotazo a la olla a Aritz –que lleva dos partidos notables, por cierto– y El Zhar robó la cartera a Héctor Moreno tras la peinada. En Ipurua fue Charles el que superó al mexicano en un centro que favorecía más al defendor que al atacante. Y el sábado la Real naufragó en dos córners en tres minutos, aunque ya en la primera parte sufrió de lo lindo en dos acciones a balón parado. Creo que Garitano planteó un buen partido pero me queda la duda de si podemos jugar como el Atlético sin tener su dominio aéreo. De ahí que aún no sepa si el camino que ha escogido esta Real es el correcto y el que mejor se adapta a sus características. El tiempo lo aclarará, aunque yo soy bastante escéptico al respecto.

Acercarse a los grandes

Garitano afirmó tras el partido que en los detalles es donde está la diferencia entre los buenos y los mejores y que para acercarse a los grandes hay que ser más solventes en esas situaciones. Se refería a decidir las ocasiones creadas y a defender mejor el balón parado. Coincido plenamente con él, pero entiendo que para acercarse a los grandes lo primero que hay que hacer es ganar a los pequeños. Y veníamos de sumar un punto ante Leganés y Eibar con una posesión del 33 y el 43%, respectivamente.

Cuando la Real Sociedad regresó a Europa hace dos años con Eusebio no fue por sus resultados ante los grandes, sino porque encontró una fórmula basada en el balón y en la calidad de los jugadores que funcionó ante los rivales de mitad de tabla hacia abajo. Contra los cinco primeros sumó cinco puntos de 30, la victoria (2-0) ante el Atlético en Anoeta, aquel empate frente al Barcelona (1-1) cuando le anularon un gol legal a Juanmi y un punto rescatado en la visita al Pizjuán. Bastó para ser sextos.

Ese estilo era claramente mejorable, pero Eusebio no supo evolucionarlo y ahí terminaron sus días. Sin embargo, incluso en sus peores momentos, aquellos en los que tras la eliminación en Salzburgo sentía que su puesto corría peligro, su idea era una red de seguridad que permitió a los suyos dar la cara. Recuerdo que mereció ganar en Mestalla de no mediar aquel error de Toño ante un rival que hoy está en la Champions y que superó al Betis europeo en su casa en fútbol, aunque la ausencia de delanteros aquel día le impidió pasar del 0-0. Este sábado, tras el empate de los de Setién en Valencia se destacaba que lo había hecho con un 60% de posesión, pero aquella Real que caía en picado firmó en febrero un 64% en Mestalla. La posesión no tiene un valor absoluto en sí mismo pero sí refleja una intención de juego.

Esta Real de Garitano supera a la de la temporada pasada en orden e intensidad. Es verdad que ya no sufre en las transiciones defensivas, uno de los males de la pasada temporada. Apenas recuerdo un contragolpe que le hayan hecho en cuatro jornadas –quizás el gol de Gerard Moreno en Villarreal– pero ha sido a costa de tener siempre ocho jugadores por detrás del balón y renunciar a él.

En el fútbol moderno el orden es una obsesión y los jugadores deben estar clavados a su posición y tener actitud, es decir, manejarse con intensidad. El balón es un estorbo y para evitar los problemas derivados de su manejo, se renuncia a él. Eso sí, cuando pierdes sin ese respaldo que te da el juego, la sensación es el vacío más absoluto. No te queda refugio.

Y dejo una reflexión para el final. Un equipo con clara vocación defensiva ha visto en tres jornadas cómo le remontaban dos marcadores favorables (Eibar y Barcelona) y le igualaban una ventaja de dos goles (Leganés). Lo curioso es que el único rato en el que la Real ha jugado a llevar la iniciativa –el cuarto de hora final ante el Barça– me gustó cómo lo hizo y tuvo ocasiones para empatar. Creo que hay materia prima para ser protagonistas y dejar de jugar siempre en función del rival. Si no, cambiar a Illarramendi antes de tiempo porque tiene amarilla va a ser la tónica del campeonato.

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