Real Sociedad

Imanol Alguacil: «Cuando me llamó Aperribay mi primera respuesta fue que mantuviese a Garitano»

El técnico blanquiazul está satisfecho de estos primeros meses en el banquillo./Félix Morquecho
El técnico blanquiazul está satisfecho de estos primeros meses en el banquillo. / Félix Morquecho

Confiesa que ahora el fútbol le absorbe todo el tiempo, que ya no va al cine ni monta en bicicleta y que cuando pierde la Real Sociedad sus hijos no quieren ir a la ikastola

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

El martes cumple tres meses como entrenador de la Real Sociedad en su segunda etapa en el banquillo. El de Orio confiesa que le ha cambiado la vida, que el fútbol le absorbe todo su tiempo y que no se deja ver por el pueblo como antes. No obstante, sarna con gusto no pica y está encantado con la experiencia a pesar de que, como dice, tiene sus daños colaterales: su familia.

– Quisiera abrir esta parte más personal con una cuestión que me ha tenido intrigado. ¿Por qué no continuó en el equipo en verano pasado?

– En ese momento no estaba preparado. No me refiero a una falta de cualificación, sino a lo que implicaba para una persona como yo, guipuzcoano y realista, ser el entrenador de la Real. La repercusión que tiene. Cuando cogí el equipo el año pasado ya le dije a Aperribay que era solo para los nueve partidos. Lo tenía clarísimo.

– Pero sorprende que seis meses después sí estuviera preparado y en una situación bastante más delicada que entonces...

– Era una cuestión personal de qué quería hacer yo. Ahora es una apuesta personal y es un privilegio ser el entrenador de la Real. Que Jokin y Roberto hayan confiado en mí con la de entrenadores que se les habrán ofrecido es un enorme honor. Y espero no defraudarles.

– Ya no hay vuelta atrás al Sanse...

– No. Una vez que he dado el paso lo he hecho con todas las consecuencias. Y solo miro hacia adelante, no hacia atrás.

– En doce meses han pasado cuatro entrenadores por la Real: Eusebio, Garitano y dos veces usted. ¿Se puede trabajar tranquilo así?

– Así está el fútbol. Más de la mitad de los equipos de Primera han cambiado de entrenador y es difícil escapar de esa dinámica. Mira el Villarreal, donde ha vuelto el entrenador al que habían destituido a principio de liga. La exigencia lleva a tomar decisiones precipitadas, pero la Real es un club diferente en el que se tiene más paciencia que en otros sitios. Estoy tranquilo.

– ¿Cómo es ese momento en el que Aperribay le comunica que tiene que coger el equipo?

– Eran vacaciones de navidad y me sorprendió su llamada. Mi primera respuesta fue negativa. Le dije que mantuviese a Asier Garitano. Lo mismo que el año pasado con Eusebio. A ambos les veía capaces de sacar adelante la situación. Pero la decisión ya estaba tomada. Yo me sentía muy valorado en el Sanse.

– ¿Tardó mucho en responder?

– Un día.

– ¿Y en tomar la decisión?

– Esa noche. Le di muchas vueltas a la cabeza valorando todas las cosas. Vi que no iba a tener nunca más una oportunidad así y decidí aceptar el reto.

«Cuando dije en verano que no estaba preparado para entrenar me refería a la repercusión familiar que tiene este cargo»

– ¿Habló con Garitano?

– Hablé después. Yo estoy muy tranquilo porque con Asier la relación ha sido buena. Le ayudé en todo lo que pude desde mi situación de entrenador del Sanse. Nunca hubo un mal gesto ni una mala palabra por su parte. En verano, cuando se cerró su fichaje, también quedamos para darle mis impresiones acerca del equipo, del club y de los jugadores.

– ¿Le ha cambiado mucho la vida?

– Bastante. Lo que más he notado es que entrenando al primer equipo es imposible desconectar. La responsabilidad y la repercusión son mucho mayores. Mis amigos de Orio me dicen que desde que soy entrenador de la Real no me han visto el pelo. Y tienen razón.

– ¿Por qué no le han visto?

– Porque siempre ando dándole vueltas en la cabeza a lo mismo. Estés con los amigos o con la familia, la cabeza sigue en Zubieta. Quieres estrujar al máximo las horas del día. Por otro lado, no me siento tan cómodo en la calle porque todas las preguntas van al mismo foco y antes eso no ocurría. Y eso que en Gipuzkoa puedes hacer una vida completamente normal, pero no estás igual de cómodo que siendo entrenador del Sanse.

– ¿Qué tal lo lleva su familia?

– Bien, aunque son los que más lo sufren. Cuando perdimos 5-2 en Sevilla los hijos –tienen 17 y 15 años– me dijeron al día siguiente que no querían ir a la ikastola. Imagínate. Mi hermana me contó que el otro día mi sobrino acabó llorando porque me vio triste en la rueda de prensa después del partido. A eso me refiero cuando en verano dije que no me sentía preparado para ser entrenador: a los daños colaterales que se derivan de esta profesión.

– ¿Cómo está la balanza después de estos tres primeros meses?

– Va bien. Estoy muy tranquilo con lo que he hecho y las cosas creo que están saliendo bien.

– Sus hijos juegan al fútbol, ¿no?

– El mayor se rompió el cruzado con 11 años y se ha operado ahora porque tenía muchas ganas de volver a jugar. Durante este tiempo ha estado remando, pero el fútbol le tira mucho. El pequeño juega en el Orioko cadete. Los dos son muy futboleros. Lo viven mucho. El pequeño se me ha ido a la grada Aitor Zabaleta y dice que ya no quiere ver con la ama los partidos.

– ¿Suele ir a verle jugar?

– Sí, siempre que puedo. El pasado fin de semana fue lo que me hizo olvidarme un rato del partido del Levante. Además fue el único partido que han ganado esta temporada y lo celebraron por todo lo alto.

– ¿Sigue montando en bicicleta?

– Desde que soy entrenador de la Real no cojo la bici. Entiendo que no debo hacerlo por lo que pueda pasar. Y eso hay que hay varios entrenadores de Primera División que la cogen para desconectar. He corrido la Quebrantahuesos y otras clásicas cicloturistas. A ver si en verano salgo algo...

– ¿Entonces, cómo desconecta?

– Tampoco puedo correr por un tema de rodilla, así que hago 50 minutos diarios en Zubieta en la bici estática. Poco más.

– ¿Alguna otra afición?

– Ahora pocas. Me siento mal si voy a casa y veo una película en vez de revisar un partido de fútbol del que sacar conclusiones.

– ¿La última vez que fue al cine?

– No me acuerdo. Seguramente antes de que cogiera al primer equipo el año pasado. Pensaba que había sido para ver 'Campeones' y el otro día me dijo mi mujer que la vimos en casa –risas–. Y me gusta el cine...

– ¿Un libro que tenga en la mesilla de casa?

– Ahora... creo que ninguno. El último que leí fue el de nuestro coach Imanol Ibarrondo 'La primera vez que le pegué con la izquierda: 7Ps para brillar'.

– ¿Con qué personaje que no conoce se iría a tomar una cerveza?

– Si me hubieses hecho esta pregunta hace años la respuesta sería diferente, pero ahora mismo te diría que con un entrenador. Con Simeone o con Mendilibar, por ejemplo. Por la manera opuesta de ver el fútbol a los demás. Son dos entrenadores que han dotado de mucha personalidad y carácter a sus equipos.

– ¿Se maneja bien en la cocina?

– Me defiendo. Hago una paella muy rica. No es la de Johnny –el cocinero de la Real–, pero sí bastante resultona.

– Siendo de Orio, ¿cómo le dio por el fútbol y no por el remo?

– Somos siete hermanos, cinco chicos y dos chicas, y ninguno se ha dedicado al remo. Es raro en este pueblo. Yo, además, soy muy amigo de Jon Salsamendi y de Klaudio Etxeberria, hijo del mítico 'Gorria'. He andado en piragua pero nunca me dio por practicarlo. En mi familia somos muy futboleros. Mi hermano jugó en el Eibar en Segunda B, otro fue portero del Orioko...

– ¿Cómo ve a la trainera este año?

– Como dije el día del derbi con la Real, que me veía favorito, con Orio pasa igual. Siempre es favorito. Salsamendi y los remeros están con muchas ganas y seguro que les sale un buen año.

– ¿Un destino al que le gustaría escaparse cuando acabe la Liga?

– No sé si podré este año, pero tengo pendiente ir a Noruega. Quiero conocer los fiordos y dicen que la mejor manera es hacer un crucero. A ver si tengo suerte...

– Ojalá sea después de un buen final de temporada...

Más