Real Sociedad

Iñaki Alkiza: «No puedo echar de menos Atotxa, hay que mirar adelante sin nostalgia»

Iñaki Alkiza, ayer en el lugar donde se levantaba el campo de Atotxa./MICHELENA
Iñaki Alkiza, ayer en el lugar donde se levantaba el campo de Atotxa. / MICHELENA

Se cumplen hoy 25 años del cierre de Atotxa, un campo sin secretos para el presidente que lideró el salto a Anoeta; lo sabe todo de la Real Sociedad

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

«No puedo echar de menos Atotxa, hace mucho tiempo de aquello». A sus 84 años, Iñaki Alkiza no mira al pasado, sino a lo que la Real Sociedad puede hacer en el futuro, en el nuevo Anoeta que le ilusiona. Hombre de acción, fue futbolista antes que presidente. La Real no tiene secretos para él. Gran conversador, su vida es blanquiazul.

- Se cumplen 25 años del último partido en Atotxa, un campo que no tenía secretos para usted.

- Mi vida en la Real se divide en dos etapas, como jugador (de 1955 a 1961) y como presidente (1983-1992, ya era directivo desde 1979). Asistí al cierre de Atotxa desde la tribuna, acababa de dejar de ser presidente. El cambio era necesario, porque con el paso del tiempo las instalaciones se habían convertido en algo muy insuficiente. Estaba muy mal, no se podía seguir ahí.

- ¿Qué significa Atotxa para Iñaki Alkiza?

- De crío, mi padre me llevaba a Atotxa pero no íbamos al campo, sino a la clínica San Antonio, que tenía una terraza, y veíamos el partido desde allí. Después ya pasé adentro, con 4 o 5 años. Yo he ido a Atotxa toda la vida. Y he visto a todos. Vi jugar a Chillida (1942-43). Y a Sebitas (1940-45).

- Y ese chaval se hizo futbolista y le llamó la Real Sociedad.

- Jugaba en el Hernani. El Sanse no existía. Jugamos dos finales y en la última, ante el Eibar Urko, metí dos goles. Perdíamos 3-0 y ganamos 4-3, o algo así. Al día siguiente me llamaron los de la Real, que ya andaban detrás de mí hacía un tiempo, pero no lo sabía.

- Jugó seis años en la Real Sociedad...

- Cinco, ya que uno estuve cedido en el Eibar, de donde guardo recuerdos extraordinarios. Era un equipo de casa, jugaba en Segunda y estuve muy a gusto. En la Real Sociedad siempre jugué en Primera. A trancas y barrancas, pero resistimos sin bajar. No dejé de trabajar ni un día. A las 8.30 iba al negocio familiar en Herrera y a las 9.45 me escapaba en moto para venir aquí a entrenar. Comía en casa de mis tíos y por la tarde volvía a trabajar.

- ¿Cómo era Atotxa entonces?

- El campo tenía berzas.

- ¿Cómo dice?

- Berzas con hojas así de grandes (abre los brazos). No había los medios que hay ahora para cuidar el césped, para cortarlo y conservarlo, y allí brotaba de todo. A principio de temporada el campo estaba bien, pero enseguida se echaba a perder. Cualquier campo de regional estaba mejor que Atotxa.

- Pero no negará que era un campo especial...

- Totalmente. Era otro mundo. Allí se sentía el aliento de los aficionados. Para lo bueno y para lo malo. Había uno, que nunca llegué a saber quién era, que me debía de tener manía y en cuanto salía al campo me decía 'qué malo eres'. Todos los días. Al final, me reía. No supe quién era, pero siempre era el mismo.

- Se retira del fútbol y...

- Me retiran. El entrenador me dijo que no le gustaba y como a mí a cinco o seis, y ya está. Después ya entré de directivo con José Luis Orbegozo. Pasé a presidente en 1983, pero pude haberlo hecho un año antes cuando Orbegozo lo iba a dejar. Lo que pasó es que le entró la morriña y se quedó. El año siguiente, después del partido de Hamburgo, ya me dicen que me presente. Y así fue. Entré de presidente y estuve nueve años y medio, más los cinco y medio-seis de jugador y otros cuatro de directivo, veinte años en la Real.

- Su presidencia estuvo marcada por grandes decisiones, como la apertura a los fichajes extranjeros, el cambio de campo...

- La primera decisión fue cambiar al entrenador. Nos fuimos a Inglaterra a fichar Billy McNeill, que dirigía al Manchester City y al que conocíamos porque entrenaba al Celtic cuando jugó contra nosotros en Atotxa, y nos gustó. Nos dijo que se venía, pero que estaban para subir a Primera y si ascendían se tenía que quedar. Ganaron y nos llamó para decir que no podía venir, pero nos recomendó a un joven que entrenaba en Portugal. Que era bueno, que le podíamos llamar. Era Toshack. Vino a Biarritz y las dos partes quedamos conformes. No sé si acertamos o no, pero hoy es el día que ahí sigue. Ha fichado por un equipo de Irán.

- ¿Y lo de fichar extranjeros?

- Nadie se atrevía. Entre los consejeros jóvenes, como Luis Uranga, y yo decidimos dar el paso adelante. Nos salió bien, pero nadie sabía lo que podía pasar.

- Y decidieron cambiar Atotxa por un campo nuevo.

- Aquel campo era muy especial, todos los rivales venían presa del pánico, no solo el Madrid y el Barcelona. De todas formas, venían con mucho miedo y todo lo que se quiera, pero yo nunca gané al Madrid.

- Pero ellos mismos reconocían que no les gustaba jugar aquí...

- Di Stéfano solía preguntar a ver si jugaba Ansola. Le tenía pánico.

- Di Stéfano...

- Di Stéfano era un virtuoso, pero era mucho más. Sacudía como el que más, una barbaridad. ¡Y cómo tiraba del equipo! Hacía correr a todos los que tenía a su lado. Era demasiado completo (risas).

- Había que cambiar de campo...

- Sí, sí. Hacía mucho que se había quedado viejo y su situación al final era insostenible. Yo he visto en Atotxa gente que no podía entrar en la grada y se colocaba delante de la valla. Pocas veces, pero pasaba.

- ¿Cómo surge Anoeta?

- Tras mucho tiempo tratando de encontrar otra ubicación. El padre del actual presidente, Joaquín Aperribay, y yo recorrimos todos los barrios de Donostia y alrededores, sin éxito. Al final, entre que no dimos con un solar y el interés que había por remodelar Anoeta, fuimos a Anoeta.

- ¿Se manejó la posibilidad de hacer el campo en Zubieta?

- La gente no quería, no quería salir de San Sebastián. Orbegozo ya tenía los terrenos y había gente que pensaba que Zubieta era bueno porque quedaba muy cerca de muchas partes de Gipuzkoa, pero aquello tampoco llegó a estar definido. Hubo un alcalde que incluso prohibió talar árboles en Zubieta. Claro que esos árboles, por lo que fuera, se murieron. Algún directivo de entonces quizá sepa algo...

- ¿Por qué la Real Sociedad asume el estadio con pistas de atletismo?

- No las queríamos, pero las impuso el Ayuntamiento. La razón es que en 1988 se había jugado la Eurocopa en Alemania y todo eran estadios. Queríamos hacer algo como Atotxa, pero era una instalación municipal y la alcaldía se impuso. Parece que por fin se va a conseguir ahora.

- Cuando se hizo el traslado, usted ya no era el presidente.

- Así es. El alcalde Xabier Albistur y yo como presidente de la Real pusimos la primera piedra. Si sacan la caja, allí estará el ejemplar de EL DIARIO VASCO de ese día. Lo dejé cuando ya estaba hecho. Además, estaba el tema con mi hijo. Quería que jugase en la Real pero no conmigo de presidente. En cuanto lo dejé, Toshack lo traspasó al Athletic. Al galés le traje yo y él vendió a mi hijo. No le gustaría.

- ¿Echa de menos Atotxa?

- No puedo echarlo de menos, hace mucho tiempo de aquello. Recuerdo con cariño aquellos partidos a las tres de la tarde, cuando no había luz artificial. Pero sin nostalgia. Hay que mirar adelante.

 

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