El gato y el ratón

La Real Sociedad visita Leganés en horario intempestivo en medio de la amenaza de huelga de los jugadores de LaLiga por lograr un fútbol más normal

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Quiere la Real Sociedad dar continuidad al triunfo logrado hace una semana en Villarreal en el estreno del campeonato. Lo hará en Leganés, en un partido que empezará en viernes y terminará en sábado. Cosas del fútbol moderno en el que los horarios los carga el diablo y el aficionado no tiene otro remedio que resignarse. Menos mal que no es en Anoeta, ¿verdad?

La visita a Butarque coincide con la amenaza de huelga formulada por los capitanes de Primera –entre ellos Illarramendi– tras la decisión de Tebas de llevar un partido de LaLiga a Estados Unidos desde esta misma temporada. El presidente de la asociación de los futbolistas (AFE), David Aganzo, no pudo ser más claro y sus palabras representan un atisbo de esperanza para devolver al fútbol a la senda de la lógica. «El problema es la falta de sentido común. Nos estamos acostumbrando a cosas que no son normales. Calendarios que benefician a que el fútbol se valore en Japón y Estados Unidos más que aquí, jugadores que llegan de Arabia Saudí porque pagan a los clubes para que los fichen, los horarios de los partidos... Los futbolistas no estamos en venta. Pensamos en la afición, en la salud y en muchas otras cosas. Ha llegado el momento de decir basta», se atrevió a decir.

Uno cuando escuchó semejante discurso no pudo sino ponerse en pie y aplaudir creyendo, en un alarde de ingenuidad, que el fútbol aún tiene remedio. Hasta que sale el Barcelona respaldando a Tebas porque le parece que el de Estados Unidos es un mercado a explorar y puede contribuir al crecimiento de la competición. Mi gozo en un pozo.

Ya me dirán qué pueden hacer los jugadores si para mantener sus sueldos y su tren de vida necesitan que sus clubes tengan los bolsillos llenos. Da igual cómo lo hagan. La Real Sociedad, por ejemplo, puede permitirse competir en salarios con otros clubes que antaño era imposible por los 55 millones de euros anuales que recibe de la televisión. Como para morder la mano que te da de comer. Así que en cuanto se resuelva la incomodidad que supone para algunos cruzar el Atlántico para jugar un partido, las aguas volverán a su cauce.

Cliente vs aficionado. El fútbol hace tiempo que se nos fue de las manos. En torno a él ha surgido una poderosa industria que ha arrasado con sus viejos valores y que ha logrado imponer el negocio por delante del juego. El aficionado como tal ha desaparecido para convertirse en un cliente. Ni más ni menos. A la vez que despotrica con el horario que nos han puesto para el siguiente partido, porque tenía pensado pasar el fin de semana en la zona y le han chafado el plan al colocárselo en viernes, está pendiente de acudir a la tienda oficial de su equipo a comprar las nuevas equipaciones para el chaval, que tampoco es cuestión de que se pasee con la camiseta del año pasado por la ciudad. Que ahora hemos recuperado las rayas y el color de siempre. Y que no se le pase abonarse a una de esas plataformas digitales que dan el campeonato, que la que le pueden liar en casa es de aupa. Y por supuesto, pagar religiosamente el carnet, que llevo treinta años seguidos de socio y si me borro una vez pierdo la antigüedad. Así, entre cabreo y cabreo, usted sigue consumiendo y alimentando el negocio. No se frustre y estese tranquilo, que un servidor es el primero que lo hace.

Y es verdad que no pintamos nada. El lunes me crucé con mi amigo Iñigo, que iba con sus dos chavales a la playa. Hacía sol y se les veía encantados de la vida. Los niños vestían de blanquiazul. El mayor con la camiseta de Macron y el pequeño, más ingenuo él, con el pijama a rayas de la pasada campaña que ha heredado este verano. Que la cosa tampoco está como para hacer dispendios. En una de estas va y me pregunta: «¿Sabes cuándo entrena la Real Sociedad esta semana? Es que estoy de vacaciones y quiero llevarles un día a Zubieta. Que después de lo de Villarreal están como motos...». En menudo apuro me metió. A ver cómo le digo delante de los chavales que son todos a puerta cerrada. Improvisé y logré escapar con vida: «Ahora mismo no lo sé. Déjame que lo mire y luego te mando un whatsapp».

Y es que el aficionado no pinta nada. Y eso que la Real es un club pequeño que permite una cercanía mayor y sus jugadores siempre están dispuestos a hacerse una foto y firmar autógrafos con la mejor de sus sonrisas. Pero realmente usted interesa por el dinero que puede dejarle. Lo que se dice ser un cliente.

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El sur de Madrid. Así que en horario intempestivo la Real quiere tomar uno de esos campos en los que raramente se encuentra cómoda pero en el que, de la mano de Garitano, quiere aprender a competir partiendo de la adaptación al medio. El sur de la capital no se nos da muy bien. A estas alturas ya lo sabrán. En Getafe solo hemos ganado dos veces en diez visitas: el día en el que Griezmann besó la ikurriña de la camiseta y otro entre semana a mediados de marzo que significó el primer triunfo fuera de casa del curso 14/15.

En Butarque tocó morder el polvo hace siete meses en el primer partido oficial del 2018. Entonces estaba Asier Garitano en el banquillo de enfrente y ganó la partida a Eusebio en aquella guerra de guerrillas en la que supo mover mejor sus piezas.

La Real Sociedad de entonces era un equipo de un único registro al que le habían tomado la matrícula y tenía problemas para reinventarse. Era incapaz de superar con éxito las trampas que le ponía el adversario en aquellos días en los que le faltaban brillantez e inspiración, que al final eran la mayoría. Hoy el nuevo técnico quiere justamente lo contrario. Conseguir una solidez en el juego que le haga competir sin depender del acierto en la fase ofensiva.

Garitano sabe perfectamente lo que le espera en Butarque y cómo meter mano al conjunto pepinero. Ha sido quien le ha llevado de Segunda B hasta Primera en los últimos cinco años. Aunque también los jugadores del Leganés saben cómo respira el de Bergara.

La clave será ver quién es más listo, si el gato o el ratón. La Real Sociedad aprovechó su oportunidad en Villarreal como pocas veces lo había hecho sin recurrir al juego. No estaría mal que hoy volviera a repetir...

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