Claves

Imanol da contenido al talento

Imanol da instrucciones a sus jugadores durante la sesión de ayer en Zubieta./LUSA
Imanol da instrucciones a sus jugadores durante la sesión de ayer en Zubieta. / LUSA

La Real Sociedad recupera su brillo al elaborar el juego desde atrás y tener más pausa para combinar con balón

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

La victoria en el Bernabéu ha supuesto un bálsamo para el entorno de la Real Sociedad. No solo por los tres puntos sumados, sino por la confianza y la autoestima que supone lograr un triunfo de semejante relieve en el ecuador del campeonato cuando vienes de cambiar de entrenador. Quedan veinte jornadas por delante y las diferencias son mínimas -el Betis, sexto, está a cuatro puntos-, por lo que las espadas siguen en todo lo alto y cualquier cosa es posible si se toma el camino correcto.

La llegada de Imanol al banquillo ha traído consigo una serie de novedades en el juego que concuerdan más con las posibilidades de un plantel que, da la sensación, no ha sido bien explotado hasta ahora. Ganar en el Bernabéu nunca es fácil, por mucho que el Real Madrid no atraviese su mejor momento. De hecho, solo Levante y Atlético habían puntuado allí esta temporada.

Pero el técnico oriotarra dio con la tecla y convenció a los suyos para desarrollar un plan que tuvo recompensa. Una propuesta atrevida en el juego, la confianza en sus posibilidades y un trato aseado del balón obraron el milagro. Las siguientes fueron las novedades más significativas que se vieron sobre el Santiago Bernabéu.

En el fútbol moderno la exigencia con balón en la zona de iniciación es máxima, aunque ello implique el riesgo de sufrir alguna pérdida por la presión alta del contrario. Pero como decía Lillo, no arriesgar es lo más arriesgado. Imanol tuvo claro que los suyos debían construir desde atrás si querían disponer de opciones limpias en campo contrario. Esa insistencia fue clave para encontrar tantas situaciones de ataque favorables en la segunda parte.

Con la Real Sociedad en ventaja, el Real Madrid realizó una presión adelantada para tratar de recuperar en campo contrario. El cuadro realista respondió combinando en corto, con los laterales bien abiertos e Illarramendi descolgado haciendo situaciones de superioridad por dentro. Merino y Zurutuza, sobre todo el primero, echaron una mano para favorecer el tránsito de la pelota hacia zonas más adelantadas.

Hubo una jugada clave a la media hora en la que Casemiro robó un balón a Merino y se fue solo hacia Rulli. La rápida respuesta de los centrales abortó el peligro pero el susto fue grande. La Real no cambió su plan por esa contigencia y esa insistencia en combinar desde atrás fue clave cuando el Real Madrid bajó físicamente en su presión. Y no solo cuando se quedó con diez por la expulsión de Modric, porque en igualdad numérica Oyarzabal y Januzaj ya tuvieron sendas opciones de conseguir el 0-2. No dudar del plan establecido tuvo su premio.

La presencia de Illarramendi, Zurutuza y Merino en la zona ancha por primera vez en la presente temporada fue una declaración de intenciones. Los defensas y los delanteros deciden los partidos, pero los centrocampistas son los que te hacen jugar bien. Y la Real lo hizo, aunque también hubo momentos en los que le tocó sufrir. En la zona ancha apostó por ataques más elaborados que permitieran juntar líneas y agruparse en torno al balón en lugar del fútbol más directo que promulgaba Garitano y que obligaba a los suyos a correr de área a área sin encadenar grandes secuencias de pase.

Esta propuesta permitió a Illarramendi dominar mejor su zona en la segunda parte, cuando la Real ganó en posesión, a Merino encontrar situaciones por el carril del '8' para colarse entre Kroos y Marcelo, y a Zurutuza sumarse al ataque en varias ocasiones. Que Merino provocara el penalti del 0-1 y la expulsión de Lucas Vázquez, y que Illarramendi realizara la conducción del 0-2 por el pasillo central antes de doblar el pase a Willian José no es casualidad. Los centrocampistas fueron los grandes protagonistas en el Bernabéu -Pardo marcó el tanto definitivo- y ello fue motivado por una mejor relación con el balón que realzó sus virtudes.

Parecía que sin Januzaj no era posible generar situaciones de ataque y resulta que la Real gana en el Bernabéu sin que el belga sea de los mejores. Y es que hacer llegar el balón limpio arriba sigue siendo la mejor de las opciones para generar situaciones de peligro.

Si atrás decíamos que Imanol quiso arriesgar en zona de iniciación y en el medio trató de jugar con más pausa el balón, arriba dio entrada a Oyarzabal por la izquierda, movimiento que trajo dos consecuencias positivas. Por un lado ganó en profundidad con las rupturas del eibartarra en vertical y, por otro, aportó consistencia defensiva al desactivar las subidas de Carvajal, siendo el cuarto centrocampista en la fase defensiva y manteniendo un bloque que fue ganando en solidez con el paso del partido.

Puede que la mejor ubicación del '10' txuri-urdin sea la mediapunta, jugando de enganche, pero si Zurutuza y Merino se consolidan en los pasillos interiores, no es mala salida que actúe con cierta frecuencia en la banda, porque aunque no sea un regateador puro como Januzaj, ofrece verticalidad y llegada.

Después de varias jornadas caído a la banda izquierda, el brasileño recuperó su brillo jugando de delantero centro. No es un ariete clásico, ya que tiene gestos de centrocampista -sus controles, juego de espaldas y cambios de orientación-, pero esa singularidad le convierte en un futbolista difícil de sujetar y de neutralizar por los centrales contrarios.

Cuando juega como referente más adelantado se convierte en una pesadilla para el adversario, especialmente con un marcador favorable que obliga al rival a perseguirle fuera de zona. En esas situaciones, su capacidad para aguantar el balón y girarse deja al contrario con las espaldas descubiertas. En la segunda parte varias de las mejores jugadas de ataque nacieron en sus botas.

Después de tres meses sin marcar, un penalti brillantemente transformado y la asistencia a Pardo son un buen botín en un campo como el Bernabéu. Colar ese balón que le dio Oyarzabal en el descuento hubiera sido la guinda a una actuación sobresaliente. El brasileño es uno de los futbolistas más determinantes del equipo y verle sonreír de nuevo es una buena señal. Con un 'nueve' alegre todo es más fácil.