El seguimiento

Illarra espanta los fantasmas de Mestalla

Asier Illarramendi volvió a ser el gran capitán que es, ayer en Mestalla. / ACERO
Asier Illarramendi volvió a ser el gran capitán que es, ayer en Mestalla. / ACERO

El mutrikuarra, a medio gas en esta pretemporada, juega los 90 minutos y cuaja una buena actuación | El capitán vuelve al lugar en el que se lesionó la temporada pasada y dirige con su batuta al equipo realista desde el centro del campo

Eneko Pérez
ENEKO PÉREZ

Asier Illarramendi volvió ayer al lugar del crimen. El centrocampista mutrikuarra regresó a Mestalla medio año después de caer lesionado en ese mismo escenario, y lo hizo con todos los galones posibles: como titular y portando el brazalete de capitán.

Tras una pretemporada en la que ha sembrado dudas en cuanto a su estado físico -él mismo admitió en una entrevista concedida a este periódico que tenía que aprender a jugar con molestias-, el canterano fue elegido por Imanol como el responsable de llevar el timón de la nave txuri-urdin. Y lo hizo como mejor sabe, haciéndose dueño del balón, incrustándose entre los centrales para sacar la pelota limpia desde atrás, y haciendo de ancla en el centro del campo para dotar de estabilidad al juego realista.

Fue uno de los más destacados en la construcción del juego, con continuas asociaciones con Mikel Merino y, sobre todo, con Martin Odegaard, con el que pareció entenderse bien. Tocando en horizontal o en vertical, Illarramendi se afanó siempre en dar sentido a la circulación del balón y buscó aprovechar en algunas ocasiones los desmarques al espacio de los hombres de ataque o de los laterales.

Oficio y responsabilidad

La de ayer no era una prueba más, ya que enfrente estaba uno de los conjuntos más peligrosos de la Liga al contragolpe, y eso lo notó -y lo padeció- el capitán txuri-urdin en fase defensiva. Correr hacia atrás para frenar las embestidas de miuras como Gameiro, Guedes, Kondogbia y Rodrigo fue un exigente test físico para un futbolista que ha estado renqueante en los últimos meses debido a la lesión que sufrió en el aductor de su pierna derecha en febrero, circunstancia que ha provocado que esta pretemporada haya ido con el freno de mano echado en amistosos y entrenamientos. Lo solventó tirando de oficio, aunque en la segunda parte, debido al desgaste físico -jugó los 90 minutos-, se quedó clavado en varias de las transiciones valencianistas.

Con el tanto de Gameiro que puso en ventaja a los locales en el minuto 58, al mediocentro realista le tocó asumir más responsabilidades en la elaboración del juego. Ese deber circunstancial implicó que la defensa estuviera más desguarnecida, pero era lo que el partido requería, e Imanol ya avisó en la rueda de prensa posterior al amistoso ante el Eibar que «el equipo está preparado para adaptarse a diversas situaciones de juego en función del resultado o del rival». A medida que pasaban los minutos, su posición se iba adelantando y la distancia con los centrales iba creciendo, propiciando que cada pérdida de balón fuese sinónimo de acercamiento peligroso del Valencia. La Real jugó en el alambre hasta el final del choque.

Valencia - Real Sociedad

En un partido algo más bronco de lo que cabría esperar a mediados de agosto y en la primera jornada de Liga, al mutrikuarra le tocó lidiar con el árbitro, Gil Manzano, y con los jugadores de Marcelino, siempre propensos a protestar y a poner en duda muchas de las decisiones arbitrales.

Así se le vio charlar de forma distendida con el colegiado de la contienda mientras en la sala del VOR se estudiaba si el gol local era válido o no. Su rostro ya denotaba que la suerte no iba a sonreír al bloque guipuzcoano, pero un capitán también tiene que enfrentarse a estas situaciones y ejercer algo de presión -sin llegar a los extremos de otros compañeros de profesión como Sergio Ramos, por ejemplo-.

Como en sus mejores tiempos, Illarramendi estuvo ducho también en la tarea de interceptar balones y destruir el juego rival, una de las grandes cualidades que le caracterizan. Como premio a su buena actuación, se marchó a la ducha tras el pitido final del árbitro y con la alegría del postrero tanto de Mikel Oyarzabal desde el punto de penalti en el minuto 101.