¿Qué es el fútbol vasco del siglo XXI?

El derbi sigue buscando su nueva identidad y aunque el partido del viernes no inquieta a los clásicos la Real trazó su camino con la alineación

¿Qué es el fútbol vasco del siglo XXI?
Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

El partido de Bilbao no sirvió para establecer el nuevo canon. El derbi vasco del siglo XXI sigue buscando su identidad, dentro y fuera del campo. Históricamente, todo el mundo sabía de lo que hablaba cuando hablaba del fútbol vasco. Hoy no está tan claro.

Los cambios que ha experimentado el juego en los últimos años han interpelado a todos los clubes. Lo más cercano a una identidad propia que ha tenido la Real este siglo ha sido el método francés de Denoueix y Montanier. Pero antes y después ha habido de todo. El fútbol de Garitano tiene un aroma de los viejos valores, más que de nouvelle chanson. En el Athletic estuvo Bielsa y, al otro lado del universo, lo demás. Valverde fue un entrenador de éxito, pero no un ideólogo. La línea recta no ha sido el camino más corto, ni en Anoeta ni en San Mamés.

El derbi es grande si define a la gente. Los dos modelos han sobrevivido, no sin tensiones. La fe realista en la formación salió reforzada el viernes frente al concepto territorial amplio de la captación rojiblanco. Pero, en ambos casos, las filosofías funcionan y son aceptadas por su gente. Real y Athletic siguen siendo los grandes estandartes del deporte vasco como se ha entendido desde los orígenes: jugado para y por la gente de casa, esencialmente. El Baskonia es la otra vía de ser grande, más cercana al espectáculo que a la identidad.

El derbi del siglo XXI también tiene pendiente de resolver su encaje en la sociedad. En los viejos tiempos no había dudas: los futbolistas eran gente de la calle y la identificación era natural. Después llegaron años complicados, con los clubes en dinámicas económicas infernales. Las instituciones salieron en su ayuda, con prácticas que hoy serían escandalosas. La identificación con los colores exigía voluntad. Hoy, el gran dinero que riega el fútbol coloca a los clubes ante una responsabilidad social nueva y la necesidad de ganarse una legitimidad también nueva.

Real y Athletic están obligados a preguntarse si deben, en esta posición de bonanza casi obscena, asumir de forma más seria la obligación de devolver a la sociedad una parte de lo que esta les ha dado todos estos años. Su capacidad para, a través del deporte, hacer aumentar el bienestar de la sociedad de la que extraen su riqueza es la mayor que han tenido a lo largo de su centenaria historia, lo que les interpela.

El derbi del viernes no zanjó esas cuestiones. Empezando por la primera: ¿Qué es el fútbol vasco del siglo XXI? Mirar a la grada de los nuevos y flamantes estadios, estandartes máximos de su poder económico, no es la respuesta. La Real apuntó la suya con la alineación. Pese a la euforia, no firmó un clásico. Pueden estar tranquilos los libros de historia, el cabezazo de Satrus a Iribar y el día de la ikurriña. Falta mucho trabajo para fijar la narrativa del derbi del siglo XXI. Para que cuando alguien diga fútbol vasco todo el mundo vuelva a saber de qué habla. Pero el camino de la Real está trazado y es el del viernes.

 

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