Este contenido es exclusivo para suscriptores

Suscríbete por 4,95€ al mes y disfruta de todos los contenidos de El Diario Vasco

logo-correo-on2.svg
Acceso ilimitadoNuevas secciones y más contenidos exclusivosLectura más amable y sin interrupcionesNueva app solo para suscriptoresNewsletters personalizadasClub DV, ventajas comerciales, sorteos y actividades

El fútbol sonríe a la nueva Real

Optimismo. Imanol charla de forma distendida con sus ayudantes Mikel Labaka y Jon Ansotegi ayer por la mañana en Zubieta./LUSA
Optimismo. Imanol charla de forma distendida con sus ayudantes Mikel Labaka y Jon Ansotegi ayer por la mañana en Zubieta. / LUSA

La paciencia que tuvo para crear con balón fue clave en Vallecas y está detrás de la mejoría vivida con Imanol

Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ San Sebastián

El empate en Vallecas no terminó de llenarnos porque al final quedó la sensación de que si el partido llega a durar un poco más la victoria hubiera caído del lado txuri-urdin. Pero tampoco puede obviarse la reacción del equipo para equilibrar dos goles de desventaja ante un Rayo que venía de ganar tres partidos seguidos, jugaba en casa y llegaba más fresco.

Este tipo de empates siempre se tienden a menospreciar apelando a la menor entidad del rival. Sin embargo habría que recordar las dificultades que siempre se ha encontrado allí la Real Sociedad. Por poner un ejemplo, en los ejercicios 79/80 y 02/03, en los que fue subcampeona y a punto estuvo de ganar la Liga, solo rascó sendos empates. Y eso que el Rayo acabó descendiendo. Por eso en los dos títulos ligueros realistas ya no estaba en Primera.

La idea está clara. La Real que cerró el año con cuatro derrotas seguidas ante Betis, Valladolid, Getafe y Alavés y solo un gol anotado -de córner- en esos partidos ha abierto 2019 ganando en el Bernabéu y al Espanyol en Anoeta y puntuando en Vallecas después de ser superior al rival. En ataque ha marcado siete goles, a 2,33 por partido, cuando el promedio de las 17 primeras jornadas fue de 1,05. La progresión es más que evidente, aunque aún se necesita tiempo para que la mejora sea completa.

Illarramendi ha dado un paso adelante conforme ha vuelto a desempeñar labores organizativas

En la fase ofensiva la gran novedad ha sido el mayor protagonismo de los blanquiazules con balón para iniciar la jugada desde atrás. Esto se puso de relieve en las segundas partes del Bernabéu y Vallecas, donde Illarramendi volvió a llevar el timón a la hora de construir. Y eso que el domingo faltaban en la zona ancha dos hombres importantes como Zurutuza y Merino, pero no fue impedimento para que la Real se impusiera en el juego posicional. Y la consecuencia de ello está siendo que el balón llega más aseado arriba y los delanteros tienen más tiempo para pensar y más espacio para atacar.

La maniobra de Imanol fue perfecta. Con 2-0 colocó a Januzaj y Theo de extremos, a Willian José le pidió que fijase a los centrales y a Zubeldia y Sangalli que estirasen a Imbula y Comesaña hacia los costados. El resultado fue la creación de un espacio en el pasillo central por el que Illarramendi lideró los ataques y Oyarzabal se pudo colar más arriba para aportar calidad en el pase en el último tercio del campo.

Ahí se fraguó la reacción. Cuando lo normal en esas situaciones es colgar balones al área, la Real Sociedad apeló a la paciencia y la elaboración para combatir un marcado repliegue local que desde el 2-0 se comportó en 1-5-4-1. Y esto es algo a reseñar, porque por esta vía puede crecer mucho el equipo en la segunda vuelta.

En 2019 la Real promedia 2,33 goles en Liga cuando en las primeras 17 jornadas llevaba 1,05

Willian José es otro. El brasileño es el hombre que debe marcar las diferencias en el área, por mucho que sepamos que es un delantero centro atípico que se mueve bien en otras situaciones del juego. El guion de Vallecas no le favorecía en exceso. Primero, porque le tocó enfrentarse a tres centrales. Y segundo, porque a esa inferioridad numérica se le añadió el repliegue rayista cuando se puso en ventaja que redujo los espacios a la mínima expresión.

Pero no se inmutó. Hizo bien en no caer a posiciones intermedias para no arrastrar rivales a la zona que quería limpiar Imanol y esperó a que llegara su oportunidad. Lo hizo en el minuto 81, con ese balón que le rebaña Dimitrievski en el mano a mano a Januzaj. Ahí tiró de sangre fría para dejar que Velázquez y Ba se vencieran al suelo y colocar el esférico en el sitio preciso antes de que el meta reaccionara desde el suelo.

En estos tres partidos de Liga de 2019 ha marcado cuatro goles, los penaltis ante el Madrid y el Espanyol, el de la victoria ante el cuadro perico y el del empate del domingo, cuando en las primeras 17 jornadas solo había hecho tres: en Villarreal, en Ipurua de penalti y otro contra el Rayo en Anoeta que también sirvió para salvar un punto.

Más allá de su capacidad anotadora, su influencia en el juego ha aumentado cuando le han acercado a la meta rival. En el Bernabéu dio la asistencia a Pardo en el 0-2 y en el 1-0 ante el Espanyol de Merino fue suyo el cabezazo previo que se estrella en el poste y aprovecha el navarro. Si la Real Sociedad quiere llegar lejos es imprescindible que sonría.

Hay que ocupar mejor los espacios. En el plano negativo figuran los dos goles por encuentro encajados la semana pasada ante Espanyol, Betis y Rayo. Y en alguno de ellos se repite el mismo patrón que nace de una mala ocupación de las zonas a defender. El 1-0 de Comesaña guarda cierta similitud por el comportamiento defensivo de la Real con el 0-1 del jueves de Canales.

En Vallecas el contragolpe del Rayo es frenado inicialmente por una permuta entre Llorente y Aritz que mantiene la línea defensiva organizada. El Rayo solo tiene dos jugadores en el área pero Illarramendi y Zubeldia acuden a hacer la ayuda. El resultado es una descompensación en la zona de rechace. Contra el Betis fueron tres a tapar a Loren y nadie a Canales. Esta debilidad atrás no es consecuencia de un desorden sino de desajustes a la hora de interpretar las situaciones. Y hay que corregirlos.

Más Real Sociedad

 

Fotos