¿Fracaso o decepción?

La Real ha acabado cinco veces entre los nueve primeros en los siete últimos años pero esta temporada deja un regusto amargo a pesar del buen final

Januzaj, una de las decepciones del curso, trata de escaparse de Pedrosa en Cornellá./ALCONADA
Januzaj, una de las decepciones del curso, trata de escaparse de Pedrosa en Cornellá. / ALCONADA
Miguel González
MIGUEL GONZÁLEZ

Con el final de Liga llega el momento de hacer balance y extraer conclusiones que sirvan para construir un futuro mejor. La temporada ha estado lejos de lo esperado pero no creo que haya sido tan desastrosa. Que un club con el noveno presupuesto quede noveno entra en lo previsible, por mucho que a todos nos hubiera gustado entrar en Europa. Si el suelo de una Real que ha errado en la elección del entrenador, se ha equivocado en dos de las tres incorporaciones y ha sufrido una auténtica plaga de lesiones es la novena plaza, bendito suelo.

Es evidente que los objetivos no se han logrado. Pero hay que contextualizar la trayectoria que viene manteniendo el club en los últimos tiempos para no confundir un año difícil con uno de fracaso absoluto. Conocerse y comprenderse a uno mismo es el primer paso para no vivir instalado en una frustración permanente.

Un equipo asentado. Desde que la Real fuera cuarta en Riazor en 2013 ha entrado cinco veces entre los nueve primeros en siete años, tres de ellas con premio europeo. La referida que terminó en la Champions y las de 2014 y 2017 en Europa League. En 2015 y 2018 quedó duodécima. El puesto medio en estos siete últimos ejercicios es el octavo, que sabe a poco si se enfoca desde el frenesí del fútbol actual de sugestiones fugaces pero que aguanta la comparación con la historia del club.

En las siete primeras campañas de este siglo, las que van desde la 00/01 hasta la 06/07, la del descenso, la clasificación media fue la decimotercera. Y eso que en 2003 quedó subcampeona. Pero en ninguno de los seis ejercicios restantes superó esa decimotercera posición.

Lo mismo sucede con los siete primeros años de Anoeta, desde 1993 hasta 2000, cuando el puesto medio fue el noveno. Y eso que con Krauss se rozó la Champions en 1998. Fue una época que comenzó con tres extranjeros de renombre, Océano, Carlos Xavier y Kodro, que luego conoció a los Karpin, Gica y Kovacevic, y que contó con una importante base de casa con los Alberto, Fuentes, Loren, Pikabea, Aranzabal, Imaz, Idiakez, De Pedro y Rekarte. Y nadie tenía la sensación de vivir en un permanente fracaso.

Pero es que si nos vamos a las siete últimas temporadas de Atocha, de 1986 a 1993, la posición media es la octava, como ahora, y eso que la Real ganó la Copa en 1987 y fue subcampeona en 1988. Pero se compartían mejor los éxitos con años más duros en los que se podía acabar el undécimo (1989) o el decimotercero (1991 y 1993).

En las 72 campañas que ha militado en Primera -se han disputado 88 ediciones-, la clasificación media de la Real es la décima, con la correción obligada en función de los participantes de cada año. Es decir, en los siete últimos años este promedio se ha mejorado en dos posiciones. Y eso después de que clubes como el Barcelona (Bravo), Real Madrid (Illarramendi y Odriozola), Atlético (Griezmann) o PSG (Yuri) se hayan llevado a algunos de los mejores productos de la cantera. Así que si este año ha sido un completo fracaso entiendo que la historia de la Real también lo sería, algo que nadie piensa, ¿no?

Oportunidad perdida. Ahora bien, que se ha desaprovechado una gran ocasión para haber ido a Europa es evidente. Porque al Valencia le costó mucho arrancar. El Villarreal ha estado a punto de bajar. El Sevilla no ha sido el de otros años. Al Betis se le ha hecho larguísimo el año y el Athletic tuvo que cesar a Berizzo cuando lo arrastraba a Segunda. En un curso en el que tenía la ventaja de no competir cada tres días, la Real no ha sabido rentabilizarlo.

Para empezar erró de forma grave en la elección de Asier Garitano como entrenador. Algo que cabe situar en el debe del club. Luego falló en dos de sus tres incorporaciones. Aunque se tratasen de dos cesiones, la apuesta económica por traer a Theo del Real Madrid y a Sandro del Everton fue importante y el resultado ha sido un completo fiasco. Hasta el punto de que Aihen y Barrenetxea les han sacado los colores en la recta final de Liga.

Si uno repara en las buenas noticias del año, casi todas son de casa. Empezando por Zubeldia y Oyarzabal, que han tenido que tirar del carro con 21 años. Aihen y Barrenetxea han cambiado la cara del equipo en los dos últimos meses. Aritz se ha consolidado como central, Zaldua ha tenido un buen regreso a casa, Pardo ha firmado un notable final de curso y Sangalli ha dejado detalles notables en su estreno en la categoría. Las apariciones de Le Normand, Guevara y Álex Sola también gustaron.

De los futbolistas no forjados en Zubieta, hay poco que rescatar. La clase de un Merino que ha ido de menos a más, la gran segunda vuelta de Gero Rulli y tres buenos meses de Llorente que le han servido para ir a la selección. Escaso bagaje en un club en el que la aportación de los foráneos es decisiva para dar ese salto de calidad necesaria para competir por Europa.

Imanol sale reforzado. El técnico ha demostrado por segundo año seguido que se merece afrontar una temporada desde el principio. Tomó en diciembre un equipo que coqueteaba con el descenso y contra viento y marea ha mantenido vivo el sueño europeo hasta la última jornada. Si llega a meter Willian José esa oportunidad con 0-0 en la segunda parte quién sabe qué hubiese pasado...

Sus números son extraordinarios. Hay un dato revelador. En las 30 jornadas en las que ha dirigido a la Real en Primera -contando con las nueve del año pasado- solo hay cinco equipos que han sumado más: Barcelona, Atlético, Real Madrid, Valencia y Getafe. Trece victorias, ocho empates y nueve derrotas le dan un total de 47 puntos, lo que extendido a una temporada completa supondrían 59 puntos, una puntuación suficiente para ir a Europa.

Además, ha reconciliado al equipo con un fútbol más coherente y ha demostrado su confianza en los chavales con su apuesta por Aihen y Barrenetxea. Es de suponer que con la opción de planificar el trabajo de todo un año y de participar en la confección de la plantilla, las cosas irán mejor el curso que viene. Que no haya debate en el banquillo no es mal punto de partida...